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La hora de pagar

11/11/2011 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle Herrera, diario El País – 06.11.11

En una anterior columna definíamos al actual gobierno como de composición cívico-sindical, naturaleza cotidianamente probada por los actos y las omisiones de la actual administración.

Damos por aceptada dicha explicación, por lo menos para el razonamiento que hoy desarrollaremos. Recordábamos en la mentada ocasión las características del nacimiento del Frente Amplio, como consecuencia de la unificación de los movimientos sindicales en la que entonces se llamaba Convención Nacional de Trabajadores, considerada con justicia un importante logro de las organizaciones de trabajadores. De ese impulso, se inician las negociaciones para concretar la coalición que vio la luz en 1971. Nada hay de extraño en este proceso, ni siquiera de original pues muchas representaciones políticas de trabajadores en varios países comenzaron de similar manera, siendo la más notoria el nacimiento del Partido Laborista ingles.

Gestación, impulso para el nacer, generan naturalmente fuertes relaciones. En este caso ayudó a mantenerlas fuertes el hecho de que en aquellos lejanos días no aparecía como probable que la novel agrupación política llegara al poder. La cercanía entre sindicatos y grupos políticos de izquierda se acentuó y las posiciones respectivas se aunaron en una actitud de radical oposición. Pocas cosas aglutinan más a las organizaciones humanas como los planteos en blanco y negro.

Bueno y malos, la vieja visión maniquea, cautiva por su simplicidad, atiza fácilmente el entusiasmo, toda vez que no hace falta explicar el matiz, el medio punto diferencial, la cautelosa aproximación a lo posible, que es anuncio de que se espera llegar a las responsabilidades del poder. Después de la dictadura se produce el nacimiento del MPP que es la versión electoral del MLN. Vale la pena marcar, especialmente para los más jóvenes, las diferencias que entonces separaban a quienes hoy militan juntos en la coalición de gobierno.

Comunismo y MLN no eran los mejores compañeros, unos abogaban por la vía pacífica y cívica, otros por la violenta. El Frente nació para actuar en la vida cívica. Este proceso fue cortado por la dictadura que entre sus frutos puede mostrar que la persecución a la izquierda fue como una poda, hizo retoñar mejor al árbol.

Por las peripecias padecidas -no sólo por ellos conviene agregar- hicieron que quienes ingresaron por el FA al Parlamento en 1985, redoblaron su radicalismo. A los cuatro gobiernos democráticos que se sucedieron hasta el 2005, los combatieron sin pausa, alimentándose del sindicalismo y haciendo de éste el arma preferida de demolición. Presupuestos y Rendiciones de Cuentas eran el principal campo de batalla. Cuanta causa se levantara reclamando, exigiendo más dinero, más salarios, encontró eco, muy gravoso toda vez que ninguno de los gobiernos mencionados tuvo mayoría parlamentaria.

Más gasto y menos impuestos era la consigna, muchas veces exitosa. Reforma que se proponía, merecía oposición sin fisuras. Sindicato y FA marcharon del brazo, necesitándose mutuamente, alimentándose recíprocamente, hasta que llegó la hora de las responsabilidades, con mayoría parlamentaria y prosperidad incluidas. El FA que llegaba era bastante diferente al de 1971 pues incluía en su complicada interna al MPP, ahora convencido de la vía electoral, como una fuerza importante en el 2005 y mayoritaria en 2009. Todos los sectores cívicos debían una larga cuenta a los sectores sindicales.

La hora del gobierno era la de pagar las cuentas. Además PCU y MLN se aliaron para ganar Montevideo uno y la Presidencia el otro, pero los sindicalistas mucho más ligados a los comunistas, quieren su parte. Así pidieron y obtuvieron que los descuentos de cuota sindical fueran automáticos, en el pago del sueldo de los afiliados, lo que les hizo poderosos económicamente. Así la “legalización” de las ocupaciones de lugares de trabajo, así la ley que integra a las representaciones gremiales en el Codicen y ASSE.

Un papel sesgado a favor de una de las partes desde el MTSS ha marcado las negociaciones laborales, así como la tolerancia de los piquetes que impiden trabajar a quienes lo quieren hacer. Pero el hambre viene comiendo y hoy no hay paz con los antiguos amigos frentistas. Desde la Untmra se proclama el fin del capitalismo como objetivo. Los dirigentes de la educación maldicen al gobierno, lo acusan -con razón-de no dar respuesta a los problemas de la educación. Desde ASSE se desafía al Presidente. COFE sin mayores cautelas ha proclamado que viene “la guerra”. Adeom, beneficiada desde hace 20 años por todos los gobiernos frentistas de la capital, no se calma. Los comunistas y sindicatos piden el Frigorífico Nacional, detracciones para las exportaciones.

Como se ve, el panorama del gobierno no puede ser más crítico. Agreguemos a esta fórmula explosiva, las grandes desavenencias entre los propios grupos políticos y vemos que el panorama es complicado. No hay quien sujete a los aliados sindicales, no hay autoridad que pueda imprimir un rumbo cierto y concreto al gobierno, que va de un lado a otro, calmando a unos con ciertas medidas y actitudes y a otros con otras. Por ahora van en la delantera los radicalismos. Las cuentas se deben pagar y parece haber llegado la hora de hacerlo.

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