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La desmesura de Mujica

10/11/2011 Sin Comentarios

Bernardo Borkenztain

Los griegos de antes la tenían clara. Ellos sabían perfectamente que la desmesura es el más peligroso de los pecados. Ellos entendían que demasiado acumular algo bueno era provocar a los dioses del destino, que son envidiosos de la felicidad humana, y rápidamente remediarían tal pecado de soberbia, pero que la desgracia puede acumularse sin peligro, porque jamás cambia su polaridad. Casi podría decirse que en esta filosofía se encuentran las bases históricas de la “desgracia circular irreversible”. Los griegos de ahora, sin embargo, no parecen saber tanto.

Igualmente, el concepto puro del pecado de la desmesura, la “hybris”, por contraposición a la virtud de la “sophrosine” o moderación, es útil para ilustrar una de las características más extrañas del gobierno actual, cuyos integrantes, cual almejas, parece que solamente movieran la lengua para enterrarse.

No es novedad para nadie que, sea o no frenteamplista, cada vez que el Presidente va a hablar le corra un cierto escalofrío, de placer para unos y de miedo para otros, porque cada vez que le acercan un micrófono algo pasa.

Uno pensaría que con tanta sabiduría popular y viveza campera Mujica habría aprendido algo del desastre provocado por la publicación de “Pepe Coloquios” durante las elecciones, pero no. Una característica de la hybris es que los que caen en ella no pueden ser conscientes de dicho pecado. Literalmente, “se ceban”, y cuando caen los agarran prontos para el matadero.

Los “disparateos” presidenciales vienen de una base muy obvia: es un ignorante. Nadie puede negar la idoneidad moral de Mujica, la unicidad de su discurso o la inagotable fuente de energía que lo convierte en una máquina de movilizarse con las bases, pero eso no lo hace ni formado, ni culto ni sabio. Lo que sí es, es un gran caudillo, que arrastra gente por una razón que en política manda: los que lo votan sienten que pueden creerle.  Y a los que se le oponen, les duele, porque como cantaba “Agarrate Catalina”  en el 2005, en esas elecciones él solo duplicó a los votos del Partido Colorado.

Y era literal, porque lo votaron a él:  sin Mujica el M.P.P. su facción política no recibiría ni 15 votos, eso lo saben propios y ajenos, pero acá es donde se cumple el principio del Dr. Lawrence J. Peter, enunciado según el que en una jerarquía nadie puede trascender su nivel de incompetencia. Y a Mujica se le dio vuelta la taba cuando se vio en situación de gobernar, porque parece aún hoy no haber entendido que un Presidente gobierna cuando habla, desde las primeras consecuencias hasta las últimas y lo que es pintoresco en boca de un senador que va al parlamento en una moto desvencijada, puede ser un suicidio en la de un Presidente.

Ejemplos abundan, desde decir en Alemania que a los uruguayos no nos gusta trabajar o que nuestros científicos lo hacen “por tres pesos”, a declarar que los médicos recién recibidos no tienen corazón por no trabajar gratis, pasando por aberraciones diplomáticas como entregar un regalo que fue removido por una brigada antibombas en Suecia… [1]

Las consecuencias desafortunadas de estas actitudes son varias, pero hay dos que me preocupan mucho.

Primero, el contagio que hay entre los tupamaros de sentirse en uso de la inimputabilidad de Mujica para decir cualquier cosa sin perder la aprobación de la gente y decir o hacer barbaridades, como en el caso de la directora Bianchi. En efecto, gracias a los programas de archivo de la televisión, se pudo ver repetido hasta el infinito a Pablo Álvarez excusándose de la imprudencia de compartir un video en Facebook que de alguna manera perjudicaba a la directora, por la “línea difusa” que separa lo personal de lo público.

Esa frase, que no solamente es errónea sino amoral, no solamente ignora que la línea demarcatoria es quirúrgicamente precisa, sino que deja al Director ministerial a nivel de igualdad con Bart Simpson: es ilegal solo si te atrapan… Pero como Mujica dice cualquier cosa [2] sin pagar las consecuencias, sus pollos creen que también pueden hacerlo.

Otro ejemplo de talenteo irresponsable  fue el de  Lucía Topolansky, cuando dijo, con relación a la misma Directora (que no es irrelevante para esto que cuente con el apoyo de Astori)  que no puede discriminarse a los estudiantes separando a la elite de los mejores porque eso deja a una gran cantidad de adolescentes afuera. Y remarcó, porque se le preguntó, que de ninguna manera eso era igualar para abajo.

Podría argumentarse en contra de esto que es peligroso realizar acciones sociales sin objetivos de excelencia o que simplemente es un disparate, que la educación  DEBE discriminar a los estudiantes por su performance académica. Y que las acciones sociales deben ser enfocadas para igualar las oportunidades, para que  dicha excelencia no sea patrimonio de los más beneficiados por la sociedad, y sería cierto, y este gobierno, herencia de otro mucho mejor del mismo partido, trabaja al respecto.

Pero bastaría con recordar que esas mismas eran las premisas de la reforma de Rama, a la que el F.A. se opuso (de manera justa y perfecta) con uñas y dientes hasta lograr eliminarla. Pero si Mujica dice cualquier cosa y no pasa nada, ¿para qué ponderar las palabras?

La otra consecuencia de la hybris presidencial, es ese contagio que está llevando a los tupamaros a parecerse cada vez más a los peronistas, y ser desproporcionadamente más  afectos a lo simbólico que a lo real. Así, (aparentemente ignorante de que la habilidad del político de boliche para hacer acuerdos electorales es inútil en el orden diplomático), se lo pudo ver al Presidente haciendo el triste papel de esperar a Cristina Fernández con un ramo de flores esperando a un tren que cruzaba la frontera a paso de burro, y prestarle un sitial desde el que hacer campaña electoral a cambio de promesas que no duraron un solo día en olvidarse: el gas no vino, jamás argentina dragó ningún canal, siguen complicando las exportaciones uruguayas y ahora hasta nos “buchonean” ante el G20 para incluirnos en las listas de los paraísos fiscales (Timerman dixit).

La verdad,  uno añora la dignidad con la que Tabaré Vázquez le hizo frente a Kirschner  por incitar a los piqueteros de Gualeguaychú, sin excesos, sin gritos, sin genuflexia y con la única frase de no negociar con los puentes cortados. O sin tratar a los argentinos de “ladrones del primero al último” para después llorar en la televisión argentina.

O sea, uno añora un Presidente.

 

[1] – Debe ser algo mío, pero últimamente no puedo ver a Mujica sin pensar en las peripecias de Mr. Magoo.

[2] – Debe ser desesperante para Bordaberry que cuando intenta “mujiquear” y decir alguna barbaridad “pour la galerie” se le tiran encima tirios y troyanos. Sus comentarios respecto de si el frente Amplio entregaría o no el poder si perdiera las elecciones lo llevaron a registrar niveles de desaprobación similares a los de su padre… Lo que lo salva es lo aceitadita que tiene la marcha atrás y un olfato político nada inferior al de Mujica… Por cierto, la frase “como te digo una cosa te digo la otra” no es propiamente de Mujica sino del personaje de Martín Cardozo, ya va siendo hora de que la oposición se entere de que Hamlet no le dice “ser o no ser” a la calavera…

Fuente: http://blogs.montevideo.com.uy/bloghome_5014_1_1.html

 

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