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Intendencias: algo anda mal

27/04/2012 Sin Comentarios

Ignacio De Posadas, diario El País – 23.04.12

A los siguientes son datos oficiales, citados por Búsqueda (23/2/12):

-Ninguna intendencia cumple con el mandato constitucional (y el ala y pala de una correcta administración), gestionando el departamento con lo que aportan sus vecinos.

-Los que menos plata extra gastan, reciben aproximadamente un 20% de sus egresos de impuestos (o déficit) nacionales, vía aportes del Poder Ejecutivo.

-La mayoría financian más del 50% de sus gastos con plata que pidieron afuera del departamento y dos apenas bancan el 25% de sus presupuestos con lo que le sacan a sus votantes.

¡Con razón la mayoría de los intendentes son reelectos!

La revolución norteamericana se hizo al grito de: “No taxation without representation!” Aquí es al revés: ejercen la representación sin tributación conmensurable.

¿Será esto la famosa descentralización?

¿O hay algo que no anda bien?

Claramente, descentralización no es. Como que no tiene nada que ver con eso.

En el meollo de la idea está la noción de control, como principio básico de buena administración: el que paga sus impuestos tiene a mano a quien se los cobra y administra, razón por la cual tendrá sumo interés en vigilar qué hacen con su plata. Pero si la mayoría, o buena parte, de la plata, la pone otro, a mí más o menos me dará igual si el intendente se la patina o no (y a éste también).

Búsqueda, en el citado artículo, recoge explicaciones del fenómeno, dadas por algunos intendentes (no interesa cuáles).

Esas explicaciones, lejos de aclarar y tranquilizar, generan mayores preocupaciones. Efectivamente, los intendentes consultados -que empiezan por no negar la descripción de la realidad- se justifican diciendo que con el correr de los años han ido cayendo sobre sus hombros responsabilidades que no figuran dentro de sus competencias constitucionales o legales. ¿Por qué? cabe preguntarse. A lo que responden los jerarcas que la realidad los ha obligado. Habría cosas, presumiblemente necesarias, que quien debería hacerlas, no cumple. ¿Y quién es ése “quién”? Pues, el gobierno central.

Con lo cual tenemos: 1º) Que los intendentes no cumplen, ni con la Constitución ni con normas básicas de buena administración, porque, 2º) El gobierno central no hace lo que tiene que hacer.

¿Paganinis? Los que pagamos impuestos y, con esta maravillosa mosqueta, ni siquiera sabemos a quién podemos cobrarle, electoralmente.

Si los intendentes tienen razón y están haciendo cosas que corresponden al gobierno central, éste nos está robando la plata. Ahora, si no es así, los intendentes…

Cualquiera sea la realidad, queda en evidencia que es un sistema irresponsable en el cual el contribuyente no tiene idea debajo de cual tapita está el garbanzo. La negación de la Democracia.

Y esto ocurre en un momento excepcionalísimo de bonanza económica, producida, además, según los propios intendentes, por las actividades agropecuarias y turísticas desarrolladas en sus departamentos.

Algo anda mal. Muy mal.

Peor aún de lo descripto hasta aquí, porque este sistema perverso (que no fue inventado por este gobierno, ni es él su único paladín), en sinergia con una de las modificaciones al régimen electoral votada en la última reforma (también por mí, confieso arrepentido), produce otro factor contrario al correcto funcionamiento político-democrático del país.

Al separar las elecciones municipales de las nacionales, el equilibrio político de fuerzas entre el intendente y el partido al que formalmente pertenece, se inclinó fuertemente hacia aquél, vigorizando la veta egoísta de muchos jerarcas y candidatos a jerarcas, municipales, borrando de su “pantalla” lo que había de interés nacional. A eso se juntó este fenómeno de “baronización” de las intendencias, por el cual el gobierno central, imitando a las monarquías, se asegura de una creciente comprensión, simpatía, afinidad o como se le llame, arrimando a palacio a los señores feudales. El penúltimo episodio fue el acuerdo de las patentes.

Ya no quedan intendentes que no coman de la mano del gobierno central.

Algo anda mal. Muy mal. Y acabará peor. Para la Democracia.

 

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