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El impuesto zigzag

16/09/2011 Sin Comentarios

Álvaro Delgado, Ultimas Noticias – 15.09.11

La forma no solo fue desprolija en la interna del gobierno, sino tampoco teniendo los objetivos claros de la propuesta, su eficacia y el impacto proyectado.

Todos los temas que se discuten como propuestas hay que analizarlos en función de los objetivos que persigue, la forma en que se propone y en el momento en que se realiza. Hace ya casi tres meses el presidente Mujica anunció que estaba elaborando un proyecto que cambia la tributación del agro, contra los anuncios previos de no cambiar las reglas de juego -recordemos que Vázquez firmó un documento en 2004 junto con el resto de los presidenciables en el que se comprometía a no modificar la tributación en el agro-, sin el conocimiento del ministro de Economía y del Ministro de Ganadería y Agricultura que generó sacudones en el gobierno y comentarios de renuncias, que consiste en establecer una nueva escala de aportes a los tenedores de tierra.

El objetivo aparente es mitigar la concentración de tierras, el mayor aporte de estos sectores y recaudar un fondo para mejorar la deteriorada infraestructura del interior del país de U$S 60 millones. Se descubre recién, luego de dos presupuestos y cinco rendiciones de cuenta, la necesidad de mejorar la caminería, habiéndose dejado pasar siete oportunidades para ejecutar el gasto. Asimismo, creemos que con respecto a la concentración de tierra, se genera el efecto inverso, ya que quien puede paga y concentra, teniendo en cuenta además, que las grandes multinacionales están protegidas por tratados específicos, por lo cual no pagarían, además de compensaciones especiales prometidas para otras. En este mismo sentido, los pul que arriendan cientos de miles de hectáreas quedarán por fuera también. La forma no solo fue desprolija en la interna del gobierno, sin la consulta previa con los ministros del ramo, sino tampoco teniendo claro los objetivos de la propuesta, su eficacia y el impacto proyectado.

Claro, la oportunidad no se puede aislar del episodio relativo a la ley interpretativa de la ley de Caducidad, que generó rispideces y facturas en la interna del gobierno y en particular con algunos sectores como el Partido Comunista, el PVP entre otros, aprovechando el presidente para hacerle un guiño a la izquierda más radical e instalando de nuevo el fácil discurso ideológico y efectista pero ajeno a la realidad de disociar y enfrentar el campo y la ciudad; hablando de vuelta de latifundios asociados a extensiones improductivas que poco aportan en todo sentido.

Es verdad que lo que produce el agro especialmente commodities, que no significa que no tengan valor agregado, han aumentado de precio a nivel internacional, aunque vienen disminuyendo en su volumen de exportación. Es verdad también que el precio de la tierra y su competencia por ella al influjo de inversiones extranjeras fundamentalmente aumentó en promedio a valores por encima de los U$S 2.600 la há cuando en 2001 con la crisis de la aftosa y financiera rondaba los U$S 300 pero eso ha generado una oportunidad en la eficiencia en la producción ya que la ganadería sin casi 2 millones menos de hás que pasaron a circuitos agrícolas, y en campos de menor calidad, mantuvo el stock bovino, disminuyendo la edad de faena y la tasa de extracción.

El agro aporta una proporción del PBI del 7% aproximadamente, muy similar a la industria y el comercio. Contribuye con unos U$S 63 millones de Contribución Inmobiliaria y los aportes al BPS se hacen en función de la tierra y no por la cantidad de trabajadores que en 2010 representó U$S 20 millones. Después de la reforma tributaria la actividad empresarial del agro está fundamentalmente gravada por el Irae, excepto los pequeños y medianos productores que pagan por ahora Imeba. El capital tierra y sus transacciones quedaron sujetos también al impuesto a la Renta. El agro no solo aporta por los impuestos que paga, sino multiplica el aporte por la actividad vinculada a insumos, servicios, agroindustria y empleo.

Resulta simplificante y hasta peligroso que el gobierno diga que el campo se llenó de plata y por ende “¡que paguen unos pesitos más!” y volver al léxico del sesenta, ya perimido del campo y la ciudad y los latifundistas oligarcas en desmedro de los indigentes. Esa dicotomía es falsa, tendenciosa, divisionista y perimida.

El tema debería haberse planteado con seriedad, con consultas y negociaciones pensando entre todos soluciones a los problemas que a todos nos afectan y alejando el componente ideológico que divide, complica y solo sirve para un clearing político del partido de gobierno del que todos los uruguayos somos rehenes.

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