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Tragedia

08/09/2011 Sin Comentarios
Francisco Faig, diario El País – 03.09.11
Los trabajadores uruguayos que reciben menos de 10.000 pesos por mes son más de la mitad del total. Superan los 800.000. La inmensa mayoría de ellos trabajan en el sector privado, viven por encima de la línea estadística de pobreza, y no terminaron el liceo. Prácticamente cuatro de cada cinco jóvenes menores de 25 años que trabajan, son diezmilpesistas.
Para ellos, lo más racional es procurarse un empleo público. En el Estado se gana relativamente más; se exige menos, lo que permite tener tiempo para otra ocupación que sume ingresos; se tiene la seguridad del empleo y del cumplimiento de las leyes sociales; y a casi nadie importa la productividad del trabajo. Por eso cada concurso para entrar al Estado recibe por lo general cien veces más propuestas que cargos a proveer, sobre todo de los más jóvenes.
Sin embargo, estos diezmilpesistas que aspiran al empleo público son también los que más sufren la ineficiencia de los servicios
estatales básicos.
Los barrios populares no tienen medios para contratar seguridad privada: se exponen más a los robos que se multiplican cuando falla la seguridad pública y se verifica, como hoy, una relativa mayor capacidad de consumo.
Los diezmilpesistas tampoco cuentan, por lo general, con el capital cultural que les permita resolver conflictos laborales, sociales o familiares relativamente graves. Son, por tanto, los que más terminan acudiendo a una Justicia que está desbordada y que no siempre se expide con rapidez.
Son ellos también, junto con los más pobres, los que más se enferman y más precisan de los servicios médicos púbicos. Son los que más sufren, por tanto, la mala atención y la mala administración de la salud.
Finalmente, y lo más grave, los diezmilpesistas son los que más se perjudican por el desastre de la educación pública. Sin recibir una enseñanza que asegure las aptitudes básicas para insertarse en el tejido económico, están condenados a trabajos poco calificados que siempre estarán mal remunerados porque son poco productivos.
Mientras el desempleo de los uruguayos bien calificados es casi nulo y sus expectativas de salarios siguen aumentando -como sus posibilidades de trabajar en el exterior-, los diezmilpesistas, mal formados, que penan por llegar a fin de mes, tienen enormes dificultades para ver crecer sus salarios reales.
Es con las administraciones del Frente Amplio que la mayoría de estos diezmilpesistas mejoraron su situación económica y social porque salieron de la pobreza. Pero es también ahora que estamos en el techo de crecimiento, porque la mayoría de nuestra mano de obra no está suficientemente calificada.
Estamos ante una tragedia cuyo desenlace fatal es cono-cido. Cuando llegue el tiem- po en que decaiga la bonanza internacional, los más acomodados apelarán a sus provisiones. Pero los diezmilpesistas estarán desamparados: la izquierda, con su desidia, no habrá logrado mejorar la salud, la seguridad y la educación públicas.
Con la llave del Estado, abrirá más las puertas clientelistas. Y dirá que eso es ser solidario y de primera.

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