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Grecia, otra derrota para Keynes

16/09/2011 Sin Comentarios

Hernán Bonilla

Cuando en octubre de 2009 el Partido Socialista de Grecia ganó las elecciones anticipadas sabía que la situación que le iba a tocar enfrentar iba a ser muy compleja, pero seguramente no al extremo que llegó. Grecia se encuentra esta semana al borde del abismo, y no es claro que pueda dar marcha atrás. Vale la pena repasar brevemente los principales hechos que han llevado a la cuna de la democracia a la situación en que se encuentra, que no ha sido más que la aplicación de malas políticas económica, como en el caso de otros países que hemos analizado en Letras, de típico estilo keynesiano.

Grecia comenzó a ser centro de atención hace algo menos de un año por tener un excesivo gasto público, un alto déficit fiscal y un elevado nivel de endeudamiento, pero el origen de sus problemas es anterior, y se debe a la aplicación de políticas keynesiansas. Keynes pensaba que cuando una economía estaba en recesión bastaba con que el Estado gastara lo que no estaban gastando los agentes privados para volver al pleno empleo. Desde su punto de vista, el gasto público es positivo porque se emplea a personas desocupadas, se realizan obras que de otra forma no existirían y se pone en movimiento una economía paralizada. A su vez la política fiscal debería tener un efecto multiplicador que vuelve a poner en movimiento a la economía.

Pero las cosas no funcionan así, no se puede practicar la ingeniería social con los seres humanos o, en realidad, se puede intentar, pero termina mal. El Estado termina desviando recursos de los fines que voluntariamente le habrían asignado las personas y de esa forma se demora aún más la recuperación. Los planes de estímulos sólo estimulan las carreras de algunos políticos, no la economía. Peor aún, el alto costo que suelen tener, y que tuvieron en Grecia, explica la situación en que se encontraba a fines de 2009, cuando el déficit era el 12,7% del producto y la deuda pública 113,4% del producto.

A partir de ese momento la situación no hizo más que empeorar. El círculo vicioso de aplicar ajustes fiscales que incluyen aumentos de impuestos en plena recesión que conducen a más recesión se volvió inevitable. El gobierno griego prometió a principios de 2010 que llevaría el déficit fiscal a 2% para 2013 y adopto medidas de “austeridad”, mientras logró emitir nueva deuda que tuvo gran aceptación en los mercados. Pero los planes que incluyeron aumentos de impuestos y baja del gasto resultaron enormemente impopulares y comenzó, además, la protesta social, mientras la Unión Europea (UE) exigía el cumplimiento de los tratados de Maastricht, de los que Grecia tenía un desvío exorbitante.

A lo largo de 2010 Grecia realizó numerosas emisiones de deuda, reformas fiscales, negociaciones con la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para obtener más financiamiento, pero mientras tanto, las agencias rebajaban a ritmo vertiginoso la calificación de la deuda. En mayo se logró un acuerdo para obtener un préstamos que en 3 años significaban 110.000 millones de euros, pero el plan de ajuste fiscal consecuente para cumplir las metas fijadas llevó a la huelga general con muertos y heridos. El ajuste incluía el aumento de la edad de retiro a los 65 años y una disminución de las pensiones que llegaba en algunos casos a más del 25%.

Los datos a mediados de 2010 no eran alentadores, la economía seguía en recesión, aumentaba el desempleo y el déficit de 2009 se supo que en realidad había sido de 15,4% del producto, aunque el déficit de 2010 se reducía. El año terminó con Grecia dependiendo de los aportes de la UE y del FMI para poder hacer frente al pago de su deuda.

2011 no presentó novedades, se siguió emitiendo nueva deuda, pero a tasas cada vez más alta porque la calificación caía en picada. El gobierno anunció un plan de privatizaciones como fuente de recursos, pero las cifras de la economía seguían siendo muy malas; pese a los esfuerzos el déficit de 2010 fue de 10,5% del PIB y la deuda pública representaba 142,8% del PIB. Hacia junio debieron implementarse nuevos planes de ajuste fiscal, comienzan las privatizaciones y los organismos internacionales continúan aportando recursos, el círculo vicioso continuaba su marcha.

Al momento de escribir estas líneas la situación sigue empeorando. Se conoció que en el segundo trimestre del año la contracción del producto fue de 7,3%, se despide a 20.000 trabajadores de empresas con capitales estatales y el gobierno anuncia que sólo podrá pagar sueldos y pensiones hasta octubre. Mientras tantos los mercados financieros mundiales y, en particular, la zona euro se sacuden de lunes negro en lunes negro ante la posibilidad cierta del default. ¿Qué pasará con Grecia? Lo sabremos en los próximos días, parece que es imposible seguir estirando la agonía por mucho más tiempo.

Más allá de que hoy lo urgente es cómo salir de una situación con costos humanos y económicos altísimos, lo importante para los restantes países y también en el futuro para la propia Grecia, es la lección. El gobierno griego ha hecho lo que ha podido con márgenes de maniobra muy estrechos desde fines de 2009, el problema es haber llegado a esa situación. El caso griego –como el español o el norteamericano, aunque menos graves, de momento– es una nueva demostración de a dónde nos conducen las políticas keynesianas. Vivimos una situación absolutamente lamentable y dolorosa por errores humanos, por aplicar políticas equivocadas, por leer los libros incorrectos. Una vez más queda demostrado lo importante que es el debate de las ideas, y lo positiva o negativa que puede ser la prédica de los economistas. Llegó la hora de decirle a Stiglitz y Krugman que se tomen vacaciones.

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