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Incumplimiento de uno de los fines para los que fue donado al Estado el Parque Nacional Anchorena.

10/02/2012 Sin Comentarios

Durante el Gobierno de Tabaré Vázquez, ante una actitud desmedida y anti popular del Presidente de la Republica el Diputado Luis Lacalle Pou expresó en Cámara:

“El 6 de noviembre de 1963, ante el escribano Héctor A. Viana, don Aarón de Anchorena suscribió su testamento. En el legado establecía la donación modal al Estado de lo que se conoce como Parque Nacional Anchorena. Don Aarón de Anchorena decía qué era lo que deseaba que se hiciera con el predio que ocupaba su estancia: quería que llevara como nombre “Parque Nacional Anchorena” y decía también que parte del predio debía ser destinado a fines educacionales, deportivos y otros de interés general.

Fue así que, después de muerto don Aarón de Anchorena, el Estado tomó esos bienes y destinó la casa principal de la estancia a residencia para el Presidente de la República de turno y el resto se utilizó con fines recreativos para la población en general.

La estancia Anchorena está delimitada por el Río de la Plata, por el río San Juan y por otros límites terrestres. El río San Juan es navegable en gran parte de su cauce y, tal como establece el artículo 163 del Código de Aguas, “Todos los habitantes podrán usar las aguas del dominio público y transitar por sus álveos conforme a los reglamentos, para estos fines: [...]“, y a continuación, los enumera.

En el numeral 3º se habla de “Navegación y flotación, salvo las limitaciones establecidas por leyes especiales”; y quiero subrayar la expresión “leyes especiales”. En el numeral 5º de este mismo artículo se hace referencia a “Pesca deportiva y esparcimiento”.

Por su parte, el artículo 478 del Código Civil establece cuáles son los bienes nacionales de uso público y, en su numeral 3º, estipula que lo son “Los ríos o arroyos navegables o flotables en todo o parte de su curso. Se entenderá por ríos o arroyos navegables o flotables aquellos cuya navegación o flote sea posible natural o artificialmente”, mientras el artículo 479 del Código Civil establece cuál será el uso y el goce, y dice que estarán sujetos a las disposiciones del Código Civil y leyes especiales.

Y así fue históricamente: la gente iba a navegar y a pescar; utilizaba el río San Juan, desembarcaba en el muelle que allí existe y paseaba por el Parque Nacional Anchorena. Esto sucedió hasta la dictadura, señor Presidente; pero un día, Aparicio Méndez, dictador de la época, tuvo un problema con unos muchachos que estaban encendiendo una fogata, quienes desconocieron su figura porque estaba vestido con ropa de verano. Y entonces, por el enojo de Aparicio Méndez, durante casi una década se clausuró la navegación por el río y, por supuesto, el desembarco en el Parque Nacional Anchorena. El primer Gobierno democrático reabrió el río -como, naturalmente, debía hacerlo- y se realizó una linda ceremonia a la que concurrieron embarcaciones uruguayas y argentinas.

Así habían seguido las cosas hasta el momento, hasta hace pocos días, cuando a través de la Casa Militar, por medio de una orden verbal del Presidente de la República, se informó a la Prefectura Nacional Naval que no se podrá navegar directamente por el río San Juan sin previa autorización de las sedes de la Prefectura o de la Dirección Nacional de Hidrografía de Colonia o de Carmelo, cosa que nunca se había requerido. ¿Por qué? Porque se aplicaban el Código de Aguas y el Código Civil.

Pero la situación es aún más grave: si se consigue el permiso en la Dirección Nacional de Hidrografía, no se podrá desembarcar en el Parque Nacional Anchorena, contrariando los fines testamentarios de don Aarón de Anchorena.

Aproximadamente cuatrocientas embarcaciones deportivas acuden durante Semana Santa al río San Juan y ahí anclan; además, va gente a vender artesanías y comidas caseras, o sea que se genera un intercambio comercial muy importante entre los navegantes y los habitantes de la zona.

Nosotros no entendemos el porqué de esta decisión, pero lo podemos intuir. En primer término, se nos dice que es por seguridad

presidencial. Yo no creo que el Presidente tenga temor a algún acto por parte de un nacional, de un oriental. ¿Será, quizás, que a raíz de esta moda piquetera proveniente de la vecina orilla teme que la gente de Greenpeace o de alguna otra organización llegue hasta el río San Juan y se ate a un ejemplar de ciervo axis o realice algún tipo de manifestación? No conocemos la razón, pero lo que no podemos aceptar es que, contrariando el Código de Aguas, el Código Civil y la legislación nacional, pagando justos por pecadores, en una medida que solo recuerda a Aparicio Méndez, se cierre la navegación por el río San Juan, aunque sea temporalmente; ni las leyes, ni el testamento de Anchorena, ni la práctica civilizada de nuestro país lo han establecido.

Por lo tanto, bregamos por que esto cambie, y anticipamos que de continuar esta medida convocaremos a los señores Ministros de

Transporte y Obras Públicas y de Turismo y Deporte a las Comisiones respectivas para que informen sobre el porqué de este acto desmedido.

Solicitamos que la versión taquigráfica de estas palabras sea enviada a la Prefectura Nacional Naval -a los destacamentos de Colonia, de Carmelo y de Nueva Palmira-, al Intendente Municipal de Colonia, a la Junta Departamental de Colonia, a los familiares de don Aarón de Anchorena que tienen residencia casual en nuestro país, al señor Presidente de la República y a la Casa Militar”.

Años después la situación permanece igual. Aprovechando la posible reunión del actual Presidente con su elenco de Gobierno en la Estancia Anchorena el Diputado Lacalle Pou insiste con su planteo.

 

07/02/2012

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