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Enfrentar el agravio sin justificarse

10/11/2011 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

No debe haber un solo compatriota que no rechace las palabras que expresó el presidente de Francia Nicolás Sarkozy. Sobre todo porque son gratuitas, injustas, inadecuadas a nuestra imagen, y revelan un franco desconocimiento de nuestra realidad, a pesar que su País y el  nuestro mantienen antiguas y fuertes relaciones y lazos de amistad.

En algún momento, en el pasado, y cuando Francia sufría las consecuencias del horror de la guerra, nuestro Uruguay, aunque cueste creerlo, le perdonó deudas que habían adquirido por la compra de alimentos en momentos tan difíciles. Seguramente abunden ejemplos en los que los dos países han fortalecido su relación de amistad, que hoy Sarkozy parece despreciar.

Está bien que la reacción nacional desde todos los espacios y niveles, haya sido la indignación y el rechazo. Porque eso es lo que merecían. Y por ello, dejamos para un segundo plano los cuestionamientos que podemos tener y tenemos sobre aspectos de la política internacional que lleva el gobierno, algunos de los cuales pueden haber provocado que lleguemos a esta situación. Nos pareció relevante procurar una fuerte voz política desde el Parlamento, en rechazo de las afirmaciones.

Por ello propiciamos que en la Cámara de Diputados se aprobara una Resolución clara y decidida en defensa  de la imagen del País, y así ocurrió. Pero lo que nos sorprendió fue el discurso que desarrollo la izquierda en la ocasión; una sucesión de justificaciones que puede resumirse en “hicimos los deberes que nos encargaron” y aún así nos condenan.

No corresponde ninguna explicación, ni al Presidente de Francia ni a la organización que representaba cuando habló, simplemente deben rechazarse sus palabras, porque han sido impropias del jefe de estado de un país amigo. Otro tema es si tenemos uno, dos o diez tratados de intercambio de información tributaria y de doble imposición, que en definitiva es un capricho de las economías en las que mayor efecto está haciendo la crisis económica global.

Por ello, en la ocasión, señalamos como un error el asumir una condición pecaminosa y necesitada de justificación ante el mundo, como señalaron los voceros de la izquierda en el debate parlamentario, sino que lo más importante es defender la imagen de nuestro País  ante el exabrupto.

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