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Lo que el tiempo se llevó

19/03/2012 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle, diario El País – 04.03.12

Implacable devorador de días y meses, el paso del tiempo es siempre motivo de reflexión para el ser humano, pasajero actor en el horizonte de la existencia. Como repiten los criollos, “no hay tiempo que no pase ni tiento que no se corte”. Esto es especialmente cierto para quienes ejercen el poder en los regímenes democráticos, sobre todo los que viven bajo la bendición de no prever la reelección de los presidentes. Sesenta meses, que deben contarse desde el mismo inicio constitucional, sesenta y tres si se tiene en cuenta que desde diciembre de 2009 se conocen las responsabilidades a asumir. El pasado jueves se cumplieron dos años de este período de gobierno, el 40% del total, y seguramente que la porción más valiosa del mismo. Cómo llega el Presidente Mujica y su coalición a este momento es lo que nos ocupa hoy.

Período de gobierno al que la voluntad ciudadana otorgó casi la suma del poder. Mayoría absoluta en el parlamento para aprobar leyes ordinarias y para blindar a los ministros. Sólo quedan fuera del alcance del FA las mayorías especiales aunque ello no ha impedido que esta disposición se haya violado alegremente en el período pasado como en el caso de la ley de elecciones de municipios. Junto al poder legal, la potencia de una economía que crece incesantemente al ritmo de las circunstancias exteriores. En aquel ya lejano 1º de marzo de 2010 todo estaba sobre la mesa como para una buena gestión, todas las herramientas, todos los instrumentos. Sólo faltaba y falta aun el saber qué se pretendía hacer con el poder. No puede apelarse para buscar la hoja de ruta que no se siguió al programa de gobierno ofrecido por ser el mismo el resultado de transacciones grupales sin una línea conductora, menos a los pronunciamientos preelectorales de los vencedores, tan plagados como estaban de improvisaciones, sentencias de cuño pseudocriollo, frases aisladas y demás características de nuestro presidente. No era ni es fácil la tarea de este compatriota, quien parece tener algunas ideas concretas pero que tiene que lidiar con un panorama político interno endiablado, que va desde los radicales de su palo a los tecnócratas de la economía, de comunistas modelo antiguo a socialistas convencidos.

Todo hacía suponer, al tenor de los propósitos enunciados al inicio, dirigirse a una gestión removedora y fructífera, realista y liberada de los moldes conservadores que han caracterizado a la izquierda nacional desde el nacimiento de la coalición. No pudo ser. Apenas el tema iba más allá de la superficie, aparecían las insalvables diferencias. Solamente en el gasto público, llevado a su paroxismo, surgía la unanimidad. Cabe señalarlo pues para la tribuna, fuera de los ámbitos de decisión, aparecen todos los días versiones de independencia y razonabilidad que mueren en el umbral de los recintos parlamentarios. Allí caducan los arrestos de independencia, proclamados en conferencias y reportajes. Todos han formado fila disciplinada en el momento de levantar la mano para más impuestos, presupuestos deficitarios, creación de cargos de confianza, distribución de dinero sin contrapartida, leyes revanchistas y apoyo a políticas inmediatistas y condicionadas a intereses que no son los del mejor interés nacional.

La composición real de la fuerza que nos gobierna es el principal problema. El peso de los corporativismos caracteriza a este régimen cívico sindical que no se resuelve a hacer efectivo el poder democrático que le fue otorgado. Curiosamente esta característica es acompañada por la más grande -y equivocada- privatización cuando no discrecionalidad y desigualdad a favor de importantes intereses económicos. Por un lado la apariencia de que se respetan las normas que atraen a los inversores, por el otro un avance estatista conculcador de libertades. Un mal entendido regionalismo, atado a las pretendidas identidades ideológicas, hace que se descuiden los naturales intereses nacionales, librados a la benevolencia de los vecinos, de escasa ocurrencia. La política antiinflacionaria reducida al aplastamiento del valor del dólar que, ante los costos en aumento, presagia malos días para los exportadores que son la sangre económica del país.

El más grande saldo deudor es, por encima de todo esto, la incapacidad de gestión. Los recursos no son todo en la gestión gubernativa, pero vaya si la facilitan. Con poder político y sobrante de mil millones del recordado “espacio fiscal” del año pasado, no se han podido arreglar los techos y los baños de escuelas y liceos, no se ha construido un solo puente, no se ha podido proveer de una simple ambulancia a cien localidades, faltan remedios, se violan los derechos humanos de los presos hacinados, y las viviendas de la famosa emergencia habitacional las construyen, de a una, los militantes del MLN. Todo ello sin perjuicio de los pintorescos episodios del video que nadie vio, salvo el Presidente y del viaje a España a espaldas de la Cancillería. Algunas cosas es mejor que el tiempo se las lleve; lamentablemente las oportunidades también se van por el mismo camino.

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