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¡Hasta cuando!

21/10/2011 Sin Comentarios

Gustavo Penadés

Otra vez el Frente con la Ley de Caducidad.

Los argumentos varían pero en esencia siempre se trata de lo mismo: desconocer que la gente por dos veces decidió que la Ley de Caducidad era una buena solución.

Esta vez no se la alude directamente, pero si indirectamente en cuanto se propone “restablecer la pretensión punitiva” y considera que el plazo de vigencia de la ley interrumpió la prescripción. Además, se ordena a la Corte que considere los delitos que se pretende castigar como de lesa humanidad.

El ataque al Estado de Derecho es grosero y se prosigue con la tarea de armar un derecho a la medida. La motivación no es otra que “sacarse las ganas”. Al decir de Mujica: “justicia con olor a venganza”.

En definitiva se desconoce que la existencia de la Ley de Caducidad responde a razones que deben ser analizadas en el contexto de su tiempo histórico. Los hechos son conocidos, pero no por repetidos dejan de ser ciertos: Pacto de Club Naval, elección con Wilson preso, ley de amnistía para presos políticos y Ley de Caducidad.

La ciudadanía con sabiduría comprendió la lógica del proceso y entonces, en 1989 votó mayoritariamente amarillo. A tres años de sancionada la ley, y a cuatro de las elecciones, cuando todo estaba más que fresco en la memoria, respaldó lo hecho por blancos y colorados. Pasó el tiempo y 20 años después, un electorado diferente también respaldó la Ley de Caducidad, dando el claro mensaje de que no había que tocar nada.

¿Cuántas generaciones pasaron desde el asalto al Tiro Suizo? ¿Cuántos años pasaron desde la toma de Pando, el asesinato de los soldados y el golpe de Estado? Se está revolviendo una etapa de la historia nacional en la que hubo mucho dolor y sufrimiento. ¿Es razonable que retrocedemos 30 y 50 años? Es como si mientras se festejaba Maracaná blancos y colorados hubieran querido ajustar cuentas por los hechos ocurridos en 1904 o en 1897. Ni más ni menos.

Pero resulta que algunos sectores del Frente Amplio creen tener el poder de abrogarse para sí la voluntad de esos votantes. Exhiben la misma soberbia que mostraban cuando despreciaban las instituciones democráticas y llevaron al País al caos. Hoy siguen despreciando la democracia pero una manera, quizás, peor y más retorcida.

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