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Una 45 en la cintura

20/04/2012 1 Comentario

Antonio Mercader, diario El País – 18.04

En la reciente Cumbre de las Américas en Cartagena, ante treinta presidentes, José Mujica proclamó con solemnidad: “No creemos en el mundo de la agresión. Y lo dice un hombre que cuando joven quiso transformar al mundo y se puso una 45 en la cintura”. Espléndidas palabras de repudio a la violencia dichas por un antiguo tupamaro aunque más espléndidas serían si su autor las apoyara desde arriba con hechos. Pero por desgracia no es así.

Empecemos con los textos oficiales para escolares y liceales uruguayos. Uno de ellos, como es público y notorio, lleva en la portada el retrato de Ernesto Guevara, símbolo internacional de la violencia y la agresión, el hombre que describió al guerrillero y -se describió a sí mismo- como “una fría máquina de matar”. Ese libro de Primaria, denunciado hace años, sigue circulando tan campante a vista y paciencia del ministerio de Educación del gobierno de Mujica.

Otros textos para nuestros niños y adolescentes hacen de la algarada de los tupamaros un cuento de hadas en donde ponerse una 45 en la cintura para voltear a un gobierno democrático parece algo casi normal. De la historia nacional, en particular de la recientemente reescrita, tampoco surge un rotundo rechazo a la idea tupamara de transformar el mundo por la fuerza. Y de la historia de Cuba, ni que hablar: en nuestros libros escolares se describe a Fulgencio Batista como un tirano, no así a Fidel Castro cuyas virtudes resplandecen.

Pasando al ámbito político, el propio MLN, corazón del MPP gobernante, grupo fundado y liderado por Mujica, entona alabanzas a sus actos de violencia cada vez que conmemora “hazañas” como la fallida toma de Pando en los años sesenta. Lo mismo hacen sus integrantes cuando muestran reticencias a dar señales de arrepentimiento.

Tomen por caso a María Elia Topolansky, la hermana de la senadora y primera dama Lucía Topolansky, quien acaba de afirmar que matar al peón rural Pascasio Baez fue un error, pero que otros asesinatos sí se justificaban.

Al mismo tiempo, hombres tan cercanos al presidente como el senador y hoy candidato a presidir el Frente Amplio, Ernesto Agazzi, sostienen con naturalidad la tesis de que los tupamaros no practicaron la lucha armada sino que ellos eran “políticos con armas”. Deberían preguntarle a Mujica si aquella decisión de calzarse una 45 en la cintura en los años sesenta la adoptó para dedicarse a hacer política (en lo que habitualmente se entiende como “hacer política”) o para construir a balazos el tan mentado “foco” guerrillero.

A los parcializados textos del sistema educativo y a los dichos de algunos tupamaros renuentes a condenar la violencia, cabe añadir la apología que ciertos medios de comunicación hacen de los golpes del MLN como si se tratara de proezas históricas. La fuga de Punta Carretas, por ejemplo, ha sido elevada a la categoría de epopeya con tintes hollywoodianos en la cual se evitan citar los casos de agresión, soborno e intimidación de la guardia del penal que la hicieron posible.

Fuentes de la Presidencia de la República cuentan que Barack Obama, tras cenar con Mujica en Cartagena, lo elogió porque “vive de acuerdo a lo que piensa”. Muy bien, pero ahora lo que corresponde es que el Presidente actúe como piensa e imponga entre sus filas la filosofía pacifista y democrática que hoy predica.

1 Comentario »

  • Pedro :

    Lo escrito en esta pagina es tan real comola realidad SALUD!!!!!!!!!!!!!!

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