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¿Ingenuidad o entreguismo?

15/06/2012 Sin Comentarios

Gustavo Penadés

La Historia indica que las relaciones con la República Argentina son difíciles por lo que no nos sorprenden sus actitudes del presente.

El problema radica en cómo se manejan las dificultades y cómo reacciona el gobierno uruguayo. Lo primero y razonable sería buscar consensos políticos para contar con el respaldo de todos a la hora de negociar y, si fuera necesario, pegar un portazo. Pero eso no lo hace y prefiere seguir haciendo el papel que está haciendo.

Estamos de acuerdo, por mil razones, en que debemos preservar y defender nuestros vínculos con la República Argentina. Pero, no a costa de sacrificar los intereses y la dignidad de la República. Esto es lo que sucede, más allá de intenciones del Gobierno. Permanentemente cede posiciones sin obtener la reciprocidad que merecemos. Paradójicamente, el Frente Amplio se enoja cuando el Partido Nacional le marca sus errores, olvidando que el ex Presidente Vázquez fue quien pidió apoyo a los Estados Unidos en el conflicto con la Argentina…

En estos años, más allá de muchos trenes de los “Pueblos Libres”, abrazos y declaraciones retóricas nada es lo obtenido. Alcanza con revisar lo que pasa con la energía, lo que pasa con los ríos, con las licencias de importación, las inversiones, etc. ¿Merecen los trabajadores uruguayos que se frene la construcción para beneficiar a la Argentina? ¿Deben cerrar las textiles ante la pasividad del Frente Amplio? ¡Hasta nos han denunciado ante la OCDE mientras que nosotros, casi al mismo tiempo y con obsecuencia infinita, hemos firmado un Tratado de intercambio de información tributaria! ¿Ingenuidad o entreguismo?

En el presente no existe ningún punto en que las relaciones con la Argentina funcionen dentro de lo que cabría esperar. Tampoco se vislumbran avances, y los que puedan llegar a haber lo serán a un costo altísimo.

Estamos llegando a niveles en que se afecta la dignidad nacional.

Se desconoce las jerarquías de los gobernantes. Se tolera que un representante diplomático se meta en los asuntos internos del Uruguay sin motivar reacción ninguna. Al contrario, se busca bajar el perfil al episodio y se aceptan disculpas entre gallos y medias noches. ¿Si el embajador en cuestión hubiera sido el de Estados Unidos o el de España que hubiera pasado? ¿Se hubiera satisfecho el Gobierno con unas disculpas de las que nadie se enteró, supuestamente ofrecidas al vicecanciller?

Desde hace doscientos años los orientales, tozudamente, defendemos nuestro derecho a ser libres e independientes. La primera preocupación deben ser los intereses de los uruguayos que hoy se están entregando a cambio de nada, siendo el dragado del Martín García –al que tenemos derecho- la moneda de cambio con que la que el gobierno argentino pretende pagar su desplantes y ambiciones.

También en las relaciones exteriores el modelo frentista está agotado. Hace falta un golpe firme de timón, y este solamente lo puede dar el Partido Nacional.

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