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De Muy mal gusto

10/11/2011 Sin Comentarios

Francisco Gallinal

Vamos a apoyar al gobierno uruguayo en todas las acciones que lleve adelante en la censura a las inoportunas, infundadas y mal intencionadas declaraciones realizadas por el Presidente Sarkozy en ocasión de la reunión del G 20. Más aún, distintos voceros nacionalistas así como un documento aprobado por el propio Directorio del Partido Nacional, se han pronunciado expresamente en apoyo a lo actuado a la fecha por el Poder Ejecutivo y estamos dispuestos a hacer causa común en los pasos siguientes, de manera de colocar las cosas en sus justos términos.

El Uruguay, a lo largo de toda su historia, ha dado muestras más que suficientes para dejar de manifiesto que no es un paraíso fiscal.  La elevada carga impositiva que pesa sobre los contribuyentes residentes en el país, la presencia muy fuerte en la acción de nuestra sociedad de parte de la Dirección General Impositiva, la independencia plena del Poder Judicial dentro de un marco democrático reconocido y reverenciado por otros países del mundo, son algunas elementos descollantes que tiran al piso opiniones ligeras como la del Presidente francés.

Por eso no nos equivocamos quienes sostenemos que hay una mano negra detrás de esas expresiones que pretende sacar provecho y beneficio del daño que, eventualmente, nos pueda causar esa apreciación. Y hay también una deliberada intención de presionarnos e intentar obligarnos a actuar conforme a las pretensiones de la OCDE, que no son otra cosa que las pretensiones de las naciones más desarrolladas.

Pero digamos las cosas tal como las vemos, sin ocultarnos una verdad que rompe los ojos. La presión más grande contra el Uruguay la están ejerciendo la República Argentina y Brasil, y la primera no es precisamente la que goza de mejores antecedentes en materia tributaria. Argentina quiere acechar  a sus connacionales, quiere también evitar que los inversionistas de su tierra emigren a nuestro país. Cuando en realidad emigran porque acá se les da garantías y certezas jurídicas, y porque allá las condiciones jurídicas no son garantistas como las nuestras.

Oportunamente tuvimos una fuerte discusión con el gobierno del Frente Amplio por ceder a las presiones de la OCDE. No somos adivinos, pero en su momento le advertimos que hasta tanto no acordáramos con la Argentina la OCDE nos iba a seguir persiguiendo aún cuando alcanzáramos los tan mentados 12 acuerdos. Como los hemos alcanzado.  Y dijimos también que el ideal para Uruguay es aprobar por ley, un acuerdo marco que muestre voluntad de colaboración a través de la ineludible actuación del Poder Judicial, pero que también establezca reciprocidad y defensa contundente de nuestro sistema jurídico. Hoy discrepamos nuevamente con el gobierno porque apresuradamente, en medio de la presión, aprueba un tratado del tema con Alemania que bien podía esperar.

Lamentablemente no nos equivocamos.  Los hechos son contundentes en ese sentido, las presiones van en aumento  y una vez más, como ayer, le ofrecemos al oficialismo pararnos a su lado, codo a codo, para frenar los espasmos imperialistas de nuestros vecinos, para defender juntos los intereses del país. Qué no tenemos dudas esta presión así como viene se va; es consecuencia de la crisis que viven las naciones más poderosas, y entonces buscan culpables, buscan responsables. Como siempre sucedió, como lo demuestra la historia, cuando las cosas andan mal ellos creen, o intentan auto convencerse, que la culpa la tienen los demás.

Capítulo aparte merece el Mercosur, con todo este tema. Ni Brasil, ni mucho menos Argentina, han emitido una sola señal de apoyo o defensa del Uruguay. Las dos presidentas estaban presentes en la cumbre cuando estas cosas sucedieron y no vimos siquiera una mueca, un gesto aunque más no sea para decir lo que nadie puede discutir: que el Uruguay no se merece estar en una lista como la que detalló el Presidente Sarkozy. Esperamos entonces gestiones a nivel del bloque regional que por cierto tienen que conducir el Presidente y el Canciller, a cuyo lado pretendemos estar.

 

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