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Orden y autoridad

10/02/2012 Sin Comentarios

Gustavo Penadés

La prensa nos trae diariamente una relación de hechos violentos.

Pero la violencia no la crean los medios de comunicación,  ni ella es solamente  la que los medios relatan ya que estos dan cuenta, únicamente, de una porción de lo que efectivamente sucede. Resulta entonces llamativamente curioso que desde las autoridades se insista con la idea de que la inseguridad es un invento, una percepción creada por la mente de los ciudadanos a partir de estímulos aportados por diarios, televisión  y radio.

La Criminología, pero también otras disciplinas procuran explicación sobre las causas del delito y los mejores medios para prevenirlo y erradicarlo. Otros dirigen sus esfuerzos al a atención de las víctimas y a procurar evitar la reincidencia. Cada una de las disciplinas científicas propondrá sus  explicaciones y teorías que hallarán expresión concreta en las políticas que adoptan las autoridades públicas. La delincuencia en sus diversos grados y expresiones es un fenómeno universal y los estados recurren por tanto a quienes lo estudian y ensayan explicaciones.

Todo ello es muy positivo. Ayuda a comprender y a proceder de mejor manera. Sin embargo cualesquiera sean las teorías elegidas, existen presupuestos  que son de sentido común e imprescindibles.Entre ellos se destacan el respeto a la autoridad, el no abandonar los espacios públicos a los delicuentes,  y un proceso  razonablemente rápido.

Respetar la autoridad es un principio elemental para cualquier sociedad. Pero, en Montevideo será difícil que un policía pueda evitar que un grupo de menores moleste a la gente en una plaza, ya que  la amenaza de detención  no afecta a esos menores y al policía le significa comprarse un lío. Por principio, su accionar estará bajo sospecha. Problema similar tienen el docente y el director cuando aplican sanciones disciplinarias.

Se hace difícil entonces que se pueda mantener el orden, y por tanto la ciudad se vuelve cada vez más hostil aunque no haya necesariamente delincuentes, sea que haya borrachos, drogadictos o gente que viva en lugares en que es inaceptable que lo hagan.  ¿Es tolerable que en la esquina de los bulevares Artigas y España se encienda una fogata para cocinar? ¿Es aceptable qué deban mudarse los vecinos del ex hotel Casino en el Parque Rodó?

Los mensajes a los ciudadanos son claros. En un caso el Estado es incapaz de evitar los campings en una zona residencial.  En el otro confiesa que los delincuentes tienen mejor derecho que los ciudadanos honestos. Ante esos mensajes: ¿Cual será el estado de ánimo de los ciudadanos? ¿Será de seguridad o de miedo al advertir que el Estado los abandona a su suerte? Cuando los ciudadanos no confían en la protección de los agentes estatales: ¿Usan la ciudad o prefieren evitar malos momentos usándola lo estrictamente necesario?

El sistema judicial tampoco proporciona instrumentos que vayan en la dirección correcta de garantizar los derechos. El proceso penal es lento, reina el papel, los jueces ceden atribuciones a sus funcionarios,  y no existe el contralor ciudadano que posibilita el juicio oral.

Responsabilidad importante en el proceso de deterioro de la situación la tiene el propio Frente Amplio que si históricamente rechazó la autoridad y el orden burgués, más recientemente fomentó ocupaciones de tierras y el desconocimiento a las autoridades de la Educación.

Entonces, teniendo a la vista esos antecedentes y creencias,  se hace muy difícil que adopte las medidas necesarias para abordar los problemas desde  una correcta perspectiva.

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