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La agropecuaria se defiende

05/08/2011 Sin Comentarios

Julio Preve Folle, Economía y Mercado, diario El País – 01.08.2011

El agro se defiende de las amenazas que periódicamente recibe de parte del Gobierno, y lo hace del modo más idóneo que es a la vez el más triste, el más inconveniente para el futuro de todos: saca el pie del acelerador como parecen no advertir las autoridades. Todos los días aparecen nuevos indicios de incertidumbre en el sistema de reglas, ahora abonado también por la inusitada aparición del Presidente de la República para explicar la renuncia de un funcionario de segundo nivel. Cuando esto ocurre es porque el clima se va enrareciendo poco a poco, especialmente en el campo.

PECUARIA. Es notorio que la pecuaria, en el mejor momento de precios de la historia, está dando pasos hacia atrás en un fenómeno que no puede sostenerse que se deba solo al avance agrícola. Y cada vez con más probabilidad hay que vincularlo al clima de negocios atacado en forma persistente por el Gobierno, a veces de modo involuntario, como por ejemplo cuando se discuten temas tan increíbles como la resurrección del Frigorífico Nacional. En efecto y aunque éste no se concrete, su sola consideración por parte de grupos pesados dentro del Gobierno contribuye al clima de desorientación.

Ya a comienzos de la administración anterior se atacó de modo persistente el corazón del éxito de la política de carnes: la libertad de los agentes y la no intervención oficial en el sistema de precios. Cabe recordar aquí no solo al asado del Pepe, sino a las múltiples ocasiones en las que se obligó a las industrias a coludirse para bajar precios al público lo que, como era de esperar y se ha probado repetidas veces, lo pagó el precio del ganado al productor. Es así que después de la faena récord del año 2006, esta no para de caer hasta hoy, algo que no puede sostenerse razonablemente que derive en un todo de la sequía, o del avance de la agricultura, elementos que sin duda están también presentes. Si se mira por ejemplo el área pecuaria, esta cae desde 1996 hasta hoy a una tasa relativamente constante. Sin embargo, hasta el año 2006 la producción crece, y con ella la faena, lo que muestra que los cambios en la productividad compensan la reducción del área. De 2006 para aquí, sigue la caída del área pero la producción no cesa de caer.

Pero lo que más llama la atención, es el número de cabezas que se faenarán este año, que difícilmente alcancen los dos millones. En esta cifra no aparece todavía el efecto de los terneros que no nacieron cuando la sequía. Es más; las categorías faenables según su edad harían esperar una faena de 2,4 millones de cabezas. Y si esta no ocurre, la explicación más probable es que estas categorías envejecen en el campo, cambiando el modo de engorde desde un sistema intensivo al más viejo extensivo, con menos inversión y más a cubierto de riesgos. La caída del área empraderada que, de haber llegado a 1,4 millones de hectáreas hace rato no supera el millón, se podría explicar con un aumento equivalente en los verdeos derivado también de un cambio técnico, la siembra directa. Sin embargo no es así, las cifras no lo muestran: en el año 2000 había 400 mil hectáreas de verdeos y ahora solo 420 mil. Y otra elemento más; no solo no se entora hace mucho tiempo más de 4 millones de cabezas sino que ya en diciembre del año pasado esta cifra cae.

 

Es insoslayable, pues, referirse al clima de la pecuaria, y no solo por el tema de la intervención en el sistema de precios. Hay que referirse a las continuas amenazas de más impuestos a la tierra, de límites a la inversión por grande o por extranjera, de dudas sobre la exportación en pie, de proyectos de refundar el Frigonal para tener carne barata, de amenazas de detracciones. Frente a todo esto la respuesta lógica es desacelerar, y creo que se empieza a evidenciar. Y otra cosa más: los ganaderos uruguayos están encontrando espacio para invertir en Paraguay. Hoy lo hacen ellos mismos; mañana habrá vehículos financieros para llevar ahorro para la pecuaria de allí. No es, por tanto, que no se quiera invertir. Es más. Se maneja que hay un área equivalente al departamento de Tacuarembó en Paraguay, en manos de ganaderos uruguayos.

AGRICULTURA. Aquí también la respuesta a la incertidumbre va a ser muy pronto la caída en el área de soja, el cultivo más dinámico de los últimos años. ¿Por qué? Porque las empresas agrícolas grandes, que explican buena parte de la expansión, empiezan a aburrirse de la incertidumbre que no hay ni en Paraguay, ni en Brasil, ni -aunque usted no lo crea- en Bolivia. El Gobierno las amenaza todos los días o por grandes, o por extranjeras o por sojeras. Así por ejemplo, les quita la prefinanciación de exportaciones a la soja, pero no al maíz o al arroz. No les devuelve el IVA compras al que tienen derecho, que se acumula como producto de contratar múltiples servicios en régimen de absoluta formalidad. Se las amenaza con leyes de todo tipo y se las llega a “apretar” desde el Poder Ejecutivo al mejor estilo argentino en conflictos sindicales como ya ocurrió. Y por si fuera poco, se las amenaza con la policía de suelos que hará que dejen de cultivar la tierra en departamentos sin tradición agrícola, quitándoles así a estos una chance de mejorar en su ingreso. Aquel palo en la rueda que se prometía para este modelo agrícola empieza a introducirse no solo desde el cambio de reglas, sino desde el peor enemigo de los negocios, la incertidumbre proveniente del riesgo político que no admite cobertura alguna, como no sea la de invertir menos. Y esto es lo que el país, en particular el interior y en los departamentos menos desarrollados, no hay derecho que se pierdan.

No tengo mucha esperanza de que prime la sensatez en un Gobierno que tiene gente valiosa y capaz en su conducción económica, pero a la que veo débil frente al tsunami ideológico de los que son mayoría en los votos que explicaron la victoria electoral.

El Gobierno debería dejar de perseguir a los que dentro de las reglas quieren invertir y hacer dinero. No amenazar a los ganaderos porque ganan mucho porque su respuesta lógica será consolidar la caída de producción que se advierte. Y menos aun a las grandes empresas agrícolas que han revolucionado el interior y además pusieron en marcha un modelo de negocios integrador y promotor de nuevas generaciones de empresarios formales. El MGAP, con sus afanes policíacos que solo persiguen a las empresas grandes, no cumple un papel adecuado. En lugar de tranquilizar, molesta con registros y controles que solo lo son para las empresas sojeras y que no agregan nada.

La defensa lamentablemente es achicarse. Una pena.

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