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El avance de la tentación populista

11/05/2012 Sin Comentarios

Editorial, diario El País – 09.05.12

No es novedad que desde la caída del muro de Berlín la izquierda en Sudamérica se debate entre dos modelos diferentes: el populista y el socialdemócrata.

Por un lado, están las distintas expresiones que descreen de la democracia liberal republicana y que, con éxito económico dispar, promueven lógicas populistas desde el poder. Venezuela, Ecuador, Bolivia y la cercana Argentina, transitan esos caminos que, sin dejar de contemplar particularidades nacionales, ponen en tela de juicio, en todos los casos, la calidad democrática que se precisa para asegurar futuros de prosperidad colectivos duraderos. Por otro lado, hay un esfuerzo sostenido en modernizar el talante, la propuesta, la visión y la implementación de políticas públicas en un sentido que combine capitalismo, Estado de bienestar y justicia social en tiempos de grandes cambios económicos internacionales. Chile, Brasil y Colombia, con sus coyunturas diversas, son países que van logrando insertarse en el mundo moderno. Sus izquierdas han resistido a la tentación populista cuando les tocó ejercer el poder a nivel nacional o local.

Nuestro país no es ajeno a esta encrucijada de la izquierda en el continente.

Por un lado, desde la administración Vázquez, cierta línea que podríamos llamar astorista conduce el barco económico. No ha puesto en tela de juicio la lógica general capitalista del sistema. Ha puesto tesón en defender cierto sentido común en el manejo cotidiano de la macroeconomía, ante los embates y las impericias de los planteos de los sectores frenteamplistas más retrógrados -desde el frigorífico nacional hasta la utilización imprudente de las reservas del Central, pasando por el cuestionamiento de las AFAPs, hubo varios planteos de este tipo en estos años. Comete errores graves, como el reciente acuerdo con la Argentina por temas tributarios. Pero, sin duda, es garantía de cierta razonabilidad en el rumbo. De forma general, el astorismo procura dar un discurso socialdemócrata, moderno, que oponga criterios de mejora de gestión contra el corporativismo de los sindicatos afines a un Frente Amplio que él integra.

Por otro lado, están los sectores más numerosos y de ideología más aguerrida. La izquierda más radical, formada sustancialmente por el Partido Comunista, parte de los socialistas y muchos tupamaros, con sus militancias en ámbitos sindicales, sociales y políticos, aprecia los modelos autoritarios-populistas de la región. No otra cosa señaló la senadora Topolansky cuando dijo que quería fuerzas armadas leales y alineadas al proyecto de izquierda, como en Venezuela; o que veía con sana envidia la capacidad política de “la Cámpora” peronista argentina. No otra cosa dice el Partido Comunista, cuando reivindica a Cuba, o añora que el Estado tenga un papel económico y social más importante en la estructura productiva del país.

Las elecciones internas del Frente Amplio sacarán una fotografía relevante de la relación de fuerzas entre estos dos modelos. Ya de por sí, el mero hecho de que el astorismo no presente un candidato presidencial propio va dejando en claro lo escuálido de su apoyo interno.

Pero sobre todas las cosas, la reafirmación de una mayoría frenteamplista que mira más a “la Cámpora” que a la modernización de la izquierda de Hollande en Francia; que prefiere la concentración del poder del Estado en un sentido partidista antes que la construcción institucional republicana; y que ahonda el sentido asistencialista de sus políticas sociales antes que mejorar sustancialmente el gran instrumento de ascensión social que es la educación pública, va dibujando la silueta de una izquierda nacional que progresivamente va cayendo en la tentación del peor populismo latinoamericano.

Y un ejemplo ilustra bien esta realidad: al día de hoy, luego de la anulación de la ley de caducidad por la mayoría frenteamplista en el Parlamento, estamos muy lejos del adusto reflejo republicano del General Seregni cuando, luego del plebiscito de abril de 1989, asumió con respeto el resultado de las urnas. Es más: el Frente Amplio de hoy, de lógica jacobina- populista, siente como obsoleta y hasta fuera de lugar la reivindicación de esta dimensión de su líder histórico.

El populismo en el Frente Amplio avanza a pasos firmes e inequívocos. Y es muy preocupante para la calidad de la democracia en el país.

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