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Durísimo golpe a todo el agro

19/08/2011 Sin Comentarios

Julio Preve Folle, diario El País – 15.08.11

No es un impuesto a la tierra el culpable del efecto demoledor que éste tendrá. Es la ignorancia económica que denota, la incertidumbre total que establece en los agentes económicos, y la irresponsabilidad en el manejo de la cosa pública que se evidencia en un momento como el actual, de inestabilidad mundial. Al momento de escribir estas líneas no se conoce el detalle de los nuevos proyectos que habrá tiempo de comentar: un impuesto a la concentración de la tierra, uno para castigar a los extranjeros y otro para regionalizar el país para aprovechar mejor su productividad, a juicio de un par de legisladores….

SE DETUVO. El propósito de hoy es situar todo este tipo de planteos en un proceso de crecimiento incesante del riesgo político que ha logrado lo increíble: el agro se ha detenido y empieza a retroceder. Algunos no lo quieren ver y otros lo atribuyen a la casualidad. Yo creo que es insoslayable considerar que estos agravios al agronegocio, que no son nuevos, están en la base de este retroceso cada vez más notorio. Por eso anticipo desde ya que afirmar que un impuesto a la tierra afecta solo a un 2% de los productores es un error mayúsculo e ingenuo. Pensar que solo va a afectar a los que eventualmente lo paguen, sin mirar las consecuencias en todo el negocio agropecuario, en el clima político que conforma el riesgo sistémico es algo verdaderamente muy superficial; y agregar a la incertidumbre mundial la propia, un acto de irresponsabilidad.

Repasemos el contexto económico en el que se amenaza al agronegocio. La pecuaria es una actividad que desde el año 2006, es decir por cinco años, no ha cesado de reducir su producción, no solo su faena. La inversión se viene cayendo si se miran el número de vientres, o el área de nuevos mejoramientos, o de verdeos, probablemente neutralizados solo en parte por un aumento de consumo de granos. Y lo que para mí es el dato más claro respecto de lo que está pasando: cada año envejece la oferta de novillos para faena. Es obvio por la duración del proceso que arranca en el 2006, que el mismo no está determinado sino solo subrayado por la sequía del 2008. Y solo parcialmente puede señalarse que la causa de esta caída está en el avance agrícola. En efecto, desde el año 1996 y por 10 años, el área agrícola cayó 800 mil hectáreas, seguramente las mejores, a expensas de otras actividades. Pero en el mismo período, la producción de carne creció batiendo todos los récords, algo solo explicable por aumentos en la productividad derivados de la inversión. Del 2006 al 2010 sigue cayendo el área ganadera, en este caso 700 mil hectáreas, seguramente ya no las mejores, pero la producción se cae. Es en este contexto que se golpea a la actividad.

AGRICULTURA. ¿Y qué pasa con la agricultura? Lo que ocurre es que ya por dos años seguidos -el 2010/2011 y el 2011/2012- caerá el área agrícola total de secano, algo que tampoco puede provenir de problemas climáticos.

Frente a estas caídas notorias en la pecuaria y en la agricultura, en períodos de buenos precios internacionales, la única actitud prudente que cabría es una desideologizada consideración mínima de sus causas, para no cometer errores. Yo creo que se trata de un deterioro progresivo del clima de negocios, de la confianza en el sistema de reglas, de esa sensación de enemistad que se respira en el campo entre empresarios y Gobierno. Es en este clima en el que cae el nuevo impuesto.

La pecuaria, por ejemplo, ha soportado varias intervenciones en el sistema de precios: desde el absurdo asado del Pepe hasta las múltiples amenazas de intervención a toda la cadena, pasando por la “obligación” de bajar precios al público; amenazas de detracciones, incertidumbre sobre la exportación en pie, reducción de devoluciones de impuestos, amenazas a los grandes, los extranjeros, las sociedades anónimas, etc. La agricultura por su parte ha soportado: eliminación de sociedades anónimas, tributación feroz -50 dólares por hectárea- a las que mantuvieron esa condición, moratoria de transgénicos, legislación de suelos con amenazas de controles solo a algunas empresas, eliminación de prefinanciación de exportaciones solo de la soja; resistencia total de la DGI a devolver créditos de IVA varias veces millonarios en dólares para empresas grandes que lo contratan todo. Y siempre y a toda hora la discusión de múltiples amenazas de leyes, decretos o controles. ¿Es que se puede suponer que entre amenazas y concreciones no haya efectos en el clima general? ¿Puede alguien creer que en este clima un impuesto a la tierra, que se opone a principios fundamentales de la inicua reforma tributaria, tenga efectos solo en los que lo van a pagar?

IGNORANCIA. Hay ignorancia también cuando se habla de concentración de la tierra sin un solo número que la pruebe, y más bien con muchos que sugieren lo contrario; a menos que se quiera castigar a una empresa por ser grande, por aprovechar economías de escala, aunque sus dueños sean cientos o miles, como ocurre en sociedades anónimas, fondos de inversión, fideicomisos, etc.

La ignorancia continúa, cuando se quiere razonar, como si no hubiera para los ganaderos o agricultores otras alternativas, y las hay. Voy a repetir una noticia que me dejó helado: hay una superficie equivalente a Tacuarembó en Paraguay en manos de ganaderos uruguayos. Los mismos que no invierten aquí encuentran allí razones para hacerlo. Y los agricultores que, como se sabe, los hay en empresas de porte regional, reducen su negocio aquí para agrandarlo en otros países que los reciben mejor, para desgracia de las múltiples zonas agrícolas no tradicionales del Uruguay, que habían recibido el dinamismo de la agricultura y ahora poco a poco lo van a perder. Es una tremenda injusticia a la vez que un modo de razonar, más bien de aplicar recetas, como si estuviéramos en los sesenta.

Alguno puede creer que si un predio de 10 mil hectáreas es gravado por ese impuesto no le va a pasar nada. Lo que le va a ocurrir, todo lo demás constante, es que va a caer su valor, lo que no lo hace más accesible a los chicos sino al revés; quedará para grandes que puedan esperar que pase esta tormenta de populismo.

Finalmente y por ahora, da pena la ausencia del MGAP para ilustrar acerca del knock out que le propinan al sector por lastimar más el clima necesario para los negocios y honrar una ideología vetusta. Una ausencia ya larga de los temas cruciales.

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