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Mitologías

11/11/2011 Sin Comentarios

Francisco Faig, diario El País – 05.11.11

Nuestros debates públicos están plagados de mentiras que con el tiempo han ido adquiriendo ineludible fuerza de verdad, y que demonizan la gestión de los partidos tradicionales en el poder.

Una de las más promocionadas por los Olesker y las Moreira durante años en el ámbito académico, y ahora en la actividad política, es la que refiere al nefasto neoliberalismo de los años noventa que, dicen, soportó el país.

En realidad, son varios los índices que muestran que lo que hubo fue un formidable proceso de mejora económica y social en esos años. Mencionemos dos, contundentes.

El primero: nunca hubo menos pobres en la historia del Uruguay reciente que en el último año de gobierno blanco, 1994-1995. Hoy, después de ocho años consecutivos de un crecimiento como nunca antes vivió el país, no llega el gobierno frenteamplista a presentar guarismo tan exitoso como ese.

El segundo: nunca hubo en la historia del siglo XX tanta prioridad fiscal asignada al gasto público social (el gasto del Estado en educación, vivienda, salud, asistencia social y seguridad social y servicios comunitarios) como en los años noventa, cuando superó el 70% del total del gasto público. Sin alharaca institucional ni autobombo oficial como el del ministerio de desarrollo social actual, pero con el siguiente dato relevante y positivo para la evolución del país: la cantidad de funcionarios públicos bajó en esos años. Por supuesto, con su desembozado clientelismo, el Frente Amplio en el poder revirtió esta evolución.

No puede pedirse a intelectuales que hacen de su profesión de fe izquierdista el pan nuestro de cada día, y que son los más numerosos, que mencionen estas cifras. Es más: los Olesker y las Moreira, siempre, las van a relativizar, porque desde todo tiempo su proyecto fue y es político partidario, y el barniz académico cumplió y cumple el objetivo de colaborar en llegar al poder y mantenerlo a toda costa. Por eso, hasta el día de hoy, martillan con sus argumentos panfletarios y llenos de medias verdades.

Sin embargo, hay que exigir a los referentes políticos de la otra mitad del país que transmitan estos índices, datos, evoluciones, procesos y resultados. Porque al dejar que se imponga la visión ideologizada y hegemónica de la izquierda sobre todos estos temas de sociedad y economía, gran parte del debate político, desde el arranque, ya está perdido.

Sabido es que no es tarea fácil. El manto ideológico de la izquierda más reaccionaria y sesentista sigue, hasta el día de hoy, cubriendo a la Universidad de la República, que es la que más produce explicaciones sociales de la evolución del país.

Es, además, una tarea de largo aliento que no seduce mucho porque no tiene traducción electoral inmediata. Pero es necesaria, y cuenta, por ejemplo, con naturales aliados en la prensa y en universidades privadas.

Entendámoslo: si ella no se emprende con convicción, el sedimento cultural y social con el que se forma el sentido común ciudadano que interpreta al país tendrá siempre su natural expresión electoral en el Frente Amplio.

 

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