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De paraíso del turismo a paraíso fiscal

10/11/2011 Sin Comentarios

Eugenio Baroffio Abadie

Las recientes declaraciones del Presidente Sarkozy en Cannes, sorprenden por lo equivocadas, disgustan por lo agresivas y rebelan por lo injustas.

El diario Le Figaro, el más antiguo y tradicional de los periódicos de distribución en toda Francia, se ocupa escasamente del Uruguay. Tampoco lo ha hecho en esta ocasión ya que las mentadas declaraciones han repercutido sólo en la región y en el ámbito local.

En las ediciones de los últimos meses, sólo se puede encontrar dos tipos de referencias al país: la primera con relación al malhadado episodio de los cascos azules en Haití y la segunda dedicando generosas y laudatorias visiones de nuestro territorio como destino turístico, en sendas notas tituladas respectivamente “Punta del Este, Nuevo Edén” (del 26 de setiembre) y “El azul del Uruguay” (del 15 de octubre).

Quizás el Presidente de Francia, haya confundido el Edén turístico con un paraíso fiscal y, por ende para él, seamos algo tan aborrecible que justifica apartarnos de la comunidad internacional.

La reacción política nacional ha sido proporcionada al agravio inferido. Gobierno y oposición han dedicado unánime rechazo a sus dichos. Por trillado el tema, no he de referirme a la cuota de hipocresía, falta de autoridad moral y desinformación que condujeron a semejantes afirmaciones.

En cambio, deseo analizar las responsabilidades que caben a nuestro propio gobierno, a nuestra deslucida cancillería y a la errática política internacional de los últimos seis años, en lo que nos está ocurriendo.

Para empezar, hay que recordar que mientras que todo hacía aconsejable que el país se abriera comercial y políticamente al mundo entero, nuestro gobierno frentista proponía encerrase en una región cada vez más antagónica con nuestros intereses. A medida que el MERCOSUR, como alianza comercial y económica, se convertía en instrumento menos útil, el Frente Amplio proclamaba “Más y mejor MERCOSUR”.

Cuando se nos concedía la oportunidad de que la nación más grande y poderosa del planeta nos ofreciera un Tratado de Libre Comercio casi inédito, la circunstancial conjunción de un Canciller de triste y olvidable gestión y un gobierno brasilero poco amistoso -más allá de las supuestas “afinidades ideológicas”- clausuraron toda posibilidad de un acuerdo ventajoso para nuestro sector exportador. Con simpleza argumental, algunos se jactan hoy en día -como si el suyo hubiera sido un gesto de heroísmo- de habernos evitado la asociación con un país que se encuentra envuelto en una seria crisis. Nadie se detiene a analizar que cuando la economía norteamericana avanza rumbo a un mayor proteccionismo y el poder adquisitivo de sus habitantes decrece, mucho mejor habría sido contar con las certezas de un pacto mediante el cual la elevación de aranceles no pudiese obstar el ingreso de nuestra producción a aquel mercado.

La inmediata sumisión a las decisiones de los tribunales internacionales es defendida por el gobierno sólo cuando se alinea con las viejas banderas de la izquierda, pero jamás se denuncia el desprecio que por ella expresan regímenes “compañeros”, como el de Chávez.

Y así, el país se ha encadenado al MERCOSUR como el suicida lo haría a un pesado bloque de cemento antes de lanzarse al mar. A nadie del gobierno ha importado que la institución regional nos diera la espalda e incumpliera el tratado de su creación cuando los grandes vecinos trababan -y siguen haciéndolo- nuestro comercio de exportación. Primero fueron las medidas paraarancelarias, apenas disimuladas, impuestas por Argentina y Brasil a voluntad. Luego, el agresivo corte de los puentes internacionales en actitud hostil si es que las hay. Simultáneamente, el desprecio del Brasil que, cual Pilatos, se lavó las manos arguyendo que el problema era binacional y omitiendo que un tribunal del propio MERCOSUR había laudado el asunto a favor del reclamo uruguayo.

Por si fuera poco, se pobló al organismo de instituciones políticas, pretendiendo hacer crecer burocráticamente lo que ya hacía tiempo había abortado por deficitario en lo que era su función primigenia. Pero nuestro gobierno apoya cada vez más y más MERCOSUR, al tiempo que el país todo se queja de su inutilidad y hasta de la inconveniencia e ilegalidad de la incorporación de una Venezuela de dudosa vocación democrática.

Ahora, a nadie le cabe duda de que la Argentina está detrás de las denuncias contra Uruguay ante la OCDE. Y Brasil mira para otro lado y vuelve a hacerse el distraído, sin esgrimir la menor defensa ante los dichos del mandatario francés.

Siempre que el gobierno siga confiando en sus vecinos y el Presidente Mujica crea que las relaciones internacionales se conducen mediante la amistad y relación personal con quienes no son confiables ni cumplen con su palabra ni sus obligaciones, seguiremos entregándonos en actitud obsecuente, como también hemos querido hacerlo, sumisamente hasta ahora, frente a toda pretensión prepotente de los países que integran la OCDE, sin medir consecuencias e intereses nacionales.

Y, en medio de todo, los uruguayos, que estamos convencidos de vivir en un verdadero infierno tributario, debemos tolerar que se nos califique como paraíso fiscal.-

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