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Brasil no da puntada sin hilo

29/09/2011 Sin Comentarios

Editorial, El Observador – 29.09.11

La tendencia del presidente José Mujica a negociar antes que confrontar ha tenido, en este caso, el buen resultado de exceptuar a Uruguay del catastrófico gravamen del 30% impuesto por Brasil a todas las importaciones de automotores. Pero como nuestro vecino no da puntada sin hilo, el gobierno, como contrapartida, ha tenido que acceder a un aumento del ya alto arancel externo común del Mercosur, lo que amenaza reducir el beneficio de estar exentos del nuevo tributo proteccionista brasileño.

Haber logrado esta exoneración es de primordial importancia. De haberse mantenido el impuesto brasileño, podría haber sido mortal el golpe para la vigorosa industria automotriz. De hecho se habría cerrado el principal mercado de exportación, poniendo en riesgo la continuidad de empresas armadoras que emplean a muchos miles de trabajadores.

Pero aunque liberadas de ese peligro, esas mimas empresas enfrentan ahora otros como consecuencia del acuerdo logrado por la misión gubernamental uruguaya en Brasil y confirmado por la presidenta Dilma Rousseff a Mujica. Al mantenerse el actual impuesto del 7% al ingreso de automotores a Brasil, las ventas a ese mercado esencial pueden retomar su ritmo habitual. Pero la aceptación de la presión brasileña para aumentar el arancel externo común le multiplica a nuestro comercio exterior las dificultades para vender fuera del 25

Mercosur. Es un curso nefasto que contrasta con la independencia económica alcanzada por Chile con el expediente de aranceles mínimos para poder vender sus productos sin cortapisas en el mundo entero. Preocupa además a las empresas instaladas en Uruguay el acuerdo con Brasil para promover la asociación de firmas de ambos países. El fundamento de esta preocupación es que no se han aclarado mucho las condiciones para esa asociación. Y lo usual es que el pez grande se coma al chico. Por otra parte, el acuerdo de Brasilia se centró en la prioridad de las exportaciones de automotores pero no alcanzó a las de la industria textil, tema crítico que sigue pendiente.

Este sector, que emplea a unas 8.000 personas, es víctima desde hace tiempo de las turbulencias proteccionistas que nos imponen con frecuencia Brasil y Argentina, cuyos gobiernos procuran eliminarle competencia externa a sus propias industrias en cualquier área. Brasil busca frenar las voluminosas exportaciones baratas de China en muchos rubros, incluyendo el textil. Pero en la volteada restrictiva ha caído nuestra producción de frazadas y sábanas porque las autoridades norteñas rechazan o ponen en duda la veracidad de los certificados uruguayos de origen.

Nadie ignora que la minúscula economía uruguaya no puede entablarle combate frontal a las políticas proteccionistas de los dos grandes vecinos. Nuestra debilidad comparativa nos obliga a confiar en argumentos sólidos, defendidos por negociadores hábiles, para revertir medidas inconsultas y frecuentemente arbitrarias de las autoridades brasileñas y argentinas. Así se ha hecho con buen caudal de éxito en el caso de las exportaciones de automotores a Brasil. Pero nos hemos visto obligados a pagar el precio de concesiones que auguran futuras trabas y dificultades para el desarrollo económico del país, costo ahogante de una parcial dependencia en la que no se avizora liberación.

 

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