Portada » Actividad Legislativa, Columnistas

¿Política exterior de Estado o en “mal estado”?

16/03/2012 Sin Comentarios

Jaime Trobo

Exposición del Diputado Jaime Mario Trobo

Informe y Memoria de la Gestión del Gobierno Nacional correspondiente al segundo periodo ordinario de la XLVIIa. Legislatura.

El pobre mensaje del Poder Ejecutivo, que aparece más como un rosario de intenciones que como una descripción de acciones de gobierno conducidas por una estrategia quinquenal, tiene en uno de los capítulos principales de la acción pública y política nacional, una pobreza inusitada, inexplicable e injustificada.  En las inexpresivas quince carillas del Mensaje que analizamos, apenas se tocan lateralmente cuestiones de la Política Exterior, y si se analizan son relatos de la realidad de hechos que ocurrieron en nuestro entorno, en algún caso sin que sobre ellos se haya actuado para conducirlos a favor de los intereses nacionales. La concertación nacional, el propósito anunciado de practicar una política exterior “de estado”, propósito que concede al dialogo y el intercambio político previo a las decisiones trascendentes y el trazado de líneas de acción con una perspectiva de país y de futuro que vaya mas allá de una administración de gobierno, ha brillado por su ausencia.

Ello a pesar que en el mensaje que analizamos se pretende constatar una actitud diferente a la practicada, notoriamente de manifiesto en los temas de política exterior. Dice el mensaje refiriéndose en general a los temas de gobierno “…hemos preferido afrontarlos con la participación de todos los actores, pero son parte de un proceso cuyos resultados estarán a la vista y resultará ingrato negarlos si es que los vemos con ojos de uruguayo”, dejando de lado las banderías y las mezquindades políticas”.

Se puede decir que en la Política Exterior esta vocación ha estado ajena. Y lo ha estado porque, a pesar de la importancia del tema y las amenazas que se han tendido en la escena internacional, la Cancillería ha optado por reducir al mínimo el espacio de análisis de los asuntos, desprofesionalizar la tarea introduciendo como nunca el factor político partidario para asignar responsabilidades, dejando en manos inexpertas la conducción de importantes asuntos. Y lo que resulta más grave aún, ciertas decisiones aparecen inexplicadas, sorprendiendo por su inoportunidad, o simplemente alineando a nuestro Uruguay a complejos entendimientos  con países extranjeros cuyos intereses no compartimos plenamente o al menos no se explica razonable y racionalmente  que asumamos esas posiciones.

El gobierno a través de su Ministro competente ha descalificado públicamente al personal profesional de la Cancillería, con el propósito de justificar el  abultado y permanente ingreso de personas vinculadas que en muchos de cuyos casos solo  se explica por la alineación ideológica y política, y sin atributos que les califiquen especialmente. Hay funcionarios de estos que fungen como embajadores y ni siquiera desarrollan su principal actividad en la cancillería. Se han salteado las jerarquías que responden a procesos que deben ser respetados para asignar responsabilidades de primer orden, postergando y despreciando la carrera Diplomática. Se vive una gran incertidumbre en el lugar donde debería contarse con la mayor y más sincera colaboración profesional para bien del País, ambiente en el cual la regla termina siendo cuidarse de contrariar al superior y a la práctica de sus caprichos.

Por un lado se hace caudal del prestigio internacional que el Uruguay tiene, que sin duda expresa en una imagen la bicentenaria  historia de nuestra política exterior, que no  ha sido “fundada” como algunos quieren por la ideología gobernante, y por otro lado se practican procesos y se asumen decisiones y posiciones que la afectan, en algunos casos de difícil reparación. La prudencia, la inteligencia negociadora, la independencia, el pragmatismo entendido no como espasmo sino como sana interpretación del interés nacional de nuestro colectivo, se han alejado de la línea de conducción de la política internacional.

Estos hechos y actos de política exterior, algunos de los cuales son anunciados en el extranjero sin el previo aviso político que conceda cierta veracidad al propósito de practicar una política de estado, otras veces informados en forma imprevista e imprudente lo que ha obligado a un desgaste y esfuerzo para “explicar” su alcance y propósito, cuando derivan de un análisis superficial al que lamentablemente nos estamos acostumbrando, desmienten en los hechos las afirmaciones que como leíamos se hacen en el mensaje, y que se repiten como en el párrafo siguiente:

“Insistimos e insistiremos en generar políticas de Estado que trasciendan los gobiernos de turno para dejarle al uruguayo la base de una conciencia colectiva beneficiosa para todos. El Gobierno Nacional se ha comprometido, pues, a mirar más allá de su periodo de vigencia, a mirar el horizonte de un Uruguay naciente, prestigioso en el mundo, respetable y respetuoso de sí mismo como país.”

Una de las preocupaciones más importantes que tienen los uruguayos, a pesar de la dificultad que ofrece el análisis de los temas de política exterior es precisamente este. Recogemos en la calle a diario la insatisfacción por la forma en la que se están conduciendo las relaciones con nuestros vecinos, en la que problema tras problema los tímidos avances que se puedan haber logrado, son derrotados por nuevos obstáculos, más voluminosos y complejos, cuyos  efectos son notorios y cuya resolución no se somete a la garantía de los laudos y tribunales. La foto del abrazo vale más que la seguridad del contrato que se cumple honestamente.

Como decíamos al principio apenas algún párrafo del informe refiere a la política exterior, quizás respondiendo a la pobreza que exhibe. El que parece más explicito recoge “…el nuevo nivel de relacionamiento político con argentina con acuerdos vinculados al dragado de Martin García y la planta regasificadora binacional, así como las continuas negociaciones con el objetivo de garantizar fluidez al comercio bilateral..”, y su texto está tan radicalmente enfrentado con la realidad que aparece ridículo, el Presidente ha dicho públicamente que la planta regasificadora la haremos solos con financiamiento extra regional y que el Mercosur en materia comercial ha fracasado. Que otro ejemplo más claro de la realidad contra la ficción.

El único asunto citado específicamente en el mensaje como gran logro de la política exterior ha sido (pág. 14 del informe) la adhesión del Uruguay al denominado Tratado de la Apostilla, importante sin duda, tanto para compatriotas que viven en el exterior, como para extranjeros que desean radicarse aquí, pero se recordará que la impericia hizo que el gobierno enviara al Parlamento para su aprobación un artículo de una rendición de cuentas y no un  proyecto de ley como corresponde a la tradición y al correcto uso de los procedimientos legislativos.

El gobierno, aconsejado por la Cancillería ha sido extemporáneo en algunas decisiones importantes que afectan la línea de comportamiento histórico del Uruguay, en algunos casos aparecen como conducidas por un ansia de protagonismo desmedido en materias en que la innovación no paga absolutamente nada. Se han tomado y anunciado  algunas decisiones que se pretenden fundar en “principios”, que están absolutamente ajenos en otras, y luego se pretende matizar su justificación mencionando otros intereses. Se debe actuar con principios, se deben defender los intereses y cuando pueda existir un conflicto, precisamente allí se debe pensar muy bien lo que se va a decir y hacer, y es en este caso que debería practicarse el espíritu anunciado de política de estado que ha brillado por su ausencia.

Por último Señor Presidente y Señores Legisladores, es alucinante ver actuar y escuchar decir a esta administración que en Política Exterior han superado la infinidad de obstáculos que la primera administración frenteamplista había creado. Un día y otro también el Canciller y el propio Presidente se refieren al estado de las relaciones internacionales, especialmente las regionales, adjudicándose una refundación, propia de una soberbia intelectual que arremete contra sus propios correligionarios y compañeros políticos que gobernaron con ellos el País entre el 2005 y el 2010. Parece curioso pero es absolutamente cierto, basta con seguir con cierta rigurosidad los anuncios y comentarios de los principales actores de gobierno en esta materia.

Se están descuidando, por acción o por omisión, el tenor de las relaciones con algunos estados de suma importancia internacional y para nuestros intereses, ejemplo de ello es que la Cancillería no haya incluido o encontrado en su agenda un momento para presencias Presidenciales en lugares prioritarios. El Presidente visitó España en un viaje privado, invitado por empresarios deportivos y sin propósito político alguno y no ha visitado aún los Estados Unidos a pesar de los largos y cansadores periplos a los que ha sido sometido, y en este último caso, la última vez que  el Canciller se refirió públicamente a las relaciones con este País no tuvo mejor idea que hacer referencia también y en el mismo acto, al dialogo de respeto y tolerancia que mantiene con Irán.

Es necesaria alguna otra muestra o algún otro ejemplo de impericia

Para ser justos y no ingresar en el plano de la descalificación que no es nuestro propósito, el panorama que nos ofrece el gobierno en su informe a la asamblea General en Política Exterior, es muy pobre, ha sido conducida con falta de profesionalismo, y parece responder más a intereses circunstanciales sin proyección que a los vastos antecedentes con que cuenta el Uruguay y que le han permitido desde su pequeñez territorial ser reconocido en la comunidad internacional.

 

Envíenos su comentario

Agregue su comentario, o trackback desde su sitio. También puede suscribirse a estos comentarios vía RSS.