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Al protector de los pueblos libres

29/12/2011 1 Comentario

Luis Alberto Lacalle Herrera

Está en medio de nosotros, esta vez en una presencia palpable y cotidiana para quienes vivimos nuestra vida pública en esta Casa, y ello tiene que ser motivo de sentirnos y ser mejores. Es el Jefe de los Orientales, el único que ha podido llevar y llevará en el futuro esa magnífica definición, porque por encima de partidos y opiniones, es la bisagra esencial que unifica a la Nación. Fue el Protector de los Pueblos Libres, el único con la visión realista acerca de la hipotética organización de los pueblos del Plata, de la articulación del sistema federal, que pudo haber sido pero que no fue, porque el centralismo portuario dominante no admitía la autonomía provincial. Es el fundador de la nacionalidad oriental independiente en forma absoluta y para siempre, después del fracaso de las Instrucciones del Año XIII; ésta que, siendo libre, no teme ni ofende a nadie.

Nos dice en su muda pero elocuente presencia que las seguridades del contrato son las que la sociedad necesita para ordenarse, porque siempre es veleidosa la probidad de los hombres y el íntegro respeto a esas normas es la única solución. Lo sabemos, porque otra cosa hemos probado para que la Nación se organice en respeto y bajo la ley. Nos enseñó que la clemencia tiene que ser el final de los enfrentamientos y que debe ser respectiva para que sea realmente eficaz. No demanda olvido, porque las memorias son sagradas, pero sí perdón, que tiene que ser más fuerte que la memoria.

Valientes e ilustrados

Para ser valientes y para ser ilustrados nos convoca. Quizás hoy, en el mundo actual, más que nunca, es necesario ser ilustrados para poder ser valientes, porque enfrentar la vida requiere valor y valores, y solamente mediante la ilustración podrán las generaciones futuras enfrentarla con el conocimiento y la voluntad de ser, de a uno y cada uno de nosotros, mejores.

Libertad civil ante todo

Ordenó y dispuso que la libertad civil y religiosa fuera respetada y promovida en toda su extensión imaginable, pero una libertad bajo el orden –como corresponde a los seres racionales–, una libertad en todos los sentidos, desde lo político a lo económico, pero sobre todo la soberanía del individuo para determinarse en función de su responsabilidad. También defendió la libertad de comercio, la libertad de los puertos, que es para la Patria el camino de la prosperidad.

Cristianamente ejerció la solidaridad con los más infelices, pero no en la dádiva, sino en el otorgamiento de la oportunidad, que es la única salida que tiene la pobreza para el ser humano: la oportunidad igual, para que cada uno labre, en función de su esfuerzo, su destino.

La autoridad soberana

Nos enseñó –y nos lo dice este frontispicio de la Asamblea General– que si aquí estamos, es por la autoridad que otros nos dieron. Debemos recordarlo, porque es a término y bajo responsabilidad de dar cuenta de los actos que cada uno ejerza en función de ese mandato.

Doscientos años nos separan de esas jornadas que hoy recordamos. Luego vendrían, en la larga peripecia de la Patria, las luchas sangrientas entre hermanos –en la formación de las primeras causas partidarias–, los zarpazos de las intervenciones, el lento trabajo de la organización nacional, que en el siglo XX iba a cobrar la forma que hoy queremos y debemos mantener. Iba a haber embestidas minoritarias contra el ordenamiento que queremos darnos, pero la Patria ha sobrevivido. Y hoy, en esta Casa, en este ámbito, en esta Cámara de Diputados y de Senadores, en esta Asamblea General que es el retrato exacto de la opinión pública, a través del mecanismo de la representación proporcional integral, le damos al Jefe de los Orientales la bienvenida.

Permítanme, que la evocación vaya hacia aquellos días de la Patria niña, cuando daba sus primeros pasos temblorosos, pisando el rocío en la mañana de Las Piedras, esa que era impoluta por definición y a la que tenemos que mirar como impoluta, porque la Patria es el valor máximo absoluto que los seres humanos podemos tener en este mundo; después de Dios, la Patria.

Por eso, permítame que esta evocación termine con las expresiones del Poeta de la Patria:

“Protege ¡oh Dios! La tumba de los libres;

Protege a nuestra patria independiente,

Que inclina a Ti tan sólo,

Sólo ante Ti, la coronada frente”.

Fuente: Exposición en 13º Asamblea General  -  1º de diciembre 2011

1 Comentario »

  • Dolcina techera :

    COMO NO PODIA SER DE OTRA MANERA,MUY BUENA LA RESEÑA E HISTORICA, Y LA EVOCACION CREO QUE A LOS URUGUAYOS,LES VIENE BIEN UNA REFRESCADA DE MEMORIA,SOBRE TODO A LO JOVENES,QUE LES HAN TERJIVERSADO LA HISTORIA.GRACIAS Dr LACALLE,EN POLITICA Y PATRIOTISMO USTED TIENE MUCHO PARA DAR UN AFECTUOSO SALUDO. DOLCINA. TECHERA

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