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El legado de Aparicio Saravia

08/09/2011 Sin Comentarios

Federico Abdo

Saravia es mito, es héroe, es jefe, pero sobre todo es legado para todos los buenos orientales.

Aparicio es ejemplo en América, no hay caso igual, no hay revolución como la nuestra, aquí no se buscaba el poder, se buscaba que todos fueran iguales ante la ley, no existe revolución más limpia en  intenciones. La Revolución de Saravia anhelaba a la democracia como forma de acceso al poder, no perseguía el acceso al poder. Saravia no soñaba desbancar a nadie para sentarse él en el sillón, Saravia fue el más limpio jefe revolucionario de todos los tiempos.

Más allá de banderías y sectores, los uruguayos todos le debemos eterno agradecimiento al jefe de barba y poncho blanco. Saravia luchó por las libertades y la democracia, en la lucha dejó el alma.

La historia dice que Saravia y los suyos perdieron pues triunfó el Gobierno. La realidad indica que el nuestro es un país con varios defectos, pero con una virtud sobresaliente, aquí los orientales somos enamorados de la democracia, entonces mal que le pese alguno, triunfó Saravia y no hay revancha. La democracia ganó para siempre en Uruguay, pues tras derramar mucha sangre, sus defensores la tatuaron en el alma del pueblo.

Dicen que una vez decidido a librar la guerra contra el despotismo “bajó” a Montevideo, se reunió con quienes conformaban el Directorio del Partido Nacional, muchos de los cuales de la boca para afuera parecían ser poco más que decididos a inmolarse sin mayor honor que servir a la Patria.

Dicen que dijo que iría a la guerra  y obtuvo tímida respuesta, es sabido que delante de todos ofreció  sus bienes, puesto que prefería que sus hijos nacieran pobres pero con Patria, y, no ricos y sin ella.

Es más que sabido que no se quedó en las palabras, Saravia representa lo que ha sido el Partido Nacional desde siempre, Saravia fue una actitud desafiante ante la injusticia. Saravia no fue solo idea, fue acción desinteresada.

Cuentan que Saravia vio tiritar de frío a uno de sus soldados sin oficio de tal, uno de los tantos que dejando todo y sin nada fueron tras él en busca de las libertades, se sacó su poncho y al cubrirlo le dijo, que no vería tiritar de frío a quienes no tiemblan de miedo. En aquellos campamentos el frío y el hambre eran el escenario, no había lugar para los flojos, había lugar para todo aquel que soñara con la libertad, al decir de muchos, los más jóvenes salieron hechos hombres de aquella aventura.

Aquello fue una aventura, una historia de amor, la vida de Saravia y la de nuestro Partido Nacional en sí, tiene mucho de aventura y de amor. No debiéramos jamás olvidarlo.

 

Nada de lo que hoy nos enorgullecemos los blancos estuvo exento de sacrificio y desinterés, si queremos que nosotros y los blancos que vendrán, sigan sintiendo orgullo, es hora de retomar el camino del desinterés.

El legado de Saravia de forma sintética, sin pompas ni magnificencias, tal como fue su vida misma, lo podríamos abreviar en una frase que quizás a los intelectuales o analistas  que buscan tras los héroes las ideologías no les colme sus expectativas, pero a los que nos eriza retratar al General sabedores de todos sus sacrificios nos llena de orgullo.

EL LEGADO DE SARAVIA IBA INSCRIPTO EN LAS DIVISAS, EL LEGADO DE SARAVIA FUE GRITO DE GUERRA, FUE DESEOS DE PAZ,  SARAVIA ES Y SERÁ SIEMPRE SINÓNIMO DE:” TODO POR LA PATRIA”

 

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