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Semproni uno, Semproni dos, Semproni tres

08/09/2011 Sin Comentarios

Francisco Gallinal

Cuando fracasó el proyecto que pretendía anular la ley de caducidad, el gobierno con el Presidente a la cabeza entendió que de alguna manera tenía que desviar la atención de la opinión pública porque el papelón era mayúsculo. Y porque de alguna manera había que sacar del centro del escenario al Diputado Semproni que se quedó con todas las cámaras, no precisamente para dejar bien parada a su fuerza política.

Nació entonces la idea del impuesto al sector agropecuario. De esa manera mataban dos pájaros de un tiro; sacaban el tema caducidad del tapete, colocando en su lugar uno bien polémico, y alimentaban a los sectores más radicalizados con una propuesta hecha a su paladar. Hay que reconocer que lograron sus objetivos porque aquel tema ha quedado disimulado, se encuentra al menos en estado latente, y este otro es noticia de todos los días.

Tenemos la impresión que el final de la película va a ser que todo el Frente Amplio se va a poner de acuerdo en un nuevo impuesto, cuyo contenido hoy desconocemos porque es imprevisible adivinar por donde va a terminar saliendo el humo blanco. Pero mientras tanto ya han aparecido por lo menos dos Semproni. En efecto, el vicepresidente de la República por un lado, y el Senador Michelini por otro, seguramente por diferentes motivos, están cuestionando el proyecto. Uno agregando un impuesto más, el otro buscando cambiar el original.

Nos preguntan a los integrantes del Partido Nacional que posición vamos a tomar al respecto. Contestamos, primero tenemos que saber qué es lo que impulsa el gobierno, todo el gobierno y no solamente algunos de sus sectores. Primero tenemos que saber si una vez más va a haber un Semproni, si va a haber dos Semproni, o si no va a haber ningún Semproni y en consecuencia tienen todos los votos para aprobar sus proyectos.

Contestada que sea esa pregunta, viene de inmediato otra que es en realidad el fondo del asunto: ¿El país necesita más impuestos? ¿Vamos a aceptar pacíficamente que en media de la bonanza económica de la que el propio gobierno se jacta constantemente, se hable de la posibilidad de seguir estableciendo nuevos gravámenes? ¿Un gobierno que tiene mayorías propias, que nos ha ahogado en tributos empezando por el IRPF, merece que la oposición le vote más impuestos?

Si en algo podemos coincidir es en que la presión tributaria que tiene el Uruguay es alta, que no solamente la gente no se merece más impuestos sino que además se merece, eso sí, algún alivio, alguna aflojada que se corresponda con la bonanza, que se corresponda con el crecimiento de la economía de los últimos años.

Por allí debería haber venido la propuesta del gobierno. Por el lado de sustituir impuestos de manera de intentar acercarse a la justicia tributaria que es un valor, un objetivo loable, siempre compartido. Nosotros no tendríamos ningún problema en gravar a un sector rentable, mucho menos en ponerle un impuesto a las grandes extensiones. Pero la contrapartida tiene que ser inevitablemente la reducción de impuestos a los sectores más débiles, a los más vulnerables porque como dijimos, algún día a la gente le tienen que tocar las buenas.

Ahora tenemos que tener paciencia y bancar, por un buen tiempo más aún, las idas y venidas dentro del gobierno, escucharlos decir una cosa hoy y otra mañana, pelearse y amigarse, cambiar figuritas y esperar el final que, desde ya lo vemos venir, no va a ser bueno. No va a ser bueno porque se vienen más impuestos, y porque no van a eliminar otros.

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