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Nos echaron del Mercosur

14/10/2011 Sin Comentarios

Julio Preve Folle, Economía y Mercado del diario El País – 10.10.2011

Hace unos días el presidente Mujica se enojó con la oposición por las críticas recibidas cuando supuestamente arregló el problema del acceso de los autos a Brasil, a cambio de una autorización para elevar el arancel externo común en una lista de bienes que aún no conocemos. El tema va bastante más allá que este episodio: en efecto, el punto no es si debemos permanecer en la unión aduanera o buscar otra alternativa; el hecho es que ya nos echaron del Mercosur, y no hace falta demasiada sagacidad para advertirlo.

LOS AUTOS. Una combinación de absoluto privilegio entre aranceles elevados en el producto terminado, desgravación de la importación de partes, reducida tributación interna, beneficios a la inversión, subsidios a la exportación y, en definitiva, protección efectiva máxima, definen una industria como la automotriz, de mínima expectativa de crecimiento sin ayudas de toda la sociedad. Cabe señalar sin embargo que por acuerdo de los cuatro países, junto a la industria azucarera, no se rigen desde el inicio por los principios generales del Mercosur -arancel cero intrazona, arancel externo común- sino por acuerdos sectoriales específicos. Es en este marco de acuerdos de intercambio de recíprocas ineficiencias, que podemos ingresar con autos de partes chinas a Brasil, que adquieren legítimamente origen en Uruguay. Se trata de una razón más bien política, no comercial.

Incumplido por parte de Brasil el compromiso de acceso automotriz, que proviene de este tipo peculiar de acuerdo, aparentemente se habría rescatado cumplir con lo pactado, a cambio de hacer cosas contrarias a lo oportunamente convenido, esto es elevar el arancel externo común. No se sabe aún si será transitoriamente, y en definitiva a qué productos alcanzará, aunque no es difícil imaginar que la industria paulista debe estar tras él, previendo una competencia mayor de China o de países con caídas de su consumo, quizás Europa o Estados Unidos. El ministro Lorenzo señalaba con claridad, antes de la negociación “exitosa” realizada por el Gobierno, que el país no podía reaccionar con protecciones propias a las aplicadas por los demás, porque representaría sumar perjuicio sobre perjuicio. Y tiene toda la razón. No obstante, según parece por defender a los autos, expresión cabal de proteccionismo, nos trajimos un hasta ahora indeterminado compromiso de desvío de comercio, encierro regional, y más caricatura de unión aduanera. No me olvido además, que si dicho aumento alcanza bienes industriales que se producen en China y Brasil -por ejemplo textiles, vestimenta, calzados- sustituiríamos productos baratos lejanos, por otros más caros y cercanos, y todo ello a cambio de cumplir lo pactado…

NOS ECHARON. En lo que sí acierta el presidente es en que es triste pegarle a un Mercosur atado con alambre, porque es verdad que es lo mejor que hemos podido construir. Comparto plenamente su diagnóstico y en especial su sentimiento de pena. Yo también tuve una ilusión enorme luego de la firma del Tratado de Asunción: por fin la matriz común lograba parir también un proyecto común. Pero no fue. Nos echaron. El comercio recíproco y libre, que podía ser la base de otros lazos mayores, se fue desdibujando. Y montar como algunos quieren un proceso político, ideológico, una especie de comité de base regional, sin comercio libre, es un absurdo.

El ciclo político en Argentina lleva a la práctica realidades totalmente incompatibles con la integración comercial. La llamada “reindustrialización” de la Argentina, a base de cierre de fronteras; detracciones; licencias de importación; intercambio compensado de exportaciones e importaciones por empresa; prohibiciones de importación a los supermercados; todas estas medidas integran el vademécum del sustituidor de importaciones del siglo pasado. A ellas hay que sumar los obstáculos para el dragado de nuestros puertos, la competencia con estos, el bloqueo del pasaje de energía desde Paraguay, o todo el episodio de Gualeguaychú. Son demasiados agravios recientes, como para arreglarlos con un curioso ferrocarril.

Lo de Brasil es más largo en el tiempo y peor. Ese su mirar al costado en el contencioso con Argentina señalando que era un problema de otros países, se me ha ido atragantando más con el paso del tiempo. En los temas agroindustriales, se hizo más notorio con Lula que este país nunca creyó en la libre circulación de productos agrícolas sino en la complementación de su oferta doméstica con producción regional, que es algo que no tiene nada que ver; la segunda opción implica competencia en el mercado ampliado, como corresponde a la unión aduanera, la primera no. Es más, su política agrícola de garantía de precios mínimos, se relanzó con Lula y hoy goza de muy buena salud, aun siendo incompatible con la libre circulación. Tan es así que, aprovechando la coincidencia neo proteccionista con Argentina, han pactado entre ellos acuerdos cuantitativos de intercambio en rubros como carne de cerdo o pollos, leche en polvo, electrodomésticos, ropa y otros bienes industriales. Y por si todo esto fuera poco, ambos países han propiciado junto al nuestro, con exclusión del comercio, una integración política basada en afinidades ideológicas que nos expulsa de ese Mercosur a la mitad de los uruguayos. Uruguay también tiene incumplimientos aunque menos graves: la resistencia a disciplinar sus regímenes especiales de importación, el encierro total en la granja, el uso de trabas sanitarias como restricciones no arancelarias, la utilización del IVA como arancel encubierto, su política vitivinícola, el uso de derechos específicos, que constituyen una violación para responder así a otras de la Argentina, etc.

NO ESTAMOS. En este mismo suplemento con frecuencia y acierto, el senador Sergio Abreu comenta los caminos de lo que llama nuestra diplomacia errática, preguntándose por los objetivos nacionales de inserción internacional, cuya opacidad debería preocupar más. En efecto, si los tiempos no son favorables a acuerdos en la Organización Mundial del Comercio; si fracasó por culpas propias nuestro TLC con Estados Unidos; si Brasil y Argentina colaboran al bloqueo de un entendimiento con la Unión Europea; si no tenemos salvo con México otros acuerdos de libre comercio interesantes; si no estamos de hecho en el Mercosur, la pregunta no es hacia dónde vamos, sino simplemente dónde estamos.

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