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Al maestro Julio Castro

23/12/2011 Sin Comentarios

Francisco Gallinal

Si tomamos al 1º de marzo de 1985 como fecha formal de recuperación de las libertades públicas y de reinstauración de la democracia del Uruguay, más de 26 años han transcurrido hasta hoy a lo largo de los cuales,  todos hemos puesto de manifiesto que aquellos años de la dictadura militar fueron muy duros, fueron años bochornosos, fueron años nefastos que, como uruguayos, nos llenan de vergüenza. Fueron años que no merecen formar parte de la historia del Uruguay.

A pesar de que han transcurrido veintiséis años desde que se abrieron las compuertas para que empezáramos a respirar nuevamente la libertad, todavía no tenemos cabal conciencia de cuán negros, de cuán nefastos y de cuán bochornosos fueron esos años de la dictadura militar. Cada día aparece otra noticia que agrava aún más lo que fueron aquellos años.

La carta que la señora de Julio Castro le dirigió al entonces Comandante interino del Ejército, Gregorio Álvarez, y creo que vale la pena que quede como testimonio.- Le decía: “Sr. General: Es mi desesperación de esposa, que desde el 1ºde agosto nada sé de mi marido, la que me lleva a pedirle, con todo respeto, me conceda una entrevista. Hace hoy 57 días de la desaparición de mi esposo, sin que se me comunique nada y sin que se responda a mis reiteradas gestiones ante las autoridades correspondientes.- Mi esposo es Julio Castro, el que fuera su maestro en la Escuela Sanguinetti. Estoy segura que Ud. tiene que recordarlo por su excepcional calidad docente, su gran bondad, su sensibilidad humana, así como Julio Castro tenía presente en Ud. al pequeño escolar… Por favor, Sr. General: permita que hable con Ud., permita que oiga de sus labios las palabras que tanto necesito, haciéndome llegar su respuesta.- Reciba mi anticipado agradecimiento con mi saludo respetuoso.- Zaira”.

¡Tanto coraje, tanto amor y tanta desesperación en esta carta! Y yo diría también ¡tanta inocencia! Este coraje es propio de la mujer que sale a pelear por los suyos, convencida de que tiene que dar todas las batallas que sean necesarias con tal de saber el paradero y el destino de su esposo.

¡Y tanta inocencia como para creer que el destinatario iba a responder a su angustiada misiva! ¡Y tan cobarde la respuesta! Al otro día, “los diarios publican una foto con un comunicado de la jefatura de policía ‑’Persona Buscada’‑ en el que ‘se solicita la colaboración de la población para ubicar el paradero de Julio Castro Pérez’”. ¡Tanta cobardía! Mejor hubiera sido el silencio, porque en la cadena de mando que terminó en esa publicación alguien sabía que el destino ya estaba marcado.

Por ello, a este maestro que, en sus comienzos, militó en las filas del Partido Nacional, que fue ‑como se ha dicho‑ fundador del Frente Amplio, que resultó ser un extraordinario docente, el Partido Nacional le rinde hoy su más sincero homenaje, se inclina ante su memoria y la de todos los desaparecidos, y se abraza solidariamente con todos los partidos políticos ya que, con su fe democrática, vamos a hacer lo imposible para que nunca más en este país haya que vivir años tan duros y tan nefastos como aquellos que vivió la República de 1973 a 1984.

 

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