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Mujica y la corrupción comunicacional

23/09/2011 Sin Comentarios

Jorge Azar-Gómez

El Señor Presidente José Mujica hizo saber a los medios de difusión su molestia con ellos, a partir del tiempo que le dedicaban los canales y las radios a la “crónica roja”. Intimó, asimismo, a los medios a que disminuyan el tiempo y los centímetros de noticias policiales, so pena de recortarles las pautas publicitarias oficiales.

Al atacar a los medios de comunicación, amenazándolos con premiarlos o penarlos con el recorte o el aumento de la pauta, el Señor Presidente comete un acto de corrupción, intentando comprar opinión. Se trata de una apología a la “corrupción comunicacional”.

Mujica -quien, evidentemente sufre de bulimia verbal- ha sido siempre un hábil declarante y un experto en enviar mensajes cifrados. Modificaría luego su declaración, declarando que no dijo lo que había dicho, y que solo pretendía que -además de críticas-, la prensa enviara un mensaje a la juventud para que aprendieran que “por nabos, podían pasar quince años en la cárcel”. Argumento fácilmente rebatible, en virtud de que mucha gente, después de haber pasado doce años en prisión, ocupan hoy los principales cargos en el gobierno uruguayo.

Es mi opinión que el Señor Presidente debería, primero, definir dentro del Frente Amplio y dentro de su equipo de gobierno quién está con el gobierno y quién es oposición, pues si Mujica revisara la “crónica roja” observará que, además del reporte de los hechos, los innumerables titulares de aparente y real oposición han salido de las declaraciones y señalamientos respecto de su propio equipo y de sus propios partidarios.

No es necesario ir muy lejos en el calendario, a los efectos de recordar los títulos que ofrecieron las épicas e hípicas declaraciones de la ex ministra del Interior Tourne, cuestionando la política de seguridad del funcionario Bonomi y sus operativos de “saturación”.

El pedido que hace el presidente Mujica a los medios de difusión ciertamente no es el adecuado: es casi lo mismo que si la oposición exigiera a la prensa que editen las  folclóricas y rocambolescas declaraciones del primer mandatario -antes de difundirlas- a criterio de adecuarlas a un vocabulario acorde con la jerarquía presidencial, ya que las mismas, presentadas “en crudo” y sin editar, también son un mensaje inapropiado para la juventud.

En el período de gobierno anterior ya los uruguayos atravesamos una experiencia similar, cuando el ex presidente Tabaré Vázquez hiciera saber a través de los medios de comunicación que estaba muy molesto con los medios, especialmente con “El País”, “El Observador”, “Ultimas Noticias”, el semanario “Búsqueda” y las radios “El Espectador”, “Sarandi” y “Montecarlo”. En aquella ocasión, intimó a los mencionados a que expresen públicamente si eran oposición o si eran referentes del gobierno de turno.

José Mujica, antes de emprenderla contra los medios de comunicación, debería recordar que la democracia se diferencia del totalitarismo en que la primera se construye, entre otras cosas, con el derecho al disenso: en un sistema republicano, existe el derecho de pensar diferente y de expresar opiniones libremente.

Pero estos derechos se justifican, precisamente, en la medida en que se permita pensar y expresarse en contrario de la agenda del gobierno de turno, aún cuando haya sido democráticamente elegido y, por lo tanto, su política coincidieren con los intereses de una mayoría de población en un momento determinado del tiempo.

El dispositivo clave de este sistema se fundamenta en el libre debate y la información verídica, por la vía de una prensa libre, a los efectos de que sea el propio público quien pueda decidir sobre qué es lo que más le conviene: la democracia es autogobierno.

Si así no lo interpretare el Presidente, se estará aplicando -de facto- una suerte de “Ley Mordaza” sobre una prensa que -tal como lo deseamos- sea independiente.

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