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Como siempre

06/07/2012 Sin Comentarios

Francisco Gallinal

Como Partido Nacional hemos valorado a fondo el proyecto de ley referido a las sociedades anónimas, y en virtud de razones de oportunidad, votamos negativamente en general. Asimismo, por razones de conveniencia, a buena parte de sus artículos le dimos nuestro voto afirmativo, en tanto habilita a las sociedades extranjeras a funcionar bajo otro régimen y por ende defiende la inversión.

Comenzaré haciendo referencia a las razones de oportunidad.

Este proyecto de ley llega a consideración del Senado de la República como consecuencia directa de la crisis que viven los países desarrollados, la misma que primero le tocó sufrir a los Estados Unidos de Norte América y que hoy golpea duramente a las naciones europeas, que tiene en vilo a la población mundial esperando ver qué camino se toma, de qué forma se encauza y de qué manera se logra el equilibrio y la estabilidad en esa región del mundo. La crisis ha provocado que muchas organizaciones internacionales –Uruguay pertenece a algunas de ellas e integra algunos de los comité de trabajo vinculados a distintas áreas, pero no pertenece a la (OCDE)– comiencen a adoptar medidas y a exigir su cumplimiento a los países que pertenecen a ellas o que económica y comercialmente se vinculan con ellas.

Concretamente, se les exige que en sus sistemas jurídicos, económicos y financieros incluyan un conjunto de medidas, que en la mayoría de los casos –por no decir en todos– se rotulan con denominaciones altruistas a las que nadie se puede negar –como transparencia fiscal, combate al narcotráfico o a los capitales que tienen origen espurio–, pero que muchas veces esconden otras razones, relacionadas, ni más ni menos, con el interés económico, comercial y financiero directo de naciones que están por encima de aquellas a las que se les intenta imponer un conjunto de normas como la que hoy estamos considerando.

A los efectos de medir mejor la dimensión de lo que las naciones desarrolladas pretenden, se podría decir –de una forma más comprensible– que están rascando en el fondo de la lata porque, precisamente como consecuencia de la crisis que las golpea, pretenden que aquellos capitales que antes se invertían directamente en esas naciones, no se fuguen ahora hacia naciones como la nuestra, que tiene una dimensión y una proporción económica tan insignificante. No nos vamos a creer el ombligo del mundo diciendo que le generamos un dolor de cabeza o una preocupación a la OCDE, a los Estados Unidos de Norte América o a los países europeos, pero eso pesa en el conjunto de las naciones, que se ven obligadas porque se las está presionando para que adopten normas de estas características.

Por todos los medios, las naciones desarrolladas están tratando de evitar esas fugas de capitales de inversión hacia nuestros países. ¿Qué tendríamos que hacer nosotros en respuesta? Creo que exactamente lo contrario a lo que hace el gobierno: respetando los sistemas jurídicos y generando certezas, deberíamos abrir la economía de manera tal que esos inversores que hoy no tienen certezas y seguridades en otros lugares, las tengan aquí. Así, por lo menos una vez en la historia de las naciones podremos aprovechar circunstancias desfavorables de los países desarrollados en favor de los nuestros.

Cuando ingresé a la Facultad de Derecho, una de las primeras cosas que todos aprendimos –casi era un mandamiento– fue que uno de los grandes inventos jurídicos, financieros y económicos de todos los tiempos eran las sociedades anónimas y las sociedades anónimas al portador. Esa era una gran solución que, por supuesto, como todas las soluciones jurídicas, se puede aplicar bien o mal. Cuando hace muchos años se adoptó la legislación que regularía el funcionamiento de dichas sociedades en el mercado, también se estableció un conjunto de normas que regulaban el contralor que se debía ejercer. Ese beneficio que se otorgaba bajo esa suerte de anonimato, no podía implicar proteger, por ejemplo, el narcotráfico o la trata de blancas, sino que tenía como propósito favorecer la buena inversión y el buen desarrollo de las economías del mundo.

Ahora nos van a decir que las sociedades desarrolladas no creen más en ese instrumento? Ahora nos van a decir que han decidido luchar en aras de la transparencia fiscal? Están, simplemente, defendiendo sus intereses. Como siempre.

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