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Uruguay: Cancillería y diplomacia brutas

23/12/2011 Sin Comentarios
Jorge Azar-Gómez

¿Qué es un bruto? Existen varias definiciones: se aplica a la persona que es torpe, poco inteligente o de escasa formación. También, a la persona que observa malos modos o que es poco educada. Cosa tosca y no trabajada. ¿Cuáles son los sinónimos de bruto? Necio, incapaz, torpe, desenfrenado, tosco, rudo, grosero.

Pues bien; el diccionario nos proporciona una idea. Si quien dirige el país comete actos dignos de un bruto, su resultado no será otra cosa que cosa de brutos. Los reiterados hechos de brutalidad manifiesta del Presidente José Mujica y del Canciller Luis Almagro en declaraciones públicas y, peor aún, en foros internacionales donde estamos expuestos al mundo, nos otorgan cada vez más esta característica.

Vale preguntarse, entonces, y ante tanta agresividad desde el gobierno argentino, tanta invasión a nuestra soberanía, tanto pisoteo a nuestra dignidad, por qué el Uruguay debe acatar la prepotencia del poder arrabalero porteño y tomar resoluciones de brutos.

¿Por qué el Uruguay debe acatar todos los caprichos de ese poder, que en forma permanente agravia y enjuicia ante foros internacionales?

¿Por qué el Uruguay debe continuar maniatado a los resultados de una invasión a las Islas Malvinas, hecho que fue inconsulto, irresponsable y suicida? Por cierto, no es aceptable aquello de que fue responsabilidad del “borracho de Galtieri” y que nadie acompañó esa decisión. Esto es una cabal mentira, en virtud de que la totalidad de los funcionarios hoy presentes en el gobierno de la República Argentina apoyaron directa o indirectamente aquel acto, con discursos sensibleros, lacrimógenos y necrofílicos hasta terminado el conflicto. Muchas de estas personas brincaban de alegría en Plaza de Mayo, al grito de “el que no salta es inglés”. Se trató, antes bien, de un sentimiento futbolero, mas no patriótico.

¿Por qué la República Oriental del Uruguay debe continuar amarrada a un conflicto que la Argentina extrajo de los organismos internacionales para trasladarlo al terreno bélico? Luego de la rendición, los sucesivos gobiernos de Buenos Aires retornaron a dichos organismos, buscando soluciones dignas para ambas partes.

Si este diferendo acaso durase más de cien años en resolverse, ¿acaso el Uruguay deberá seguir impregnado de la política “estampilla” del Canciller Almagro por esos cien años más?

¿Sabe el Presidente José Mujica que mientras él prohíbe el arribo de buques británicos o con bandera de las Islas Malvinas, todos esos barcos reprograman sus escalas para atracar en puertos brasileños? ¿Será que la Argentina no le reclama a Brasil por esta desviación de lo acordado en el UNASUR? Mientras la Argentina agobia al gobierno de Montevideo con esta variable -perdiendo el Uruguay más de US$ 300 millones-, ¿actúa Brasil como un cordero?

¿Por qué el Uruguay debe ser más “papista que el Papa” cuando la presidenta Cristina Fernández Wilhelm, en ocasión del discurso que diera en su reasunción -junto a El- no le dedicó ni siquiera un punto y una coma al conflicto de Malvinas?Menos espacio le brindó a los abandonados veteranos de aquel conflicto, que hoy se encuentran tirados en la calle, arrinconados por la perspectiva del suicidio… más los cientos que se han quitado la vida.

Recordemos que cuando la Presidente Cristina Fernández Wilhelm de Kirchner asumió por primera vez, en su discurso ante el Congreso de la Nación -y frente a mandatarios de todo el globo- le enrostró al Presidente Vázquez la postura tomada por el Uruguay de cara a la instalación de la planta de celulosa. ¿Acaso fue más importante para el patrimonio histórico del gobierno argentino el conflicto con el Uruguay, por sobre el reclamo de soberanía en las Islas Malvinas?

¿Por qué debe el Uruguay inmolarse por la derrota de Argentina en el conflicto bélico que ese país inició y cuyas salidas pacíficas se esforzó reiteradas veces en despreciar? La República Oriental del Uruguay ha observado siempre una tradición de resoluciones pacíficas, precisamente, lo que la Argentina ha demostrado ignorar. Así lo ha demostrado su gobierno, en ocasión del conflicto de las “pasteras”.

Repasemos algunos capítulos en los que quien esto escribe ha oficiado de testigo, a partir de haber conducido la delegación de Uruguay ante Naciones Unidas…

La Argentina rechazó el planteamiento del Secretario General de la ONU quien, a los pocos días de la invasión -y por la vía de un negociador- solicitó al gobierno argentino que entregara las dos banderas (la de Argentina y la de Inglaterra) a la ONU, en tanto el organismo se ocuparía de ubicar en la isla un contingente de paz y abrir, a posteriori, una oficina en Montevideo para su administración. La respuesta tajante del Canciller Costa Méndez fue: ”No; no la aceptamos pues nunca nos retiraremos y jamás nos rendiremos”. Finalmente, poco antes de votarse la resolución definitiva (505), el emisario se acercó al canciller argentino -a pedido del Secretario General- y le sugirió que expresara que la Argentina aceptaba lo indicado en la resolución 202. El canciller, ya derrotado, respondió: ”Dígale al Secretario General que aceptamos cualquier cosa”.

La Argentina no aceptó la propuesta, y esa decisión fue letal para las negociaciones de paz que también supo llevar a delante el entonces Papa Juan Pablo II. El gobierno argentino se puso en contra a la Cancillería del Vaticano.

Los argentinos cosecharon sus primeros apoyos en el Consejo de Seguridad de la ONU; luego llegaron el de Cuba, el de la Nicaragua sandinista, el de Royos en Panamá y el de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Se trataba de apoyos de firme carácter, que lograron inquietar a un sinnúmero de cancillerías extranjeras: se especulaba con que, de triunfar la toma de las Islas Malvinas, la Argentina (al tener que devolver los favores políticos), convertirían al archipiélago en una suerte de Cuba, pero en el sur del continente. Aquellas cancillerías hoy se preguntan qué sucedería si las islas vuelven a manos de Buenos Aires, ante un gobierno tan irracional y bruto como el actual.

La Argentina también rechazó la participación del general estadounidense Vernon Walters, que en esos días se encontraba “casualmente” en territorio argentino.

En este momento de la historia, Buenos Aires presiona a Montevideo para no permitir atracar a buques con bandera de Inglaterra y/o de las Malvinas. El Presidente José Mujica y su torpe Canciller Luis Almagro logran una resolución, concediendo el reclamo argentino, y aduciendo que esta postura fue adoptada oportunamente por la totalidad de los integrantes de UNASUR (algunos de los cuales integran también el MERCOSUR). Pero sucede que, apenas iniciado el conflicto de las “pasteras” en la Casa Rosada y la República Argentina alentó a sus ciudadanos a cortar las vías de acceso terrestre hacia el Uruguay, ninguna de aquellas naciones de UNASUR/MERCOSUR se molestó en tratar el tema: miraron para otro lado.

Esto me recuerda que, en ocasión de la invasión a las Malvinas, no logramos alcanzar un acuerdo en el Grupo Latinoamericano de ONU para consolidar una declaración que solicitara el cese de hostilidades: casi todos los integrantes desconfiaban del entonces primer mandatario de la Argentina, del mismo modo en que ahora los uruguayos desconfiamos de la actual Presidente.

El Señor Presidente José Mujica debería -antes de tomar una resolución- exigirle una explicación a jefa de estado argentina, en relación al atraque en el puerto de Buenos Aires de los barcos “CELINE C” (el 2011-12-17, hora 14:59 / Tipo de barco: “Carga”) y el “PINK GIN” (información del 19 de diciembre de 2011, hora 16:01 / Tipo de barco “Pleasure Craft”). Estas naves se encuentran actualmente en Buenos Aires y navegan con sendas banderas del Reino Unido.

La estrategia aplicada hasta ahora con el gobierno argentino, salvo por algún episodio ailsado, no viene brindando resultados positivos para la República Oriental del Uruguay, pues las autoridades de nuestro país caminan con paso frágil y siempre siguiendo la huella que dejan los finos tacos del calzado de la primera mandataria argentina. El gobierno uruguayo debería saber que su similar argentino no representa un enemigo solo de carácter estatal, sino que también aplica terrorismo de estado a través de individuos y agrupaciones privadas financiadas por la vía de distintos tipos de fachada. Se trata de una bruta estrategia que va de la mano con la ingenuidad del Señor Presidente José Mujica.

Esta “ingenuidad” se viene repitiendo desde hace ya dos siglos cuando, en mayo de 1810, la Junta de Mayo de las Provincias Unidas del Río de la Plata no comprendió que don José Gervasio Artigas se predisponía a defender a la Banda Oriental para no caer ante los mandones de Buenos Aires.

¿Hasta cuándo, y por cuáles razones los gobernantes argentinos continuarán “suponiendo” que los uruguayos debemos estar a su servicio?


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