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Ideología vs. campo

02/09/2011 Sin Comentarios

Editorial, diario El País – 28.08.11

El impuesto al agro es apenas un proyecto de ley, que ni siquiera ha comenzado a discutirse y menos se sabe si será aprobado, pero el Presidente Mujica ya está repartiendo millones de dólares entre las intendencias del Interior. No hay dudas: es la vieja y varias veces centenaria práctica de los espejitos y las bolitas de colores para conseguir adhesiones y sumisiones incondicionales. Ahora, a un gravamen caprichoso y cargado de ideología que revive el absurdo, pero siempre presente, enfrentamiento de la ciudad contra el campo, de Montevideo versus el Interior.

La idea del impuesto surgió tras el fracaso de la anulación de la Ley de Caducidad, donde comunistas, emepepistas y radicales quedaron molestos por la posición ambigua del Presidente. Y, como quien no quiere la cosa, les tiró un impuestito (contra el “enemigo” estanciero) para que quedaran contentos. Total, la historia dice que siempre Montevideo (bastión ahora del Frente Amplio) vivió a expensas del trabajo del interior del país. Allí se produce, se cosecha, se cría ganado, se tropea y se engorda para generar divisas al país, mientras que en la capital se engorda la burocracia. Cada vez hay que atender más funcionarios públicos, la multiplicación como panes bíblicos de los cargos de confianza, y eso cuesta dinero. Que lo pague el campo. Allí no hay muchos “compañeros”.

Porque si de obtener recursos se trata, parece más lógico -en vez de golpear permanentemente al que invierte, trabaja y produce- terminar con algunos de los privilegios inexplicables del aparato estatal. Cuando el Estado -cualquiera de sus dependencias- contrata a un funcionario, este adquiere la obligación de trabajar todos los días. ¿Dónde se vio que por cumplir con su obligación de trabajar todos los días cobre además una prima por presentismo, es decir, por trabajar todos los días? ¿Cuánto se paga por este concepto? ¿Y las horas extras, que de extra no tienen nada porque son inmutables pero se pagan doble? Solo en la Intendencia de Montevideo se registraron en el año 2010 la friolera de 933.305 horas extras, casi un millón. Y en el resto de las reparticiones y organismo del Estado, ¿cuántas fueron? Pero no. Si los recursos se buscan por este lado -que parece muy justo- el gobierno va a entrar en colisión con los sindicatos “compañeros” y eso no es bien visto por los comunistas, los emepepistas y sus socios ideológicos. Es más, por ahí lo curten a paros.

Y no vengan a hablar de la reforma del Estado que anunció Vázquez y reiteró Mujica, porque la respuesta será una carcajada. 6

Mientras tanto, a impulsos del trabajo y la producción del sector rural, tenemos que, por ejemplo, “en los últimos cinco años hubo un incremento fuerte de la demanda laboral en el interior del país, vinculada a la instalación o ampliación de las agroindustrias” dice un informe publicado por El País el pasado lunes 22 que recorre la situación de algunos departamentos, donde se destacan Soriano, Río Negro, Salto, Colonia y Durazno. Hay demanda de trabajadores en pedidos que van de un Parque Industrial en M`Bopicuá (Río Negro), a nuevos emprendimientos vitivinícolas, agrícolas (vinculados con la soja, maíz y trigo) y de la industria forestal, e incluso en hotelería por la creciente presencia de foráneos. El problema es que cuesta mucho encontrar mano de obra calificada (¡ay, la educación!) y, por ejemplo, las escuelas técnicas y agrarias de Fray Bentos no han logrado adaptarse a las necesidades del mercado de la zona.

Es claro: el desarrollo en el interior del país viene de la mano del éxito de la producción agropecuaria y las industrias que genera. Las esperanzas de descentralización, de departamentos fuertes, autónomos y sin dependencia financiera se logra apostando al éxito de estos emprendimientos. Y entonces el gobierno no tiene mejor idea que aplicar un impuesto sacado de la manga, que contradice todo lo anunciado y certificado, que pasa por arriba la opinión del vicepresidente de la República, del ministro de Economía y del titular de Ganadería, del cual poco se sabe y menos se ha escuchado en este tema, que golpea en la línea de flotación a todo este surgimiento.

Las intendencias del Interior seguirán dependiendo de la “generosidad” del poder instalado en Montevideo, los sindicatos “compañeros” podrán seguir disfrutando de sus privilegios y la ideología hará que paguen, cada vez más, quienes trabajan y producen.

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