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Difuntos y epitafios

04/11/2011 Sin Comentarios

Antonio Mercader, diario El País – 02.11.11

El Día de Difuntos que hoy se conmemora resulta propicio para evocar, junto al recuerdo de los seres queridos, algunos célebres epitafios, esas frases escritas en las tumbas para la posteridad.

Los hay humorísticos, como los del genial español Mariano José de Larra, en su “Día de difuntos de 1836″, quien legó algunos epitafios impregnados de humor negro, entre otros éste, el más conocido, “Aquí yace media España:/ murió de la otra media”, que adquiriría el tono de una profecía un siglo exacto después al estallar la Guerra Civil española. O este otro, también político: “Aquí yace el Estatuto/Vivió y murió en un minuto”.

En el plano local, igualmente imbuido de humor negro y político, la palma se la lleva el ex senador socialista José Korzeniak cuando vaticinó que en la tumba de Jorge Batlle debería leerse lo siguiente: “Aquí yace el futuro presidente de Uruguay”. La dulce revancha del así aludido llegó una década después del vaticinio cuando, tras repetidos intentos, alcanzó por fin la Presidencia de la República.

La mayoría de los epitafios exaltan virtudes del difunto o lo evocan con pesar, aunque los hay de otro tipo, como por ejemplo el de la sepultura de Bernabé Rivera, en el Cementerio Central, que denuncia que el hermano de don Frutos fue “Asesinado por los salvajes”, es decir los charrúas.

No obstante, existe también la categoría de epitafios que quedaron en mera propuesta, aunque no por ello son menos valiosos, como el que el periodista uruguayo Constancio Vigil planeó en Masoller para la tumba de Aparicio Saravia: “Todo él para la patria”.

Siguiendo en esa línea de epitafios mentados pero no concretados, resaltan los estrictamente literarios como el dedicado por Olegario Andrade a la gesta de Leandro Gómez: “¡Paysandú! ¡Epitafio sacrosanto, escrito con la sangre de los libres!” O los versos que Federico García Lorca concibió en memoria del poeta uruguayo al que admiraba, bajo este sugestivo título: “Epitafio en la tumba sin nombre de Herrera y Reissig en el cementerio de Montevideo”.

“Es más digno que los hombres aprendan a morir que a matar”, perpetuó el gran filósofo Séneca en su sepulcro. En el de Lorenzo de Medicis, esculpido por Miguel Ángel, puede leerse esta consigna: “Allí donde está la patria, está el verdadero reposo”. El epitafio para José Batlle y Ordóñez firmado por “R.B.P.” termina así: “Y ver llegar la muerte altivamente/ tranquila la conciencia, alta la frente/ con el placer de la misión cumplida/y pensar al morir que esa partida/es principio de un sueño solamente/ donde se olvida/y dura eternamente”.

Volviendo al humor, antídoto infalible para la natural tristeza que campea en un Día de Difuntos, cabe exaltar una vez más el ingenio de aquel madrileño que en el cementerio de La Almudena hizo burilar estas palabras que los dolientes contribuyentes uruguayos de hoy sabrán valorar: “Aquí estoy con lo puesto/y no pago los impuestos”. Sin embargo, la veta humorística la cultivó como nadie para el momento de su muerte el inefable Groucho Marx al grabar sobre su lápida la siguiente frase: “Disculpe que no me levante, señora”.

 

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