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Hay que apurar el paso

07/10/2011 Sin Comentarios

Gustavo Penadés

La Universidad de la República se encuentra abocada desde hace tiempo desarrollar alternativas educativas en todo el País. Se trata de instancias de formación que se pretende mantengan estrecha relación con el medio en el que se insertan, atendiendo especialmente a las peculiaridades de cada zona y región.

La iniciativa es por demás importante. Es cada día más patente la necesidad de que más uruguayos puedan acceder a la formación superior a nivel de tecnicaturas, grado y pos grado.

El mundo del presente es el mundo, como nunca antes lo había sido, en el que el conocimiento es la gran fuente de trabajo calificado y de prosperidad para las personas y para los estados. Ejemplos en el mundo tenemos mucho. Alcanza con ver lo que están haciendo los estados que adoptaron la decisión estratégica de invertir en conocimiento. Israel es un buen ejemplo de cómo  se puede modificar una estructura productiva basada en la exportación de productos primarios a una en la que tienen primordial importancia  la ciencia y la tecnología. En la región tanto  Brasil como Chile vienen haciendo importantes esfuerzos para ir acercándose progresivamente a  la meta de incrementar la participación de la producción con alto componente tecnológico.

En  nuestro Uruguay la situación es más complicada ya que  coexisten visiones contradictorias, quizás no en el discurso pero sí en la práctica.

Veamos que los estudios vienen demostrando – lo afirmaban varios decanos días atrás- que el nivel de los estudiantes que ingresa n  primer año de la universidad deja mucho que desear.  La situación conlleva a una pérdida de oportunidades por las dificultades que impiden que se curse con normalidad la carrera elegida, incrementándose los casos de rezago y deserción.    Las respuestas de las autoridades de la educación siempre son interesantes, pero no terminan de ponerse en práctica al menos con la urgencia que ameritan las circunstancias.

La Universidad de la República también es presa de esos demonios paralizantes, que determinan que los buenos propósitos sucumban ante los intereses político-universitario-partidarios  que impiden que el cambio se procese con rapidez.

Ilustrativos ejemplos son la hasta ahora frustrada elaboración de un proyecto de reforma de la Ley Orgánica, comenzada allá por 2006 y que no se vislumbra cuando podrá culminar. El otro asunto trascendente, que está parado, es el de la agencia de evaluación y acreditación en la que la UDELAR pretende ser juez y parte.

Bienvenidas las iniciativas que comentábamos,  pero también la exhortación a que se aceleren  procesos que son  imprescindibles si de verdad la UDELAR pretende cumplir la  misión que la sociedad le ha encomendado.

 

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