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¿Cuál es la mejor oposición?

27/04/2012 Sin Comentarios

Editorial, diario El País – 26.04.12

En tiempos de crecimiento económico como nunca antes registrado, de baja de la pobreza y de la indigencia, de inflación relativamente controlada, de aumentos de los salarios reales y de bajo desempleo, ¿cómo se ejerce una oposición política que se transforme en alternativa real de gobierno?

Si es cierto que la gente vota antes que nada atendiendo a la evolución de su billetera, es claro que los partidos de oposición la tienen difícil. Sin embargo, hay muchos motivos para pensar que la realidad política es más compleja que la simple mejora de los indicadores económicos. En efecto, apenas la situación colectiva empieza a mejorar sustancialmente, se plantean nuevos temas de agenda. Así, el foco de la atención pública se va desplazando hacia una mayor exigencia en la calidad de las políticas estatales.

Claro está, quienes primero reclaman mejores servicios son las clases medias que, a pesar de las recurrentes crisis de estas décadas, han conservado intacto su impulso de progreso social. Es por eso que se hacen más visibles y fuertes las demandas por una educación de calidad, una seguridad pública real, servicios de salud confiables, y, en general, un retorno más efectivo de los servicios estatales que son financiados por los impuestos que ellas pagan (por cierto, más que cualquier otra clase social). En todas estas dimensiones, el gobierno del Frente Amplio no está siendo capaz de dar respuestas eficientes, y es por ello que las encuestas señalan que en los grupos sociales de mayor nivel socio-económico las intenciones de voto a la izquierda son relativamente menores.

En este esquema, la oposición política está ante un desafío estratégico sustancial. Como es sabido que la sociedad uruguaya valora fuertemente los acuerdos políticos que generan grandes caminos de entendimientos colectivos, existe la tentación de atender estos reclamos de mayor calidad y eficiencia en la gestión pública desde la concreción de esos acuerdos que, efectivamente, promuevan cambios relevantes en el rumbo del gobierno y en la administración del Estado. En esta categoría, por ejemplo, entran el acuerdo sobre educación, o la votación de la ley de participación público- privada para avanzar en la realización de necesarias inversiones para una mejor infraestructura en el país.

Sin embargo, más temprano que tarde, este camino de grandes entendimientos termina en un callejón sin salida para los partidos de oposición. Primero, porque la ineficiencia de gestión del Frente Amplio ha demorado hasta lo inadmisible sus implementaciones concretas. Segundo, porque tras las grandes puestas en escena acuerdistas, el gobierno no termina de aceptar algunos cambios sustanciales propuestos por los partidos tradicionales: en las medidas de mejora en seguridad planteadas por blancos y por colorados; pero también, por ejemplo, en la revisión de un programa de historia reciente que, todos los días, viola la laicidad y adoctrina a nuestros jóvenes a favor de las ideas frenteamplistas (en vez de formar ciudadanos). Tercero, porque esos grandes acuerdos omiten un dato relevante del resultado electoral de 2009: la ciudadanía dio instrumentos de mayoría absoluta al Frente Amplio para llevar adelante el gobierno. Así las cosas, los grandes acuerdos nacionales terminan transformándose en estériles iniciativas que no atienden los reclamos de esas clases medias que se sienten cada vez más decepcionadas del gobierno frenteamplista.

Una mejor oposición que fortalezca nuestra democracia precisa entonces que los partidos que no son gobierno sean templados protagonistas de una posible alternancia en el poder. No para desmerecer las actuales instancias de diálogo entre adversarios políticos. Pero sí para dejar establecido que, sin dudas, en educación, salud, seguridad, política exterior, vivienda, medio ambiente, ejecución de infraestructura y modernización del Estado, hay otra forma de ejercer el poder capaz de tener mejores resultados que los magros que cosecha la izquierda. Las clases medias sobre todo, que son las primeras en exigir mejor calidad de gobierno, tienen que ver claro que existe una alternativa real a este gobierno que, efectivamente, puede conducir el rumbo nacional mejor que el Frente Amplio. El país precisa esta mejor oposición. Ya es tiempo de que se afirme con vigor.

 

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