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A 20 años del atentado

09/03/2012 Sin Comentarios

Gustavo Penadés

Hace 20 años una bomba  destruyó la  Embajada de Israel en Buenos Aires.  A pesar de los años de violencia política, no se tenían antecedentes de una atentado terrorista de tamaña magnitud. Murieron  29 personas y varios cientos más resultaron heridas.

Las investigaciones que, lamentablemente, no se desarrollaron con la celeridad que los hechos ameritaban, fueron concluyentes apunando directamente al régimen iraní.

No es novedad que Irán ha sido a lo largo de los años  un factor de desestabilización en Medio Oriente. Contribuye con otros régimen es –como el de Siria- y con grupos terroristas como Hamas en Gaza y Hisbulah en el Libando, aportando dinero y entrenamiento.

Más directamente, expresa a quien quiera escuchar, que Israel debe desaparecer, y, a pesar de la gravísima situación económica por la que atraviesa, el gobierno de irán  no duda en continuar con su programa de enriquecimiento de uranio para desarrollar armas ncleares.

Parece mentira estar escribiendo esto, pero la realidad indica que Israel –país amigo con el que innumerables lazos de amistad  nos unen- ve amenazada su existencia, justamente por las armas de Irán.

En su afán de buscar apoyos, Irán ha desplegado una intensa ofensiva diplomática en América, destacándose la presencia de su presidente y de altos dignatarios en Venezuela, Nicaragua, Ecuador, y Bolivia, así como la concreción de emprendimientos de diferente naturaleza.

En el marco de un escenario tan complicado y amenazante para la paz, nuestro País decidió incrementar sus lazos con aquel estado, y, en decisión que rechazamos, no se han hasta ahora acompañado los pedidos de la comunidad internacional para evaluar la situación de los Derechos Humanos en dicho estado.

Uruguay viene dando una cantidad de señales que claramente van en la dirección de contradecir la que hasta ahora había sido su política tradicional. Gesto nada menor ha sido el apoyo al reconocimiento del Estado Palestino, gesto de relevancia política claramente innecesario.

El Gobierno sostiene que en realidad está detrás de más mercados y que lo mueven los más altos intereses.  Lo mismo decía, unos meses atrás, cuando le marcábamos los errores que cometía al someterse a las incesantes pretensiones y caprichos del gobierno argentino. Lamentablemente no nos equivocamos.

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