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La frontera violada

01/06/2012 Sin Comentarios

Jaime Trobo

Esta semana se informó que en Lapuente, en el Departamento de Rivera, indiscutiblemente en territorio uruguayo, una patrulla de la PRF (Policía Rodoviária Federal) de Brasil que descendió de un helicóptero interceptó un camioncito de reparto de productos uruguayos y le practicó un registro de la mercadería. Se puede interpretar que estamos ante un hecho vulgar, sin mayor importancia y típico de las zonas de frontera. Pero, sin querer magnificarlo ni promover una tormenta en una pecera, es un hecho serio, en relación al cual debemos reflexionar, porque en cualquier caso es un hecho que no debe ni puede ocurrir.

No sabemos si en los últimos tiempos se han verificado hechos análogos y para contar con información oficial hemos requerido informes de la Cancillería y del Ministerio de Defensa. Pero lo cierto es que el episodio en sí, y la forma en que las autoridades uruguayas lo conocieron, a través de la prensa, desnuda una realidad que parece inexplicable. Es notorio que ha sido violado el espacio aéreo y el territorio y ello no puede ocurrir.

Poco importa el propósito que animaba a los agentes extranjeros, y es menor el argumento de que se equivocaron, erraron la ruta, o que actuaron desorientados. Lo cierto es que su inocente o consciente acción desnudaron nuestra incapacidad para cuidar, proteger nuestra frontera. Y por ello el hecho debe actuar como enseñanza, advertencia, disparador de una actitud de vigilancia y aconsejar el diseño de una política de protección de la frontera que es en definitiva de protección de la soberanía.

Desde hace tiempo se escucha que la extensa frontera con el Brasil ofrece oportunidades a criminales para el pasaje de contrabandos de todo tipo, drogas, armas, animales y quizás personas, en fin, de usar sus facilidades para el delito. Y si ello es veraz, la forma de enfrentar tal circunstancia es ajustando los mecanismos de control y asignando tareas a áreas del sector público especializadas en la vigilancia y el cuidado en las difíciles condiciones que ofrece la larga línea de división.

Es el momento que el gobierno defina que el Ministerio de Defensa fortalezca su actuación a través de las armas especializadas, especialmente el Ejercito Nacional, y diseñe un plan de atención especial a las fronteras. La falta de presencia del estado a través de quienes tienen dentro de su misión la defensa de la soberanía territorial, deja a nuestros conciudadanos que viven en esas zonas, de la mano de la improvisación o aún de la acción de las fuerzas de otro estado, lo que es inaceptable.

El episodio de Lapuente no es menor, podrá haber sido casual, pero aún así señala una carencia inaceptable en la misión que debemos fortalecer del cuidado de nuestras fronteras.

 

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