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Sentido crítico

14/10/2011 Sin Comentarios

Francisco Faig, diario El País – 08.10.11

Luego de décadas de ocupar los espacios culturales y universitarios, las adhesiones (o simpatías) de la inmensa mayoría de los intelectuales y líderes de opinión del país siempre, y con naturalidad, van hacia alguna de las corrientes de la amplia izquierda vernácula.

El problema está en que esa adhesión impide ejercer con libertad el sentido crítico, en parte, justamente, por cómo esa intelectualidad ejercita su identidad de izquierda.

En efecto, ella razona que el “nosotros”-amigo es distinto (y superior) al “ellos”- enemigo, que está formado por la derecha, los partidos tradicionales, la burguesía, etc.

Los pocos intelectuales que no son de izquierda sufren esta lógica totalitaria, y se ven obligados a disimular su sentido crítico para no verse perjudicados.

Así, esta ausencia de sentido crítico tiene consecuencias terribles en distintas dimensiones de nuestra realidad.

La política exterior es un desastre. Nuestros intereses nacionales se borran tras la tontera ideológica sesentista de la “patria grande” que está sustentando al Mercosur actual. Nuestra independencia sufre del indigno seguidismo cisplatino del Ejecutivo.

El país se aleja de su prestigiosa tradición democrática, y no critica con vehemencia los autoritarismos de la región y del mundo: ni Cuba, ni Venezuela, ni Irán.

Y por causa del torpe reflejo “antiimperialista”, hasta dudó en estar en favor de la modernidad democrática en la Libia de Gadafi.

Sin embargo, ¿qué reacción universitaria señala estas evidencias? Casi ninguna. Algunos, intrépidos intelectuales de izquierda, escribieron, hace un tiempo, que Cuba no es una democracia. ¡Oh!

De forma general, los intelectuales- compañeros de ruta, formados por la Universidad de izquierda, creen devotamente en la ideología latinoamericanista; desconfían del desarrollo liberal y capitalista; y repiten religiosamente los prejuicios que reafirman sus pequeñas certezas que niegan la evolución del mundo.

No falta, incluso, la visión tan miope como extendida que se congratula de no haber avanzado en el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos por la crisis que sufre ese país desde 2008.

La educación pública es un desastre. Perjudica a los más pobres; profundiza la fractura social; hunde en el desaliento a las nuevas generaciones; hipoteca por décadas el futuro del país.

Sin embargo, ¿cuántos son los líderes de opinión o intelectuales que se respetan a sí mismos en su sentido crítico, y cumplen con su deber ciudadano de examinar con independencia lo que allí ocurre? En realidad, casi ninguno se decide a enfrentar a la barra corporativista de izquierda.

Montevideo es un desastre. Su transporte colectivo es malo; sus calles, pésimas; su gestión administrativa, asaltada por el sindicato; sus ruidos, insoportables; en todos los barrios se vive entre la mugre. Sin embargo, ¿dónde están los líderes de opinión que critican abiertamente el resultado de más de veinte años de gobierno frenteamplista?

Sin espíritu crítico no hay sentido de excelencia posible. Ni país de primera alguno.

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