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El Partido Nacional a punto de ser ilegalizado

30/09/2011 Sin Comentarios

Lincoln Maiztegui, El Observador – 25.09.11

Volver a narrar, una y otra vez, la historia de la dictadura y del combate por salir de la misma es tarea necesaria. No sólo para ilustración de los más jóvenes, que no vivieron aquellos tiempos, sino para salir al cruce de mucho mentiroso que anda por ahí diciéndoles, precisamente a esos jóvenes, que el único partido político que estuvo en todo momento como protagonista de ese combate fue el Frente Amplio. Con esta falsedad, se le hace daño a uno de los aspectos más hermosos de aquella época, como lo fue la coincidencia de todos los partidos (con excepciones individuales, que las hubo también en todos) y todas las fuerzas sociales en un objetivo común: la recuperación de las libertades conculcadas.

El acto organizado por el Partido Nacional en el cine Cordón el 14 de noviembre de 1980 marca uno de los hitos más altos, no sólo de la gloriosa historia de esa fuerza política, sino de toda la gesta antidictatorial. La siguiente nota evocativa no logrará, sin duda, cerrar la boca de los mentirosos, pero al menos, llevará a algunos jóvenes a tener elementos como para hacer que se traguen sus patrañas.

El plebiscito

Finalizaba el año 1980 y la dictadura aspiraba a legalizar su condición haciendo aprobar un proyecto constitucional que entrañaba de hecho su continuidad indefinida. No este el momento y el lugar de analizar el mismo, pero baste sostener que proscribía definitivamente las fuerzas de izquierda, reglamentaba la vida interna de los partidos tradicionales, institucionalizaba el Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) como órgano de control militar sobre el gobierno y anulaba en la práctica la independencia del Poder Judicial.

Se previó el plebiscito para el 30 de noviembre de 1980; pero no se abrieron libertades como para que los partidarios de aprobar o desaprobar aquel texto pudieran expresar sus argumentos: la campaña por el “Sí” fue abrumadora, pero la del “No” chocó con continuos inconvenientes y fue víctima de constantes interdicciones. Pese a ello, los partidos -todos, los legales y los que mantenían alguna estructura en la ilegalidad- se movilizaron para instrumentar el voto negativo. Hubo una minoría de ciudadanos blancos y colorados que optaron por el “Sí”, pero no porque estuviesen de acuerdo con el proyecto ni con la dictadura; pensaban que su aprobación iniciaría una evolución política que terminaría por desplazar a los militares a sus funciones específicas y habilitaría una posterior reforma de la misma. Tal fue el caso, por poner un ejemplo de cada partido, de Jorge Pacheco Areco y del Dr. Alberto Gallinal Heber. Pero como se ha señalado, la inmensa mayoría de todos los partidos se pronunció por el “No”. Dentro de ese panorama, el Partido Nacional, a través de sus autoridades legales, organizó el acto del cine Cordón, que estaba destinado a pasar a la historia.

“Nuestros queridos proscriptos”

Era la noche del 14 de noviembre de 1980. El dueño del cine, José Enrique Sánchez Varela, lo cedió gratuitamente a los blancos. Un cartel presidía el frente de la sala: “Los blancos por el No”. El presentador era el periodista y poeta Julián Murguía, y sobre el escenario había retratos de Oribe, Leandro Gómez, Aparicio Saravia y Luis Alberto de Herrera.

La sala se llenó de bote a bote y mucha gente quedó en la calle, escuchando la oratoria por los altavoces (que se colocaron a último momento, violando una disposición que lo prohibía). La presencia policial era abundante y amenazadora. Murguía leyó una declaración conjunta de los dos partidos tradicionales, en la que se calificaba al proyecto de constitucionalización de la dictadura. Y luego, saludó “a nuestros queridos proscriptos, a los de acá y los de afuera”.

No bien lo hubo hecho, la gente comenzó a corear “¡Wilson, Wilson!”. “A esos queridos proscriptos -continuó Murguía- que nosotros elegimos para conducir los destinos del Partido y de la Patria por su honestidad, su capacidad y su patriotismo, y que son y seguirán siendo los líderes naturales del Partido Nacional, les guste o no les guste a los que mandan. Y por último, a los que ya no están…”.

No pudo terminar la frase: el cine entero, y la gente en la calle, comenzó a corear: “¡Se siente” ¡Se Siente! ¡El Toba está presente!”.

Cuando el coro hubo amainado algo, Murguía dijo: “¡Claro que se siente! Pero aquí estamos nosotros, y como dijo Atahualpa Yupanqui, «y en nosotros, nuestros muertos/ pa´que nadie quede atrás»”.

“Constitución en los cuarteles”

Juan Andrés Ramírez, que hacía sus primeras armas, denunció el proyecto como divorciado de la voluntad popular y cercenador de los derechos de la persona, tan caros a los blancos. Y terminó evocando a Dante: si ganase el “Sí”, «Vosotros que entráis, resignad toda esperanza».

El siguiente orador fue el Dr. Eduardo Pons Etcheverry, que comenzó diciendo: “Antes de ayer -no se sabe de dónde venía- aterrizó en este país un personaje cuyas primeras palabras, al llegar a nuestra tierra, fueron las siguientes: «Los que están por el “No” son comunistas, subversivos y no quieren al Uruguay». Yo nunca fui comunista, nunca fui subversivo, nunca fui socialista, nunca fui democristiano, nunca fui frentista. Fui simplemente blanco y nacionalista. ¡Y yo, que nunca fui eso, voto No!”.

Luego de la consabida algarabía, continuó diciendo : “Me causa gracia que el Sr. Presidente de la República (haya manifestado) que era la primera Constitución que no se hacía en los comités políticos. Sí, efectivamente. ¡Pero es la primera Constitución que se hace en los cuarteles! ¡Y para los cuarteles!”.

Luego analizó con mucho sentido del humor y causticidad el texto que se plebiscitaba: “se designará un presidente de la República que se sabrá quién es, pero no se va a saber quiénes serán los futuros comandantes en jefe, o sea, los futuros gobernantes. Es decir, nos vamos a pasar cinco años -que es el período- sin saber quiénes van a gobernar la República. Vamos a saber sólo el nombre del infeliz que será el presidente de la República, y nada más”.

Plebiscito o ultimátum

Héctor Lorenzo Ríos, un veterano dirigente de gran prestigio personal, definió el proyecto como “la eternización del régimen”, y expresó que “habiendo manejado siete años y medio sin licencia de conducir, ahora quieren que les demos la licencia”, expresión que resultó muy ovacionada.

Poco a poco, fue subiendo el tono: “El plebiscito está viciado de nulidad en la forma, porque es injusto que acá no pueda estar Wilson Ferreira Aldunate (gritos de “¡Wilson! ¡Wilson!”), está viciado de nulidad porque no permiten que aquí esté Carlos Julio Pereira… La encrucijada es dramática, la peor de la historia. O votamos por “Sí”, “por la seguridad, el progreso y la paz”, o por el “No”, y entonces viene el caos. Me pregunto: ¿es un plebiscito o es un ultimátum? Se ha montado un aparato que dice ser asegurativo de la seguridad y la paz. ¿Para quién? ¿Para quiénes? Yo quisiera tener seguridad y paz donde no tuviera que lamentar la muerte en el extranjero de mi querido coterráneo el Toba (…). ¡Donde no existiera el vino con fosdrín!”.

Las referencias directas de Lorenzo Ríos a los mártires recientes del Partido galvanizaban a la concurrencia, que no cesaba de golpear bombos, corear el nombre de Wilson y aplaudir. El orador continuó: “Voy a decirles que a mí me mandaron votar por “No”. Quien me manda votar por “No” es Artigas, del que hoy se teme que se recuerde ese inolvidable pensamiento de que “el despotismo militar deberá ser precisamente aniquilado mediante trabas constitucionales que aseguren la soberanía de los pueblos”. A mí me mandan votar “No” estos señores (señalando los retratos de Oribe, Leandro Gómez, Saravia y Herrera) y esta muchedumbre que le dice al gobierno que no está “gallinada”, que si quieren “gallinar” al país, ¡el Partido Nacional no es gallina!”.

”Todas las tortillas se dan vuelta”

En ese momento, mientras atronaban los gritos y aplausos, ingresó violentamente la policía a la sala. Héctor Lorenzo Ríos comenzó a gritar: “¡No tienen derecho a irrumpir en la asamblea de la ciudadanía libre!” Lorenzo Ríos terminó casi inmediatamente, pidiendo el voto por el “No” por imperativo “de mis abuelos y mis padres, que me dieron un país hermoso (…) y porque también me mandan votar por “No” mis hijos y mis nietos”. Retomó entonces la palabra Julián Murguía, que hizo un llamado a la tranquilidad y citó una frase de doña Petrona C. de Gandulfo, autora de un libro de cocina muy popular entonces: Todas las tortillas se dan vuelta.

La tensión entrañaba un serio peligro, y tal vez por eso el último orador, Fernando Oliú, trató de conferirle a sus palabras un tono más mesurado. Pese a ello, debió dejar trunco su discurso, porque el griterío que llegaba de la calle era cada vez mayor, y había gente que comenzaba a salir del cine a ver qué pasaba, mientras otros intentaban entrar para refugiarse. Se había producido una carga policial que desbandó a la multitud y dejó profusión de contusos y heridos. “Los policías descendían de autos y camiones -recordaba Carlos Julio Pereira, que estaba en la calle-, revólveres y metralletas en mano, en tanto los coraceros sableaban a los asistentes y llevaron sus caballos hasta el hall del cine. Allí la policía tendió un cerco para identificar y detener a los que aún quedaban dentro del local, operación que mantuvo hasta la madrugada”.

La muchachada continuó gritando consignas de “!Wilson vuelve!” y “¡Uruguay sí, dictadura no!” y enfrentando las cargas de caballos, que continuaban en el vestíbulo de la sala, hasta que llegaron carros lanza agua y brigadas de gases, lo que produjo una desbandada general. Los enfrentamientos continuaron durante varias horas, y más de cincuenta personas resultaron detenidas. Más tarde, la policía fue a buscar a los tres firmantes de la solicitud de autorización para realizar el acto: Horacio Terra Gallinal, José María Speranza y Conrado Connie Hugues.

Toda la noche corrieron rumores de que el gobierno había preparado un decreto declarando la ilegalización del Partido Nacional. El ministro del Interior, general Núñez, acusó a los organizadores del acto de preparar adrede los enfrentamientos: se refirió a Wilson Ferreira Aldunate como “un sedicioso prófugo”, y dijo: “Hay que pensar si estos grupos merecen tener la libertad de accionar que tienen los otros partidos políticos”.

Esta es la “verdad” de quienes, como el dirigente sindical Jorge Bermúdez en 2007, dijo que “el único partido que estuvo contra la dictadura fue el Frente Amplio”. Tomen nota los más jóvenes.

 

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