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De la Asociación de Profesionales Universitarios Ministerio de Relaciones Exteriores

05/08/2011 Sin Comentarios

Ante las agraviantes y falaces expresiones contenidas en nota de fecha 21 de junio de 2011, aparentemente de autoría de un señor de nombre Roberto Cattenaro y que fuera difundida a través del Semanario Patria,  de la casilla del  Ministerio de  Relaciones Exteriores, y del la Asociación de Funcionarios Universitarios Profesionales del MRREE se entiende necesario hacer uso del derecho de réplica:

Surge por demás explícita de la nota de referencia, una encendida defensa de los funcionarios diplomáticos, de sus privilegios y del accionar gremial que nuclea a éstos. Aquel lector desprevenido probablemente sea inducido al error de considerar que el señor Cattenaro pertenece al gremio diplomático, cuando el pretendido “Embajador” no lo es.

Las cuestionables opiniones del pretenso Embajador, mezclan de forma artificiosa un tema relativo a los profesionales del Ministerio de Relaciones Exteriores con otros de naturaleza política partidaria que involucran la crítica a medidas de gobierno y al parlamento nacional que nada tienen que ver ni se relacionan con  nuestro gremio o sus asociados.   Sobre estos últimos no emitiremos opinión, como si corresponde hacerlo   respecto de las expresiones relativas a nuestra asociación y que se relaciona con la propuesta del Poder Ejecutivo presentada al parlamento en el año 2010 que nos concierne.

El planteo de Cattenaro  adolece de groseros errores que solo pueden ser formulados por un ignorante desprevenido o por quien no lo es y actúa de forma inescrupulosa  con malicia temeraria.    El pretendido Embajador Cattenaro, no es funcionario del MRREE, no lo conocemos y por lo tanto no estamos en condiciones de explicar si su agraviante artículo obedece a  ignorancia.    Por el contrario si conocemos a nuestros funcionarios diplomáticos nucleados en su respetable Asociación Gremial AFUSEU, a la cual jamás se le ha imputado el cobarde uso de  testaferros para la defensa de sus intereses.  Convencidos que esta no es la excepción, el silencio de AFUSEU sobre las opiniones de Cattenaro -que la involucra-, no puede interpretarse sino como el rechazo de los mismos y la ratificación de la rectitud moral en los métodos de debate  de los funcionarios diplomáticos.

Los argumentos de dicha persona, en defensa de los privilegios diplomáticos  son injustos e infundados.  En primer lugar, porque la iniciativa del Poder Ejecutivo, que critica Cattenaro,   refiere a un proyecto que en definitiva autoriza a la Administración  cometer en el exterior tareas técnico  profesionales -y no diplomáticas- a algún funcionario profesional cuando fuere necesario por razones de servicio.  El régimen propuesto, lejos de perjudicar derechos funcionales de los diplomáticos o de crear un beneficio para los funcionarios profesionales en detrimento del servicio, complementa un instrumento necesario, útil y vigente en nuestro ordenamiento jurídico desde hace más de treinta años y por el cual se faculta a la Administración a cometer tareas en el exterior a funcionarios Administrativos, Técnicos y Especialistas cuando así lo imponen necesidades de servicio. En efecto, la deliberada ignorancia del señor Cattenaro, hubiera sido subsanada con la simple lectura del  Estatuto vigente del Servicio Exterior (DL 14.206) en cuyo Art. 45 se faculta a la Administración  a cometer  hasta 20 funcionarios de los escalafones C, B y D funciones administrativas y técnicas en las misiones diplomáticas y oficinas consulares en el exterior.   Lo expuesto evidencia que no  existe impedimento normativo alguno para establecer para el escalafón A, análogo régimen al existente para los escalafones B, C, y D, constituyendo las improvisadas  dudas del señor Cattenaro sobre la constitucionalidad  de la propuesta o  su afirmación de contrariedad con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, en un verdadero disparate.

Tampoco existen, no podría existir, fundamento razonable de otra naturaleza para oponerse que el Estado pueda cometer a los funcionarios profesionales  del Escalafón A tareas técnicas de su cargo en análogo régimen al existente para el resto del funcionariado.

Desconoce además, el señor Cattenaro, que no es posible la subordinación entre escalafones, y tal como argumenta no es posible que el Escalafón A, lo pueda estar del Escalafón Diplomático, ya que la única subordinación que está establecida en las normas legales y reglamentarias es la que surge de la propia jerarquía funcional.

 

La tesis del señor Cattenaro que defiende el statu-quo y una  infundada discriminación del escalafón profesional, carece de toda lógica y evidencia la falaz argumentación de  “perforación de la carrera diplomática” y demás adornos que acompañan su ofensiva argumentación.

Nos preguntamos cuales son los derechos funcionales del servicio exterior que estima  vulnerados con la propuesta del Ejecutivo.    El autor evidentemente está confundido,  ya que no existe derecho funcional del funcionario diplomático -ni de ningún otro funcionario del Estado- a desempeñar tareas de un cargo de escalafón distinto al que reviste ya que cada uno desarrolla su carrera funcional en áreas o especialidades distintas.     Resulta tan cierto que un diplomático no se improvisa, como el hecho que un profesional universitario con diez o treinta años de ejercicio en el Ministerio de Relaciones Exteriores  tampoco y en ese sentido, no existe argumento jurídico y tampoco práctico, que justifique la tesis de esta persona que proclama la existencia de hombres todo sapientes y pertenecientes a una casta llamada “cuerpo diplomático” al punto de calificar de  “aberrante” que el Estado pueda necesitar en el exterior la asistencia técnica de  profesionales universitarios en temas que son ajenos a la especialidad “diplomática”.

En ese sentido es bueno recordar que  durante décadas y en la actualidad no son pocos los casos de Embajadores de carrera (y de otros cargos de menor jerarquía)  que apenas han culminado sus estudios de secundaria y que no han tenido otra formación ajena a su especialidad “diplomática”.  Cierto es que los nuevos diplomáticos todos tienen formación universitaria, fundamentalmente en Relaciones Internacionales,   sin embargo el  régimen estatutario les impone la dedicación exclusiva a la tarea diplomática prohibiendo el ejercicio de otras profesiones.

También corresponde recordar y resulta una “aberración” olvidar,  que no han sido pocos los profesionales universitarios  ajenos al escalafón y carrera  diplomática que con orgullo para la República han desempeñado funciones técnico profesionales en el exterior con especial trascendencia y enalteciendo el prestigio internacional de la República.   Tal fue el caso de los extintos  Asesores del MRREE  Dr. Gilberto Pratt de María, del  Dr. Quintín Alfonsín, Dr. Felipe Paolillo, del Consultor Dr. Eduardo Jiménez de Aréchaga, quien se desempeñó –este último- como Presidente de la Corte Internacional de Justicia, el Dr. Gros Espiell,  quien se desempeñó  como Presidente de la  Corte Interamericana de Derechos Humanos; y en la actualidad el caso de nuestro presidente de la Asociación de Funcionarios Profesionales Universitarios del MRREE,  Dr. Carlos Mata, recientemente designado integrante del Comité Jurídico Interamericano, uno de los órganos principales de la Organización de Estados Americanos, designado por la Asamblea General de la OEA.

Desconoce también el señor Cattenaro que la  actividad y presencia del Uruguay en el contexto internacional no solo requiere de tareas diplomáticas, baste señalar  que las negociaciones que se realizan en Ginebra en la Organización Internacional del Comercio la mayoría de ellas tienen un contenido netamente jurídico, al igual que los informes que se realizan en el Consejo de los Derechos Humanos de Naciones Unidas  que son de carácter jurídico y no diplomático.

Es bueno recordar al “Embajador” Cattenaro la especial trascendencia y creciente importancia que tiene para nuestro país las normas de  derecho internacional (publico y privado), de modo que el destino de nuestro país también depende de la idoneidad técnica de sus funcionarios, que exige el trabajo multidisciplinarios  en el tratamiento, debate  y negociación en el proceso de formación de las normas jurídicas internacionales que  son introducidas a posteriori en nuestro  ordenamiento jurídico interno.    En esa tarea,  pretender  prescindir de la asistencia de los profesionales universitarios bajo el argumento que se trata de una “propuesta aberrante” ya que un “diplomático no se improvisa” es un planteo tan arrogante como necio y que evidencia una finalidad oculta.

Mismo rechazo merece el argumento que pretende atacar la propuesta  alegando  preocupación por los contribuyentes uruguayos.   Tal preocupación del  señor Cattenaro  es incorrecta y es deshonesta.   No es correcta por cuanto la propuesta  del Poder Ejecutivo no implica ni va acompañada de un aumento de gasto presupuestal alguno.   Es además deshonesta por cuanto si realmente éste estuviera preocupado por los contribuyentes,  debería haber dirigido el objeto de su  ataque no precisamente a los profesionales sino a otro tipo de prerrogativas del personal del Servicio Exterior.

El artificio de Cattenaro consiste en dar muchas vueltas para defender un interés corporativo del personal diplomático y lejos de mirar por el contribuyente termina defendiendo privilegios  de los funcionarios diplomáticos que no  se anima a enumerar y menos aún cuantificar.  En efecto, el verdadero temor del  señor Cattenaro  es que no se distraiga ningún peso de los que pretende vayan al bolsillo del diplomático.

Asociación de Profesionales Universitarios Ministerio de Relaciones Exteriores

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