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El control del juego de azar

09/03/2012 Sin Comentarios

Ricardo Berois

La historia de los juegos de azar, prácticamente nace con el país. En la tercera década del siglo XX, el Estado, ante la imposibilidad de un control adecuado, regulariza  uno de los juegos de azar más importante (quinielas),  direccionándolo adecuadamente según las necesidades de la comunidad. Todo lo que no sea regulado por ley y por el Estado, en materia de juegos de azar, es clandestino e ilegal.

En el interior del país –supongo que en Montevideo mucho más-  observamos a diario como se expande el juego de maquinitas tragamonedas en comercios, de un forma  asombrosa, con  la complicidad de un Estado totalmente ausente, que no controla, no regula, no limita,  no interviene, en fin,  muestra un total descontrol sobre un flagelo social que daña fuertemente al individuo en forma personal,  a su entorno familiar, de relaciones y en  consecuencia a la comunidad.

Pero el Estado no sólo está ausente socialmente,  sino que también se perjudica económicamente con una competencia clandestina sobre sus juegos,  que sí están regulados y cuyo producido tiene múltiples beneficiarios.

Un relevamiento difundido en la prensa, arrojó que la ciudad de Trinidad con 20.000 habitantes,  existen  aproximadamente 400 maquinitas slots instaladas. En una zona rural donde habitan un poco más de cien personas hay cuatro máquinas con oferta de juego. Entendemos la realidad de muchos  comercios chicos y clubes sociales,  que explotan esta actividad como “extras” que  les ayuda a cubrir  obligaciones,  para sobrevivir en un Estado cada vez más voraz.

Pero nada justifica este flagelo, sin control ni garantía alguna,  al que  incluso menores de edad,  acceden con suma facilidad. Este tipo de juegos genera una adicción inmediata que lleva a permanecer largas horas  buscando mejor fortuna. Profesionales de nuestra comunidad, nos alertan sobre la  cantidad de pacientes con este tipo de adicciones, como es la ludopatía: trastorno del comportamiento,  reconocido por la OMS, como la pérdida de control del individuo en relación a un juego de apuestas o más, tornándose  una “enfermedad crónica”.

¿Son inspeccionados por el INAU estos comercios en los que todos vemos cómo menores de edad juegan largas horas en los slots? ¿Estas actividades son fiscalizadas por la DGI, tal como lo hace con los comercios legalmente establecidos? ¿Está enterada de esta actividad ilícita  la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas y el Ministerio del Interior?

Las autoridades de casinos del Estado, los municipales y los del sistema mixto, así como los trabajadores (de casinos y de loterías y quinielas), los empresarios de la banca privada (que explotan la quiniela, el Kini, el 5 de Oro, la tómbola, etc.) y la agrupación de padres “Padres preocupados”, coinciden en lograr la prohibición y no su regulación.

Existe un Proyecto de Ley de julio de 2009, enviado por el Poder Ejecutivo tendiente a complementar y modificar la regulación penal en materia de explotación ilícita de juegos de azar,  que nunca fue tratado por este Parlamento.  Asimismo, el Diputado Jorge Gandini retomó este tema sin andamiento alguno por parte de este órgano legislativo. Por otra parte existe un Proyecto de Ley elaborado por la Dirección General de Casinos que estaría a estudio del Poder Ejecutivo. Lo propio intentaron el Senador Jorge Saravia a fines del año pasado y el Diputado Walter de León.-

En fin, muchas intenciones, pero ninguna concreción; seguimos sin asumir competencia sobre este dilema social, que urge resolver; sobre todo el Gobierno, que con sus mayorías parlamentarias, debería primero que nadie, terminar con esta ilegalidad.

 

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