Portada » ¡Apoyado!

Intriga

26/08/2011 Sin Comentarios

Francisco Faig, El País – 20.08.2011

Con el ejercicio del poder el Frente Amplio ha contradicho algunos de sus postulados ideológicos esenciales. Los ejemplos se pueden apilar. Baste mencionar tres de ellos, bien ilustrativos.

Del principio antiimperialista, se pasó a los acuerdos secretos y entreguistas que benefician a empresas multinacionales y las protegen de todo cambio impositivo; de la consigna de austeridad en el gasto público, se pasó a la multiplicación desembozada de clientelismo estatal; de la reivindicación del país productivo, se pasó al atraso cambiario más feroz de las últimas décadas.

Sin embargo, nadie incendia la pradera. Los reclamos con olor a naftalina y ortodoxia del Partido Comunista y otros marginales compañeros de ruta no han tenido el eco suficiente como para lograr vencer este sentido prosaico de gobierno.

Es que el único objetivo de la izquierda es el poder: diciendo una cosa y haciendo otra; desdiciéndose al rato de lo dicho antes; o no diciendo nada y haciendo a hurtadillas. Pero, siempre, mantenerse en el poder.

¿Cómo? Administrando la bonanza con criterios arraigadamente uruguayos.

Están los que esquivan las grandes decisiones porque no las entienden ni les preocupa, y muestra de ello son nuestros inefables atrasos en educación y en infraestructura.

Y están los que, en lo inmediato y personal, procuran hacerse de la prebenda estatal que proteja contra todo mal (y que el resto se arregle como pueda).

Un ejercicio del poder tan avaro y sin poesía precisa de una fuerte identidad colectiva que dé la certeza moral de que se tiene la razón. Es por ello que esa misma izquierda que silenciosamente arrió sus banderas y se enamoró perdidamente de las mieles del Estado clientelista, apela, periódicamente, a grandes frases huecas y a iniciativas-arrebatos.

Ellas disimulan, operando como una necesaria ley de compensaciones, su mezquindad esencial.

Entonces, se da una gran batalla contra la ley de caducidad, porque allí vibra el espíritu justiciero de los derechos humanos.

Entonces, se plantea gravar a las grandes estancias, porque así se templa la identidad sesentista que todavía canta “a desalambrar”. Entonces, cualquier desmadre social se explica con el neoliberalismo de los noventa, y así se tranquiliza la mala conciencia de la barra (pero no se revierten los malos resultados).

Por supuesto, eso no alcanza. Se precisa, también, que la intelectualidad nacional, simpatizante de izquierda, justifique y legitime toda la empresa.

Conviene entonces hacerla participar de la fiesta estatal: mejorar sus salarios universitarios, multiplicar contratos y asesorías, y que abunden un sinfín de pequeñas prebendas. El abrazo compañero suaviza la crítica y endulza la opinión: así se defiende mejor la gestión frenteamplista. Y será el inquebrantable consenso provinciano hegemónico quien se ocupará de desautorizar toda murmuración que refiera a una indigna subordinación intelectual.

La intriga es qué dirán cuando se termine la fiesta, y a todos ellos pase a agobiar la extendida indolencia frenteamplista en el poder.

Envíenos su comentario

Agregue su comentario, o trackback desde su sitio. También puede suscribirse a estos comentarios vía RSS.