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País o paísito

02/03/2012 Sin Comentarios

Oscar Silveira

Para un país como Uruguay la actual coyuntura histórica se transforma en oportunidad única para saber donde están sus límites. Si uno analiza todos los elementos del momento, no hay uno que de negativo para brindarnos la oportunidad de saltar hacia el desarrollo real e integral del país. Salvo nuestra propia negación a asumir la realidad y hacer lo que el país necesita.

De la coyuntura económica mundial favorable para el país no es necesario remarcar y bien que el gobierno lo ha sabido utilizar para su propio fin pero poco para el fin último del gobierno: asegurarnos un futuro mejor que el hoy.

Asociado a lo anterior, pero en su lado negativo, la situación crítica de países que captaron gran parte del capital humano que el país necesita desesperadamente están dispuestos a volver. Si supiéramos cumplir, como cantamos en el himno, estaríamos logrando que los uruguayos de la diáspora volvieran y se integraran como una fuerza laboral acostumbrada a la dinámica de los países ya desarrollados.

A eso le sumamos la coyuntura regional, los países grandes (Argentina y Brasil) se cierran y dejan en inmejorable situación al Uruguay para ser imán de inversión extranjera y asumir un rol preponderante para las grandes corporaciones empresariales que quieren seguir en la región a pesar de las acciones de aquellos países. A esto hay que sumarle, la seguridad institucional y legal que el país da en nuestro hermanos del plata.

Y para finalizar este corto e incompleto recuento, volvemos a remarcar como los cambios de producción hacen que si Uruguay se prepara pueda realmente expandirse a nuevos sectores dado que cada día la escala deja ser excusa.

Frente a todas estas y otras oportunidades que hacemos, muy poco. Seguimos jugando a vernos el ombligo, a entretenernos con el mundo del discurso dejando el del hacer. Hemos elegido un gobierno que llena el oído pero mantiene rehén al país en el pasado. Parece que esa tan mentada frase del “paísito” se nos metió tan profundo que al final nos terminará condenando.

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