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A los bandazos

14/06/2012 Sin Comentarios

Francisco Gallinal

Los últimos meses no han sido felices para la gestión gubernamental. Es verdad que en todos los temas de la vida siempre hay lugar a dos opiniones y habrá quienes estarán de acuerdo con la actual administración, y quienes en contra. Pero muy probablemente unos y otros coincidan en que el Presidente y su entorno no están pasando por un buen momento.

La remoción de Héctor Lescano fue la nota más crítica de las decisiones últimas. El ex Ministro de Turismo es uno de los pocos dirigentes políticos que goza de simpatías a nivel de todos los partidos; por razones que no vienen al caso hoy analizar, pero lo cierto es que es de esas personas que “caen bien”, no importa cuál sea su pertenencia política. Si bien ese temporal ya pasó, ha dejado secuelas a nivel de los socios más importantes del Presidente y no descartemos que en algún momento le cobren esa cuenta pendiente.

Las elecciones internas –lo decimos por experiencia propia- siempre dejan heridas abiertas y traen aparejados nuevos problemas de futuro. Hay quienes sostienen que la sustitución de Lescano fue una respuesta al resultado electoral , elementos existen para creerlo. De la misma manera que la derrota electoral sufrida por el MPP al embarcarse en una aventura con candidato propio sin buscar aliados, va a traer también nuevos escenarios que no van a resultar ajenos a la labor del gobierno.

Pero a nuestro juicio el error más grande el Poder Ejecutivo lo está cometiendo en la forma que encara el relacionamiento con la República Argentina. Es indecorosa la forma en que se han manejado las situaciones, es absolutamente inconveniente el momento que se elige para la firma del Tratado de intercambio de información fiscal y de doble tributación, es inaceptable que frente a las expresiones del Embajador Dovena no se haya tenido una reacción más clara, enérgica y contundente.

Lo grave es que en tanto los errores que señalamos en primer término repercuten más sobre la interna del Frente Amplio, estos últimos golpean al país y pueden tener consecuencias de naturaleza económica de gran dimensión. Lo hemos señalado en más de una oportunidad desde estas columnas; no hay país más importante para el nuestro, en materia de inversión, intercambio comercial y proyección de futuro que la República Argentina. Y si hay un inversor, propietario, comerciante al que debemos darle las reglas de juego claras, con carácter permanente, seria, es al argentino.

Buena parte del crecimiento histórico del Uruguay, y particularmente de los últimos años tiene su origen en la vecina orilla. En los sectores del turismo y de la construcción, ni que hablar. Pero también ahora en el sector agropecuario, ya comprando, ya arrendando, pero siempre explotando inmuebles rurales con resultados muy importantes.

No vamos a entrar ahora a discutir respecto a las virtudes y defectos del Tratado, ni del proyecto de ley de Sociedades Anónimas que también impulsa el gobierno. Podrán ser buenos o malos pero lo cierto es que, a la luz de su aparición en el escenario nacional, se ha paralizado la actividad económica. Eso el gobierno lo sabe, lo sabe bien, y no lo puede permitir de ninguna manera. Ya explicando el alcance de sus acciones, ya cambiando el rumbo en lo que corresponda.

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