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Amarrillos y radicales

12/08/2011 Sin Comentarios

Gustavo Penadés

La movilización de la UNTMRA que implicó la paralización y ocupación de unas 130 empresas es una nueva muestra de totalitarismo sindical profundamente equivocado.

Si la huelga es una medida importante, la ocupación de los lugares de trabajo constituye una medida de violencia que no tiene sentido. Es una medida que no conduce a nada bueno. Exacerba las diferencias entre patrones y trabajadores, desgastando fuertemente  su relacionamiento.

En estos momentos coinciden dos fenómenos que no son tenidos en cuenta: los altos niveles de ocupación y de mejora del salario producto de la mayor actividad y de la demanda de mano de obra; junto a  las perspectivas inciertas sobre el futuro a la luz de la crisis por la que atraviesa el mundo desarrollado.  Ambas circunstancias no son tomadas en cuenta y se prefiere incursionar directamente en la ocupación de los lugares de trabajo.

Dicha falta de prudencia no es una excepción, siendo en algunas empresas una constante, cuando la producción es detenida por motivos que no revisten gravedad y que podrían perfectamente ser abordados en una mesa de negociación.

Esto sucede cuando el Pit-Cnt  atraviea momentos de incertidumbre ante los fuertes enfrentamientos entre las corrientes sindicales amigas y enemigas del gobierno.

Mientras en un caso se comportan como sindicatos amarillos, en el otro se están buscando radicalizar las posiciones, llegándose incluso a  insinuar por algunos grupos la necesidad de avanzar hacia un esquema de varias centrales sindicales.

Los amarillos le hacen los deberes al gobierno.  En el caso de los bancarios los amarillos contribuyen a que vayan perdiendo sus beneficios, muchos de los que consiguieron en el gobierno del Dr. Lacalle. Dirigentes y militantes  gremiales frentistas comentan, en voz baja, que les parece mentira que sea un gobierno del Frente el que les quite las prestaciones conseguidas en un gobierno que tanto habían combatido!

Ese entrevero de concepciones y objetivos termina tomando de rehén al trabajador, a quien lo que le importa es mejorar el salario y las condiciones de trabajo. Sin embargo, el PitCnt se transformó en un campo de batalla en el que lo más importante no es el trabajador sino los partidos políticos, ya que las corrientes terminan por responder a los frentes sindicales de los partidos frentistas.

Sea en el caso de los dirigentes que tienen por banderas la revolución y el antiimperialismo, como en el de quienes responden directamente al gobierno, el que queda a un lado es el trabajador

Así se vio claramente en el caso de la caja de auxilio, cuando  colectivos de trabajadores no fueron debidamente defendidos por la central de trabajadores. Se optó por no revelarse contra el gobierno y contra el Ministro de Salud aunque a riesgo de  reducir prestaciones y de violentar el derecho de los trabajadores a estructurar los sistemas de protección que mejor les convengan. Aunque, en ese caso, justo es decirlo, se produjo una perversa coincidencia ideológica, ya que ni el ministerio ni el PitCnt ven con buenos ojos iniciativas que estén por fuera del sistema estatal de salud.

¿Se llegará a un sindicalismo sano alguna vez?

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