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Falta calidad

02/12/2011 Sin Comentarios

Editorial, diario El País – 01.12.11

El reciente episodio del presidente Mujica repartiendo volantes por las calles de Montevideo para concientizar a vecinos y transeúntes sobre la violencia doméstica llamó la atención de la opinión pública. La populachera argumentación del presidente se constituyó en un claro símbolo del simplismo con el que se llevan adelante algunas acciones de gobierno en la administración Mujica.

En efecto, las explicaciones machistas que situaron a la mujer como un objeto que el hombre debe “saber perder”, o la sencilla asimilación de la violencia doméstica con el asesinato de una mujer-hembra por causa de infidelidad, deben haber dejado absortos, e íntimamente muy dolidos, a todos quienes batallan cotidianamente por explicar y hacer entender a la ciudadanía acerca de las complejidades de este fenómeno. De aristas sutiles, que atañen dimensiones psicológicas ineludibles, la violencia doméstica no se limita al asesinato, ni solamente tiene como víctima a la mujer -la tragedia de la infancia violentada es también terrible. Y por cierto, no responde simplemente a esa suerte de versión tanguera de la vida con la que el presidente nos ilustró en su paseo por 18 de Julio.

Sin embargo, cuando un joven reclamó al presidente acerca de sus (pobres) argumentos, porque no se sostenían sobre el criterio de la igualdad de géneros y el respeto a las personas, Mujica descalificó esa iniciativa: el reclamo, dijo, era pura “literatura”.

Toda la clave de este gobierno parece, justamente, resumida en este incidente. Temas complejos, que exigen especialización y conocimiento, que demandan soluciones estudiadas y calidad técnica, aparecen casi siempre tratados con un simplismo asombroso, aduciendo razones que refieren a que esa es la mejor forma para que “el pueblo” entienda. Se trata, para Mujica, de no “complicar” las cosas.

Así, una rebaja del IVA, de graves consecuencias sobre el consumo -y por tanto, sobre la inflación, en tiempos en que ella se acerca peligrosamente al umbral del 10% anual-, es tratada con una liviandad y con un cúmulo de contradicciones que dejan estupefactos, en este caso, al menos, a los empresarios. El impuesto a las grandes extensiones de tierra se mece en cuna ideológica, sin atender para nada los estudios económicos relevantes sobre la materia; la reforma del Estado se pierde en anuncios que denotan la ausencia de una visión global del tema; la inserción internacional del país responde a espasmos discursivos que no articulan una estrategia serena; la reforma de la educación pública no encuentra un rumbo claro que dé tranquilidad a las familias menos pudientes sobre las posibilidades reales de formar a sus hijos para ganarse la vida en la nueva economía globalizada. Quienes saben que los temas de Estado son complejos empiezan a asumir que así gobierna la administración Mujica, y por tanto, ven con preocupación creciente el futuro del país sobre fondo de una tremenda incertidumbre económica internacional. Algunas encuestas recientes sobre estos temas han sido contundentes y alarmantes.

En este sentido, llama poderosamente la atención el alineado silencio de la intelectualidad de izquierda, que es ampliamente mayoritaria en el país, frente a la evidente baja en la calidad de las políticas públicas implementadas desde el gobierno, en temas tan sensibles para el futuro nacional como los aquí señalados. Porque a nadie escapa que ella es consciente del daño tremendo que este talante causa al país. Y sin embargo, lejos de privilegiar cierta ética de la responsabilidad que la obliga a ser exigente y a denunciar la gravedad de esta evolución, la intelectualidad de izquierda calla. Y otorga: con su ruidoso silencio se hace cómplice de esta terrible evolución.

En definitiva, el paso del tiempo va dejando en evidencia dos dimensiones características de este gobierno: que la tozudez del simplismo está suplantando a la exigencia de calidad en políticas públicas claves; y que no era más que un mito aquello de que la izquierda tenía los cuadros mejor formados para dirigir el país.

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