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Una breve visión sobre la historia reciente

29/12/2011 2 Comentarios

Luis Alberto Lacalle Herrera

Estuve donde había que estar cuando vinieron las difíciles. ¿Me van a decir que la bomba me la pusieron los del Sacré Coeur en la puerta de mi casa?  Cuando me secuestró José Arab Fernández, después de ejercer violencia moral y física sobre mi mujer, embarazada del hoy Presidente de la Cámara de Representantes, no sé dónde estaban los otros. Así que sayos, no; banderas, todas: la de la Patria y la del Partido Nacional. Ahora, ¡no vamos a permitir que desde el Partido Comunista o de donde sea se  nos insulte y se nos haga poco menos que cómplices de delitos! Si nosotros hiciéramos inferencias con signo contrario, le prendíamos fuego a la pradera y  no estoy para eso. Sabemos de qué lado estaban los que mataron, los que secuestraron y robaron; fueron de los dos. Quiero dejar aquí mis palabras porque estoy a favor de la paz, pero no puedo permitir el enchastre del que se ha pretendido que seamos objeto.

En esta muy breve intervención simplemente vamos a marcar dos clases de temas. Vamos a tener dificultades en contarle, no ya a nuestros hijos sino a nuestros nietos, toda esta historia reciente del Uruguay –que va dejando de ser reciente en la medida en que pasa el tiempo–, sobre la cual creo que lo peor que ha ocurrido es pretender contarla sesgadamente. Hay dos maneras de corromper la verdad: una es contar la mitad de la verdad y otra es usar el lenguaje en forma equívoca. Si la memoria colectiva –que es la Historia– se escribe sesgadamente, se está agraviando a esa memoria colectiva; y si a las palabras se les pretende dar otro sentido, se vuelve imposible la comunicación entre los seres humanos. Y para que conste, porque son muchos los que la relatan de otra manera, voy a recordar los principales episodios de la Historia reciente, la Historia que hemos vivido –por lo que quizás la sentimos más cercana–, la Historia en la que hemos sido espectadores y, a veces, modestos partícipes.

Una breve síntesis de la historia reciente

Se ha instalado en la enseñanza, en alguna parte de la prensa y en el discurso político una versión maniquea de la Historia, una visión en la cual se cultiva blanco y negro, bueno y malo, en una ignorancia total de lo que es la historia de los seres humanos pero, además, en la tergiversación de episodios y el silencio de circunstancias que fueron reales, tanto como que las vivimos y sufrimos muchas veces. Diría que acá tenemos que analizar dos tramos de la Historia del país: 1963-1973 y 1973-1984, es decir, 21 años dramáticos en nuestra historia. En esos 21 años se producen hechos que nadie puede negar y voy a hablar de ellos sin ningún calificativo.

En 1963 se inicia la lucha armada de los distintos grupos que fueron denominados genéricamente “la sedición”. Comienzan en un país gobernado democráticamente, con todas las libertades, con opciones de muchísimos partidos para votar: Partido Nacional, Partido Colorado, Partido Comunista, Unión Cívica –creo que en ese entonces ya era PDC–, Unión Popular, Partido Trotskista, etcétera, con absoluta libertad de prensa y libertad de expresión. En ese momento irrumpe en la historia del país un grupo minoritario que considera –muchas veces la soberbia es la compañía de las minorías– que sabe más que la gente votando, que es capaz de ver con claridad donde las mayorías no veíamos –es decir, una actitud típica de soberbia– y decide proceder a la cirugía política en un país que practicaba la terapéutica. Gobernaba el Partido Nacional; en 1966 es electo el General Gestido –nuevamente en régimen constitucional– y al año, a su muerte, es sucedido por don Jorge Pacheco Areco, que era su Vicepresidente. Luego se llevan a cabo las elecciones de 1971 y se llega al año 1973.

El golpe de Estado –cirugía política máxima– que se practicó en ese momento es muy peculiar; no es el golpe tradicional latinoamericano, para el cual nuestro país no tenía materia prima, no tenía masa crítica, por decirlo de alguna manera. Empieza de una manera extraña y una revista norteamericana que se refería a los episodios de 1973 –que son dos: los de febrero y los de junio– decía con mucha exactitud y muy gráficamente que se había tratado de un golpe de Estado en cuotas. Efectivamente, aquí hubo un episodio de anuncio en febrero y otro ya definitivo en junio de 1973. ¿Qué peculiaridades lo alejaban de ese esquema, diría, tradicional –lamentablemente– para América Latina? Que por primera vez se incorporaba un componente nacido en el pensamiento de militares peruanos, de una fracción militar que no respondía automáticamente a incitaciones de ser de derecha sino que había introducido en su pensamiento muchos ingredientes que lo ubicaban totalmente fuera de esquema. Las  apelaciones a la reforma agraria o a la nacionalización de distintos aspectos de la vida del Perú, por primera vez se convirtieron en la conversación que podemos imaginar fácilmente en los casinos de Oficiales. Es decir que una vez más nuestro país venía con un esquema que no era el tradicional; de ahí –tal como que se ha relatado acá– que determinadas fuerzas de izquierda –como el Partido Comunista– hayan sentido que, en esa dicotomía de oligarquía y pueblo que se ponía de manifiesto, quizás había una vía de coincidencia entre el marxismo y estos militares cortados con una tijera distinta. Esto es aceptable en tanto y en cuanto uno pertenezca a una ideología en la que el tema democrático tenga una valoración distinta de la que tiene para nosotros. Este es un hecho que se puede constatar.

Por su parte, en 1973 tuvo lugar el episodio que todos conocemos. Pero antes –y me voy a citar a mí mismo, aunque no es mi costumbre, porque tengo memoria muy clara del episodio–, tuvo lugar una de aquellas eternas Asambleas Generales, que no tenían término porque el antiguo Reglamento era genocida para los señores legisladores –era una violación a los Derechos Humanos en reiteración real–, en la que llegamos a estar 48 horas del otro lado del patio, sesionando, y recuerdo discursos que me alegro de haber oído porque eran una maravilla de resistencia física e intelectual. Recuerdo los discursos admirables y de gran elocuencia de los entonces Senadores Enrique Erro, Rodney Arismendi –con quien siempre tuve una muy buena relación, quizás porque era de Cerro Largo y vasco, aunque no había resultado blanco– y Michelini, padre del actual Senador Rafael Michelini, que se agarraba del borde de la banca, expresando la tensión que surgía de su mente privilegiadamente clara y de su verba que agotaba a los pobres taquígrafos, porque hablaba más rápido de lo que se podía tomar taquigráficamente. En esos tiempos, nosotros asistíamos a estos episodios y en uno de ellos, en mayo de 1972 –no lo olvido–, le pregunté al entonces Subsecretario Volentini si habían terminado los aspectos bélicos del enfrentamiento con la sedición, a lo que me respondió que sí, que se había derrotado el intento de ir contra la Constitución. Eso significaba que el fenómeno del levantamiento había sido respondido, primero por las fuerzas policiales solamente, y luego por la Policía y el Ejército, por lo que el episodio había terminado.

Llega el año 1973 y se producen las sucesivas etapas de gobierno –que no son homogéneas–, pasando el mando del Presidente Bordaberry al Presidente Demichelli, luego brevemente al doctor Aparicio Méndez y, finalmente, al General Gregorio Álvarez, que lo ejerce hasta el final. Si bien estas etapas no fueron homogéneas, reitero, esto no viene al caso.

Cuando finaliza esta etapa se puede decir que había una minoría que creía que sabía más que la gente cuando se expresaba a través del voto, y había hecho una especie de péndulo desde la primera minoría hasta la otra, negándole a la gente la posibilidad de votar al suspender las elecciones previstas para el año 1976, ingresando así plenamente en un régimen carente de base legal.

Esta es la historia tal como la conocimos y la vivimos y todo esto es meramente descripción de hechos verdaderos, probables y comprobables, como son todas las cosas que tienen esencia de verdad.

Creo que lo primero que tenemos que hacer es mirarnos por dentro. El ejercicio político no puede presumir intenciones ni meterse en el alma ajena, pero todos tenemos que pensar si estamos contando las cosas como fueron o como hubiéramos querido que fueran. Me parece que el Gobierno actual y el anterior tienen que rectificar rumbos en lo relativo a la enseñanza, porque no podemos pedir a los politólogos que cambien su forma de pensar –tienen la libertad de hacerlo– pero es notorio que no hemos dicho la verdad absoluta sobre lo que pasó. Habrá que reconocer que los dos episodios de las minorías sucedieron, porque ese es el primer elemento para la reconciliación; y el que tenga que reconocer que se equivocó, que lo haga, como lo hemos tenido que hacer todos en nuestra vida. Me parece que no es bueno aferrarse a que de un lado estaban los buenos y del otro los malos y a que de un lado no se cometió ningún error. Por mi parte, no puedo hacer otra cosa que un llamado a que pensemos si no tenemos que hacer un acto de introspección y comportarnos y hablar de una forma distinta. Espero que cuando llegue el fin del mandato no tenga que irme de esta banca sin que alguien del Frente Amplio reconozca que la sedición también torturó, robó, mató y secuestró. Simplemente se trata de reconocer que así fue. ¡Cuánto más valor tendrían las expresiones que hoy se hacen si se dijera que también del otro lado hubo violaciones –y vaya si las hubo– de los Derechos Humanos! No voy a contar nuevamente mi experiencia de cuando estuve de visita en la Cárcel del Pueblo –aclaro que sólo la primera vez estuve de visita o fui por mi voluntad; la segunda llegué allí encapuchado–, pero puedo afirmar que fue tremendo ver el lugar en el que estaban las personas que habían sido apresadas ilegalmente y por la fuerza. Eran unas jaulas de un metro por dos, bajo tierra, y aunque sé que es algo que cuesta, me parece que alguien tendrá que decir que se arrepienten de haberlo hecho y que se equivocaron. También es cierto que requeriremos lo mismo para quienes cometieron tropelías con prisioneros y prisioneras luego de los episodios bélicos, porque nosotros no tenemos un ojo tapado, sino que vemos la Historia con los dos ojos.

Se ha hablado hasta gastar la palabra del concepto de impunidad, que quiere decir que alguien es no punible o castigable, y creo que en la Historia reciente hay muchos impunes; seguramente algunos sean integrantes de las Fuerzas Armadas, pero otros formaban parte de las fuerzas sediciosas, se fueron del país, y no estuvieron presos ni un solo día. Incluso, algunos de ellos se han ufanado contando cosas que la prudencia mínima obligaría a no recordar. Esto es lo que duele a gran parte de nuestro país.

La solución inicial

En el año 1985 voté la Ley de Amnistía, luego la de retorno de los funcionarios públicos y, finalmente, la llamada Ley de Caducidad. Hemos vivido intentando que todo aquello fuera aportando para una paz que es más compleja de lo que parece. Seguramente, las tres decisiones tuvieron un alto grado de injusticia, porque no todos merecían ser amnistiados, no todos los funcionarios merecían volver a sus cargos y no todos los militares merecían estar amparados por la denominada Ley de Caducidad. “Lo cierto es que miramos lejos, con telescopio y con perspectiva; no nos detuvimos en lo inmediato y no apelamos a recuerdos personales para cortar en paño negro las memorias sombrías”. Obviamente, esta frase no es mía porque es demasiado linda, así que luego revelaré a quién pertenece.

Luego de votar esas leyes devienen los gobiernos democráticos –voy a pasar por alto el mal gusto de algunas menciones a los episodios de dificultad que vivimos desde la Presidencia de la República– del Partido Colorado, del doctor Vázquez y, ahora, del Presidente Mujica. Creo que hay una especie de bloqueo cuando se habla de la justicia, y si quisiéramos sacar lonja de este cuero, podríamos sacar mucha.

En una gran intervención, mi amigo y correligionario, el señor Senador Moreira, mencionaba que aquí no hubo reparación para las víctimas de la sedición, a pesar de que el Mensaje lo envió el Doctor Tabaré Ramón Vázquez Rosas, con la firma de Danilo Astori y de las Ministras Daisy Tourné y Azucena Berruti. Lo cierto es que no hubo reparación para los otros. ¿Esto es justicia? ¿Así que los muertos son A y B? La pobre familia de Pascacio Báez no pudo recibir una reparación. Cabe recordar que el Doctor Tabaré Vázquez, en un gesto que lo enaltece, envió este Mensaje y la lista de los denominados causahabientes –por decirlo en un cierto sentido jurídico– o víctimas. ¿Por qué no lo votaron? ¡Cuánta más fuerza tendrían sus argumentos ahora si pudieran decir, sin discusión: tratamos el Mensaje del Doctor Vázquez y reparamos, o mejor dicho, intentamos reparar lo irreparable, porque la vida no se devuelve.! ¡Cuánta más autoridad que la legítima y legal por ser Senadores le tendríamos que reconocer a los compañeros integrantes del Cuerpo! ¡Cuánta más fuerza tendrían, desde el punto de vista de su capacidad de convencer, si hoy mismo alguien dijera que se le va a reclamar al Presidente Mujica –como lo hemos hecho nosotros el otro día– que mande de nuevo la iniciativa que se requiere para esta ley y que se va a votar sin discursos por parte de nadie, porque ante la muerte debemos tener el mismo respeto! Y hubo muertes de todo tipo; no entremos en las crónicas detalladas de estos actos.

Los aspectos jurídicos y políticos de la actual propuesta

Se ha mencionado por parte del miembro informante, Senador Michelini –y con esto entro en el segundo capítulo, no de jurista sino de algunas menciones y episodios de carácter jurídico–, que el Gobierno ya había hecho lo suyo después de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Y es cierto, porque se aprobó el acto por el cual se derogan las dieciocho resoluciones del Poder Ejecutivo que señalaban determinadas circunstancias como incluidas en la llamada Ley de Caducidad. Desde el punto de vista jurídico esto es destinatario de una inconstitucionalidad grande como este Palacio, porque en la propia sentencia de Nibia Sabalsagaray se cita otra sentencia en la cual la Corte señala –y todos estamos contestes– que cuando una interlocutoria pone final al proceso penal –porque se recibe del Poder Ejecutivo que está incluida en la llamada Ley de Caducidad–, tiene toda la fuerza de definitiva. Esos procesos terminaron por siempre jamás, y un decreto no va a reavivar esto. Entonces, ¡se habrá intentado, se habrá querido hacer algo, pero no es viable hacer nada! ¡No es viable hacerlo! Están amparados por la cosa juzgada, una de las garantías más grandes del Derecho en todas partes del mundo.

Algunas fuerzas políticas tienen un conflicto con la Suprema Corte de Justicia, porque cuando esta opina que el IRPF es inconstitucional, no solamente se ponen malos y la amenazan, sino que, de paso, penalizan presupuestalmente al Fiscal de Corte. ¡Nunca se vio cosa igual! No hay dinero para computadoras, no hay plata para nada. ¿Por qué? Porque te portaste mal. Esos son arrestos totalitarios que tienen que cuidarse de no repetir, porque al Fiscal de Corte hay que defenderlo aunque no nos guste. Esa es la diferencia: para nosotros, la Corte es la Corte, nos guste o no.

Además, considerando las disposiciones constitucionales que nos rigen, la Corte puede decir que sí o que no en un determinado asunto; puede considerar que un asunto es inconstitucional y, sin embargo, que otro es constitucional. De hecho, eso ha sucedido. Entonces, de nada vale afirmar que la Corte haya dicho dieciocho, treinta y seis o cuarenta y tres veces que el asunto era inconstitucional, porque no se trata de un partido de fútbol o de básquetbol; no es un score. Mañana la Corte podrá cambiar en su integración y será verdad –es una de las maravillas del Derecho– que aceptamos que es verdad lo que la Corte dice en ese momento. Y así se rige una sociedad bien organizada. Una Suprema Corte de Justicia a medida sería lo peor que podría sucedernos. En ese sentido, ya del otro lado del río el mal es endémico. Pero vamos a no ingresar en terrenos que pueden llevar a males mayores.

En cuanto a la reparación, señor Presidente, el tema demuestra un doble estándar, y el concepto de impunidad también. Creo que no es bueno que se prosiga por este camino, pero no estoy aquí para dar consejos sino para emitir una opinión. Entonces, me gustaría poder decir que esta es la última vez que tratamos el tema. Lo dijimos hace un par de meses; lamentablemente toda la jurisprudencia está en nuestra contra. Considero que aquí estamos –y disculpen el ejemplo– en una especie de tómbola: plebiscito de 1989, reforma constitucional, una ley, otra ley. ¿Hasta cuándo? ¿A ver si alguna vez embocan, si alguna vez se logra un resultado?

Por otra parte –y en esto me permito emitir un juicio, no presumir intenciones porque no puedo–, creo que hay mucha gente que está tranquila con la salvaguardia de que la Corte va a declarar inconstitucional todo esto. De esa forma, se cumplirá el objetivo político, pero no tendrá consecuencias jurídicas. El tiempo lo dirá; no estamos aquí para adivinar el futuro sino para tratar de que no nos devore el pasado.

Fuente: Exposición en Cámara de Senadores

2 Comentarios »

  • Claudia van der Weck :

    Estimado Senador Luis Alberto Lacalle : Lo felicito por Exposición en Cámara de Senadores. Vere si encuentro el video de dicho discurso en la web del Palacio Legislativo. Me gusta lo que ha escrito.
    Creo que es oportuno y necesario refrescar la memoria a los ciudadanos, especialmente a los jovenes que no conocen lo que se vivio, ni nadie les enseña…. lo que realmente y objetivamente sucedio… Durante la Dictadura, o en periodos de Democracia.
    Es muy importante a los jovenes uruguayos, informarlos, y tambien instruirlos respecto de los tiempos pasados.

    Si en las librerias nos invaden libros como Lucia: La Guerrillera o se nos pretende inculcar sistematicamente, al mejor estilo de Paolo Coelho, fasciculos sobre el CV del Sr. Fernandez Huidobro…. la oposicion necesita aclarar, como usted lo hace en este discurso: Que no todos estamos: ni confundidos, ni conformes, ni faltos de critica. Ni tampoco hemos perdido la memoria.

    Si no contrarrestamos a diario, con opiniones firmes, solidas y claras las opiniones desvirtuadas de los ex-sediciosos, que pretenden ser declarados o publicitados como heroes…, los unicos culpables y responsables de nuestro caos vividamente palpable, seran los que se conforman y no tratan de encausar eficientemente e inteligentemente un cambio. Un cordial saludo a Usted y su Sra. esposa.

  • Teresa Purtscher :

    Deseo unirme a la gente que se encuentra con unas contribuciones exageradamente altas, me gustaría ubucar a Claudia Van der Weck
    gracias el 16 de febrero se me vence una casa.

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