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Trompada de negro

02/12/2011 Sin Comentarios

Antonio Mercader, diario El País – 30.11.11

Se acuerdan cuando De Posadas deslizó la castiza expresión “merienda de negros” tan común en España, como extraña en Uruguay? Ardió Troya.

El ministerio de Educación intentó acusarlo por el delito de racismo, pero lo hizo con tan mala fortuna que su acusadora, directora de Derechos Humanos, lo culpó de haber “denigrado” a una minoría racial, sin reparar que al elegir el verbo “denigrar” (que viene de “negro”) caía en su propia redada de antirracismo semántico. Mutis por el foro.

En ese momento, en plena campaña electoral, desde la izquierda se quiso aprovechar el caso para atacar a la “derecha racista” sin reparar que, en esta materia, en nuestro país nadie está libre de pecado. No tardó en saberse que el entonces candidato José Mujica, al plantear soluciones para las deudas del agro, comentó en una radio que su fórmula era tan fácil de captar que podían entenderla “hasta los negros africanos”. Eso no impidió que llegara a presidente y que, ya en el cargo, volviera a las andadas al entregar computadoras en un liceo y advertir que “si no subimos al escalón del desarrollo podemos ir para atrás como trompada de negro”.

Estos ejemplos probarían que el racismo verbal abunda en Uruguay, lo que no significa que nuestro país sea “el más racista del mundo” como dijo un diputado de Gran Bretaña, un país que, ese sí, a juzgar por su historia tiene méritos para ganar el campeonato. El racismo verbal es malo, pero debe admitirse que campea entre nosotros, aceptado -o más bien soportado- por sus propias víctimas en una sociedad en donde la palabra “negro” tiene connotaciones menos insultantes que en el Norte.

A mediados de octubre yo estaba en Estados Unidos cuando denunciaron a Luis Suárez por haberle dicho “negro” a otro futbolista.

Lo supe por un canal latino de Tv en donde el locutor anunció que Suárez “le destinó la palabra ene a un jugador contrario”. Similar expresión empleó la prensa: “Suárez le gritó N… a su marcador”. En Estados Unidos, como en otros países, la palabra “negro” es de por sí un insulto al punto que los medios no osan pronunciarla; apenas la sugieren.

Eso no pasa aquí en donde referirse al “negro” fulano de tal, no necesariamente supone descalificarlo como lo prueba, ya que hablamos de fútbol, que nuestro máximo ídolo deportivo, Obdulio Varela, sea conocido como el “Negro Jefe”. Tan poco deshonrosa es esa expresión que, por citar un ejemplo de otro ámbito, una de las canciones más populares del artista afrouruguayo Ruben Rada se titula “Tocá che negro Rada”. Sería bueno que el tribunal inglés que juzga a Suárez supiera más sobre nuestros usos y costumbres.

Todo lo cual va dicho sin ignorar que Suárez debe medir sus palabras y sin desconocer que hay discriminación racial en Uruguay como lo prueban los estudios realizados, de los cuales nadie -ni en la derecha ni en la izquierda- sale totalmente libre de culpa. Discriminación que también existe en el fútbol aunque en las canchas hay un atenuante: que los intercambios de puntapiés y gritos ofensivos son un poco más frecuentes que en la política.

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