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Trabajo infantil

22/06/2012 Sin Comentarios

Ana Lía Piñeyrúa

No se puede ser tolerante es con las peores formas de trabajo infantil. Pocas se conocen en Uruguay, pero hay una que nos rompe los ojos todos los días: los niños en los carros, los niños en la basura. En épocas de crecimiento económico, de aumento del empleo y del salario, de reducción de la pobreza y la indigencia, es inadmisible que tengamos estas cifras de trabajo infantil, menos aún que tengamos niños trabajando en la basura.

En el día de hoy he pedido para hacer una exposición porque el 12 de junio se celebró el “Día Mundial contra el Trabajo Infantil”. Esta fecha fue incluida en el calendario de los organismos internacionales en el año 2002 a propuesta de la Organización Internacional del Trabajo como forma de reforzar una campaña que esta organización del Sistema de Naciones Unidas viene llevando adelante en las últimos tiempos.

Los Convenios medulares en esta materia son el Nº 138 que establce que la edad mínima para la admisión al empleo no deberá ser inferior a la edad en que cesa la obligación escolar, o en todo caso a los 15 años y prevé excepciones para el caso de trabajos que no perjudiquen la salud, el desarrollo o la asistencia a la escuela o cursos de formación de los menores, y el Nº 182 que define las peores formas de trabajo infantil y las prohibe a los menores de 18 años; ambos convenios fueron ratificados por Uruguay por lo que forman parte de nuestra legislación nacional. Las normas sobre edad mínima de admisión al empleo fueron recogidas en el articulado del Código de la Niñez y de la Adolescencia.

La OIT en su campaña por la erradicación del trabajo infantil, fundamentalmente en sus peores formas, se refiere a diferentes factores, yo quiero rescatar uno en especial que es la educación. Se resalta la influencia que el trabajo puede tener sobre la educación de los niños y adolescentes. Un niño que trabaja si va a la escuela no rinde igual que otro que no trabaja y puede suceder lo peor, que no vaya a la escuela porque el trabajo le insume todo el tiempo disponible. Un niño en estas circunstancias tiene absolutamente comprometido su futuro y está condenado a reproducir la pobreza en la que viven sus padres, porque de hogares pobres provienen la mayoría abrumadora de los niños que trabajan en Uruguay y en el mundo.

En un informe preparado para Uruguay en 2003, la UNICEF afirmaba, “los análisis sobre las dimensiones e implicaciones del trabajo infantil y adolescente tienen que ligarse con el acceso y la permanencia en el sistema educativo (en primaria y secundaria); de lo contrario se podría colegir, de manera equivocada, que el trabajo infantil y adolescente no es un problema, en tanto en 1999 afectaba a un porcentaje muy bajo (7,2%) de las niñas, los niños y los adolescentes de todo el país”.

Durante los tiempos que corren, la culminación de la escuela primaria es un peldaño muy precario de la escala educativa necesaria para mejorar el nivel de vida de las personas. El hecho de que sólo aproximadamente un tercio de los estudiantes que ingresan a secundaria terminen el bachillerato constituye un dato muy preocupante.

Si no se revierten las tendencias que surgen de la información estadística analizada, gran parte de los niños y niñas que trabajan hoy no irán al liceo o lo abandonarán temprano; esa es la hipótesis que surge cuando los números indican que el porcentaje de adolescentes que trabajan aumenta con la edad (12 a 17 años).

La última encuesta realizada en 2010 en nuestro país arroja datos preocupantes:

1. El porcentaje de niños y adolescentes que trabaja asciende al 14.7%, incluidos los que no trabajan actualmente pero que trabajaron en los últimos doce meses

2. Por área geográfica, se observa que el porcentaje de niños y adolescentes que trabaja en el área rural duplica al del área urbana. Este es un comportamiento que debe ser investigado, ya que no se puede asociarse a la actividad agropecuaria (niños que ayudan a sus padres en las tareas rurales) por cuanto la encuesta se aplicó en localidades de más de 5.000 habitantes.

Cabe agregar, además, que la encuesta subdivide la investigación por grupos de edad y una mayor proporción de trabajadores se concentra en el grupo de 15 a 17 años de edad (37.2%). Si bien no se trata de trabajo ilegal es una edad en la que los adolescentes deberían estar dedicados prioritariamente al estudio. Si a los adolescentes que trabajan se suma la proporción de los que, de acuerdo a la versión del MIDES, conforman el núcleo duro de los que no estudian ni trabajan (46.000) que equivalen al 28% de los jóvenes, es evidente que el país enfrenta un grave problema en el tratamiento laboral de los adolescentes. El abandono de los estudios y la ocupación en empleos precarios, que quitan tiempo al estudio, afectan hoy la calidad del aprendizaje y mañana la productividad del trabajo y los ingresos de las personas, reproduciendo generacionalmente la pobreza y la heterogeneidad del mercado de trabajo.

Por otra parte, estudios realizados por Gurises Unidos, el Centro de Informaciones y Estudios del Uruguay y el Programa Proniño dan cuenta de que gran parte del trabajo infantil se observa en la recolección y clasificación de residuos. Esta actividad debe ser catalogada dentro de las peores formas de trabajo infantil dado que por su naturaleza daña la salud, la seguridad y la moralidad de los niños y adolescentes y por lo tanto debería estar prohibida a los menores de 18 años de acuerdo con nuestra legislación nacional y los instrumentos internacionales ratificados por Uruguay.

Ante esta realidad, en primer lugar debe hacerse cumplir la ley y los compromisos internacionales asumidos por Uruguay. Una eficaz Inspección del Trabajo actuando en forma conjunta con el INAU debe fiscalizar y sancionar la violación de las normas.

Dado que el fenómeno se ha extendido hasta límites antes insospechados hay muchas más cosas por hacer. Lo que no podemos hacer es negar la realidad. Deberá realizarse una extendida campaña pública de convencimiento sobre las consecuencias indeseables del trabajo infantil, acompañada de un trabajo social intenso con los niños trabajadores y su entorno, familia y escuela. Es imprescindible que las familias y los niños y adolescentes entiendan que la asistencia a los centros educativos es prioritaria y que el sistema educativo cuente con los instrumentos necesarios para retenerlos.

Entre los múltiples problemas que debe con urgencia plantearse y resolver la educación pública debe estar el trabajo infantil y adolescente. A esta altura, además, será necesaria la creación de un subsidio transitorio que sustituya el ingreso que los niños y adolescentes aportan al hogar para lograr un impacto más efectivo en la erradicación de este fenómeno.

Las políticas públicas deberán tener en cuenta la particularidad del trabajo de los niños en el sector rural y en el ámbito doméstico el que muchas veces se limita a meras tareas de ayuda a la familia que insumen poco tiempo y energías y tienen un carácter formativo.

El trabajo de los y las adolescentes no siempre es censurable. De nuevo, la línea divisoria entre el trabajo formativo y el que condena a la pobreza y a la marginalidad se encuentra en la permanencia o no en el sistema educativo, o en en los obstáculos que el trabajo puede generar en el desempeño escolar del menor, por cuanto al impedirse una adecuada formación se genera una fatal incapacidad para acceder a los trabajos más calificados, con las consecuencias que ello trae para la autoestima y la inserción laboral y social y, por consiguiente, la reproducción de la pobreza.

En lo que no se puede ser tolerante es con las peores formas de trabajo infantil. Pocas se conocen en Uruguay, pero hay una que nos rompe los ojos todos los días los niños en los carros, los niños en la basura. En épocas de crecimiento económico, de aumento del empleo y del salario, de reducción de la pobreza y la indigencia, es inadmisible que tengamos estas cifras de trabajo infantil, menos aún que tengamos niños trabajando en la basura.

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