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Brasil-dependencia

29/09/2011 Sin Comentarios

Editorial, diario El País – 29.09.11

El reflejo proteccionista para enfrentar una coyuntura comercial y económica adversa se verificó en las principales potencias luego de la crisis de 1929, y tuvo consecuencias nefastas para el orden internacional.

Luego de la crisis de 2008, la siguiente en gravedad en la historia capitalista reciente, también se ha multiplicado esta tentación de cerrar las economías. El impuesto brasileño del 30% a la importación de vehículos que no tengan 65% de valor agregado regional, y la devaluación de más del 20% del real frente al dólar en pocos días, van en este sentido. El plan “Brasil Maior”, también: procura para los próximos tres años incentivar la competitividad industrial norteña, cuando sus exportaciones de productos primarios han ganado terreno a impulsos de la demanda china. Brasil se sitúa, cada vez más, en una inserción internacional como proveedor de bienes primarios, y eso contradice su vocación de gran potencia. En este esquema, la evolución de nuestro comercio señala que somos cada vez más Brasil-dependientes: nuestro vecino es hoy nuestro principal destino de exportaciones, y prácticamente el único país frente al cual la competitividad de nuestros productos es elevada. Lejos de replantearse esta fuerte dependencia, el subsecretario de Economía Luis Porto señaló en estos días que el gobierno cree que hay que profundizar la integración de desarrollo industrial con los países socios del Mercosur.

Frente a la decisión brasileña que privilegia intereses económicos nacionales de corto plazo, nuestra política exterior insiste así en el camino de la mayor integración regional, siguiendo la imagen presidencial de insertarse en “el estribo” norteño.

Sin embargo, un día sí y otro también, la política brasileña muestra la evidencia de que la lógica cisplatina del gobierno de izquierda no beneficia al país. En efecto, ¿cómo ofrecer al Uruguay-puerta de entrada el Mercosur para la radicación de inversiones, si no pasa un mes sin que tengamos un grave problema de trabas comerciales con Brasil o con Argentina? ¿Cómo apostar a una integración regional, si nuestros poderosos vecinos se afirman en políticas de interés nacional que descreen de esa integración (y hasta la reniegan, como ocurrió ya en enero de 1999 con la devaluación brasileña)?

Nuestra política económica, comercial, industrial y de inserción internacional, en este escenario, termina decidiéndose en Brasilia.

Es lógico que Brasil aspire a un papel de potencia mundial, legitimado por su peso demográfico, sus formidables recursos naturales y su pujante economía y comercio. Lo que no es lógico, ni responde al mandato de la Historia, es que Montevideo adopte una política exterior de “seguidismo” casi automático a lo que fije su poderoso vecino, queriendo integrarse a lógicas económicas, comerciales y políticas que en nada reflejan sus intereses como país independiente.

Nuestros intereses estratégicos de mediano y largo plazo pasan por mantener nuestra independencia. La estamos perdiendo en aras de una concepción ideológica alejada de nuestros intereses nacionales, pero muy extendida en el latinoamericanismo de la izquierda en el poder: la “Patria Grande” de la integración con nuestros vecinos. Precisamos retomar nuestra tradicional y sabia política exterior de equilibrio entre varios interlocutores. Precisamos una mayor y mejor relación con países poderosos y lejanos, tales como Estados Unidos, Canadá o México; profundizar lazos con países modelo como Finlandia; mirar a quienes avanzan en una estrategia que conjuga apertura y prosperidad, como Chile, Colombia, Perú o Panamá. Es muy utópico y muy ingenuo creer que la defensa de nuestros intereses nacionales pasa por aplicar un “seguidismo” de las políticas que defina Brasilia o por apostar a que nuestro escaso tamaño nos asegure, cierta buena disposición norteña.

Entendámoslo de una buena vez: nuestra prosperidad nacional depende de la independencia de nuestra política exterior. Y ella precisa recomponer el equilibrio regional perdido.

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