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El Ministro no conformó

29/12/2011 Sin Comentarios

Pablo Abdala

La semana pasada se llevó a cabo, en la Cámara de Representantes, el llamado a Sala al señor ministro de Industria por el abultado endeudamiento que el país mantiene con Venezuela, por concepto de la adquisición de petróleo. La instancia parlamentaria, en la que nos correspondió el honor de representar al Partido Nacional, resultó provechosa, porque permitió profundizar políticamente en un asunto de entidad, pero – a la vez – insuficiente e insatisfactoria, en tanto el jerarca convocado no contestó en forma concreta sobre los aspectos de mayor interés.

Algunos datos, sin embargo, quedaron claros. Corroborando nuestras afirmaciones iniciales, el ministro Kreimerman confirmó que el monto actual de la deuda es de 777 millones de dólares (entre capital e intereses), que estamos endeudados con Venezuela – por lo menos – hasta 2030, que ya hemos pagado más de 100 millones de dólares por concepto de amortizaciones (desde 2008) y que, por la misma razón, deberemos pagar a la empresa venezolana un promedio de 55 millones de dólares anuales hasta 2020. Todas estas cifras, obviamente, resultarán tanto más gravosas, cuanto mayor sea el uso que le demos, hacia el futuro, al mecanismo que con la contraparte hemos pactado para la compra de crudo.

Por cierto, una primera diferencia que tuvimos con el representante del Poder Ejecutivo se vincula con la valoración de aquellos números. Para el gobierno se trata de una situación inocua y manejable, teniendo en cuenta que Ancap es un ente que factura entre dos y tres mil millones de dólares. Para nosotros, no es con el nivel de facturación que el asunto debe medirse (buena parte del mismo son impuestos) sino  con el resultado económico y las utilidades. Ancap arrastra dificultades económicas y financieras desde hace años (en 2008 dio pérdidas) y desde hace años no traspasa utilidades a rentas generales. Es en ese contexto que deben ubicarse los 55 millones anuales que, como mínimo, ya estamos obligados a pagar.

Sin embargo, el cuestionamiento mayor que desde la oposición formulamos se vincula con el destino de esos dineros. Podría decirse que allí se encuentra el motivo principal de la convocatoria ministerial que impulsamos. Fue – y sigue siendo – preocupación central del Partido Nacional conocer el uso que, durante los últimos siete años, las administraciones del Frente Amplio le dieron a esos recursos públicos. Lamentablemente, el ministro no le dio al Parlamento, al respecto, respuestas convincentes ni satisfactorias, y reiteró las generalidades, las evasivas y, aún, las muletillas que durante todo este tiempo  hemos escuchado hasta el cansancio.

En efecto, se afirmó en sala que, utilizando el “crédito blando” de Venezuela, se financió la construcción de determinadas obras y la compra de nuevos activos (planta desulfurizadora, portland, Alur, Texaco, entre otros). La sensación que quedó es que, con tal de justificar la deuda, todo se cargó a su cuenta, aún las inversiones en Alur, a esta altura incalculables. Distinto sería – lo dijimos en el debate – si se hubiera constituido un fondo al que se destinara el 25% de esas compras de petróleo, y con ello se cumplieran determinadas inversiones claramente establecidas. Sin embargo, todo fue a parar a la misma bolsa, o al mismo agujero negro.

Por otro lado, se procuró explicar el enigmático destino de los recursos en la cancelación de otros pasivos. Se dijo, incluso, que la política fue sustituir deuda “cara” por deuda “barata”. Sin embargo, demostramos que Ancap es una empresa que está más endeudada, cuyos pasivos se han incrementado sistemáticamente durante los recientes ejercicios. En ese marco, además, introdujimos a la discusión, y no fue contestado, que acaban de contraerse dos préstamos por 270 millones de dólares con la banca “off shore”, por necesidades de caja y con vencimiento de un año, todo lo cual fue observado por el Tribunal de Cuentas.

Finalmente, cabría decir – así lo manifestamos en la sesión – que el ministro fue a la Cámara con las manos vacías. Se generó una gran expectativa en lo previo por un viaje del presidente de Ancap a Venezuela, del que resultaría una solución al tema de la deuda. Por esa misma razón fue necesario postergar la fecha del llamado a Sala pero, aún así, el titular de nuestra empresa pública no llegó de Venezuela, y mucho menos la solución. Fue a raíz de eso que recordamos la larga historia de tratativas que fracasaron para obtener una quita o la cancelación de lo adeudado, la última de las cuales tuvo al Presidente Mujica como protagonista, intentando – ataviado con la campera del ejército venezolano –  compensar el pasivo con exportaciones de trigo, pollo y arroz.

Tal como afirmamos en nuestra intervención inicial, más allá de afinidades ideológicas y de las afirmaciones del Presidente Chávez, Venezuela no nos regalará nada. Todo esto tiene, para ese país, valor estratégico, porque le asegura la dependencia energética de Uruguay, desde la enorme concentración de nuestras importaciones de petróleo con un solo proveedor. Los acuerdos energéticos con la República Bolivariana, o bien han sido letra muerta, o bien han resultado ampliamente favorables a uno de los dos países, no precisamente el nuestro. Lamentablemente, el gobierno del Uruguay parece obnubilado por alguna circunstancia que no lo deja reaccionar.

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