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Que vuelva Polenta

02/09/2011 Sin Comentarios

Antonio Mercader, diario El Pais – 30.08.11

Cuando semanas atrás el juvenil futbolista Diego Polenta osó pedirle a José Mujica que rebajara en un 10% el impuesto a la renta, los contribuyentes uruguayos sonrieron para sus adentros y se sintieron identificados con ese pedido. No es común que un futbolista se atreva a reclamarle algo así al Presidente de la República salvo que se refiera al Uruguay, el país que la BBC de Londres calificó el año pasado de “infierno fiscal”.

¿Recuerdan aquel artículo que causó sensación? Allí se recogían opiniones como ésta: “Tenemos los impuestos indirectos más altos del mundo (como el IVA al 22%) y los impuestos municipales más altos del mundo, combinados con un impuesto a la renta que es comparable con el de los países desarrollados”, deploraba un entrevistado. Le faltó decir que cuando se implantó el impuesto a la renta, hace casi un lustro, se anunció una futura y sustancial reducción del IVA, cosa que no ocurrió hasta la fecha pese a las promesas en contrario de dos gobiernos sucesivos del Frente Amplio.

Pasando de lo nacional a lo municipal, Verónica Psetizki, de la BBC, ponía este ejemplo válido hasta hoy: una vivienda valorada en US$ 100.000 dólares paga anualmente US$ 200 en París, US$ 400 en Milán y US$ 551 en Madrid, mientras que en Montevideo la contribución inmobiliaria de esa misma vivienda se eleva a US$ 1.200. Y agregaba que, para peor, en la capital uruguaya las tasas son progresivas a diferencia de lo que ocurre en Europa.

La periodista también se ocupaba de los automóviles con una comparación que demostraba que la patente de rodado es más costosa en nuestro país que en los del primer mundo. Con 18 un agravante: que en Uruguay la mitad del precio de los coches corresponde a impuestos, un exceso que prácticamente no encuentra parangón en el orbe. Y por si fuera poco, Verónica Psetizki añadía que “la nafta tiene un impuesto de 44% lo que la hace una de las más caras de la región”.

Lástima que la articulista de la BBC no mencionó otros variados tributos que en este infierno fiscal tan temido hay que pagar puntualmente como la tasa de alumbrado a nivel municipal o el impuesto de Primaria en lo nacional, por citar dos casos. De todos modos su conclusión era que el gobierno uruguayo sometía a sus ciudadanos a una presión fiscal comparable a la de los países más desarrollados aunque -he ahí el detalle- sin prestarles los eficientes servicios públicos de esos países.

Ese es el punto. Aquí, el contribuyente paga mucho y recibe poco. Uno de los gurús de la reforma que introdujo el IRPF, proclamó pomposamente que ese nuevo tributo traería adicionados algunos efectos colaterales beneficiosos. Uno de ellos era que su mayor aporte al fisco haría que los ciudadanos se tornaran más exigentes a la hora de requerir una correcta prestación de los servicios públicos que, así acicateados, terminarían por mejorar.

No fue así. Nuevas cargas que acechan al contribuyente, se inventa un “impuesto ideológico” como el de la tierra, los servicios públicos dejan mucho que desear y Diego Polenta, que vive en Italia, ya no habla con el Presidente de la República.

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